La Santa Sede salió a la ofensiva y, por primera vez desde que Jorge Bergoglio fue designado Papa por los cardenales, salió al paso de la polémica sobre la actitud de Jorge Bergoglio durante los años de la dictadura. El afable portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, barrió con un revés de la mano los indicios y sospechas que pesan sobre la Iglesia y el papa Francisco, a propósito de su actuación blanda durante la última dictadura argentina. Lombardi dijo en conferencia de prensa que esas acusaciones contra Bergoglio provienen de “una izquierda anticlerical” cuya meta consiste en “atacar a la Iglesia”. Defendiendo al Papa, Lombardi extendió su argumento al resto de la Iglesia como si ya no estuviese más que probada la implicación de la jerarquía católica argentina y vaticana en el ocultamiento de las violaciones a los derechos humanos y la colusión con los crímenes de la dictadura. El portavoz de la Santa Sede dijo en Roma que esas acusaciones derivadas de las investigaciones de Horacio Verbitsky eran llevadas “a cabo por una publicación que lanza, a veces, noticias calumniosas y difamatorias. El cariz anticlerical de esta campaña y de otras acusaciones en contra de Bergoglio es notorio y evidente”. Se trata, desde luego, de Página/12. El vocero del Vaticano aclaró que las sospechas que recaen sobre el hoy papa Francisco datan de la época en que era superior de la Compañía de Jesús en la Argentina, en 1976. En ese período fueron secuestrados dos misioneros jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Ambos trabajaban en la villa porteña del Bajo Flores y fueron torturados y liberados cinco meses más tarde. Horacio Verbitsky llevó a cabo varias investigaciones a partir de las cuales estableció un lazo entre Bergoglio y la desaparición de los dos curas jesuitas: Yorio, ya fallecido, y Jalics, que reside en Alemania desde 1978. Varios testimonios recogidos por Verbitsky dieron cuenta de que Yorio nunca perdonó el papel que habría jugado Bergoglio, sobre quien tenía sospechas de que los había delatado. Federico Lombardi dijo que “jamás hubo una acusación verosímil contra el Papa. La Justicia argentina lo interrogó pero como persona informada de hechos y jamás fue imputado por algo. El negó de forma documentada las acusaciones”. El vocero se refirió luego al texto que publicó ayer uno de los interesados, Francisco Jalics, quien rompió el silencio por medio de la pagina web de los jesuitas alemanes (http://www.jesuitas.org/aktue lles/details/article/erklarung-von-pater-franz-jalics-sj.HTML).
En una declaración personal aparecida en dicha página, Jalics escribe: “No puedo pronunciarme sobre el papel del padre Bergoglio en aquellos hechos”. Jalics cuenta luego que, tal como lo mencionó el vocero del Vaticano en su declaración, tuvo “la ocasión de hablar sobre ese tema con el padre Bergoglio. (...) Estoy reconciliado con los acontecimientos y considero que ha llegado la hora de dar el caso por terminado”, escribe el jesuita. La edición digital del semanario Der Spiegel difundió a su vez una declaración del portavoz jesuita, Thomas Busch, quien cuenta que, invitado por el Arzobispado de Buenos Aires, Jalics viajó a la Argentina hace varios años (2000) y que, luego de hablar con él, “está en paz con Bergoglio”. Federico Lombardi argumentó que el Papa “hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura”. También puntualizó que una vez que fue nombrado arzobispo de Buenos Aires “pidió perdón en nombre de la Iglesia por no haber hecho lo suficiente durante el período de la dictadura”. Sin embargo, el testimonio que aporta Francisco Jalics esclarece un poco más el doble juego de la Iglesia en aquellos años. Jalics anota que “la Junta Militar mató a unas 30.000 personas en uno o dos años, tanto guerrilleros de izquierda como civiles inocentes”. En esa mezcla cayeron también ellos dos: ni él ni Yorio tenían contactos “ni con la Junta ni con los guerrilleros”. Sin embargo, Jalics deja claro en su relato que “informaciones deliberadamente falsas”, surgidas incluso “dentro de la Iglesia”, indujeron a que se sospechara sobre las supuestas relaciones que Yorio y Jalics mantenían con los grupos armados. Eso les costó el secuestro. En realidad, el testimonio de Jalics no dice gran cosa sobre la actitud de Bergoglio. Ni lo disculpa, ni tampoco lo acusa: solo alega que se reconcilió con él y que no puede pronunciarse sobre el papel que desempeñó.
Página/12 no es el único que se interesó en lo que Jorge Bergoglio podía o no saber de lo ocurrido a partir de 1976. La Justicia francesa también puso sus ojos en él. En 2011, la magistrada francesa del Tribunal de Gran Instancia de París, Sylvia Caillard, remitió a Buenos Aires una comisión rogatoria internacional para que el entonces cardenal Bergoglio prestase declaración en calidad de “testigo” en torno del asesinato del padre francés Gabriel Longueville. La abogada francesa Sophie Thonon confirmó en París que las “autoridades argentinas nunca respondieron positivamente a la comisión rogatoria correspondiente a Bergoglio”. El sacerdote francés trabajaba en la Argentina para la Orden de las Misiones de Francia. En la noche del 18 de julio de 1976, los padres Gabriel Longueville y Carlos Dios Murias fueron secuestrados en la localidad de Chamical, provincia de La Rioja, por civiles armados que se identificaron como miembros de la Policía Federal. Al día siguiente, sus cuerpos, con evidentes signos de tortura, fueron encontrados a 5 kilómetros de Chamical, tirados al lado de la vía. Las condiciones del secuestro y el asesinato de Murias y Longueville llevaron a otro religioso a investigar y pagar con su vida esa intervención. Se trata del arzobispo de La Rioja, monseñor Angelelli, quien llevó a cabo una investigación para esclarecer el crimen. Su trabajo le fue fatal: el 4 de agosto de 1976, 17 días después del asesinato de Murias y Longueville, monseñor Enrique Angelelli murió en circunstancias dudosas. La primera versión oficial estableció que Angelelli falleció en un accidente automovilístico. Sin embargo, las pruebas aportadas más tarde confirmaron que se trató de un atentado. El día de su muerte, el obispo de La Rioja regresaba de Chamical, donde había celebrado una misa y pronunciado la homilía en la cual denunció el asesinato de los dos padres. En la camioneta que conducía Angelelli había un testigo, el padre Arturo Pinto, y un elemento central: un portafolio que contenía las pruebas recabadas por Angelelli sobre el asesinato de Murias y Longueville. Pinto contó que apenas dejaron Chamical, otro auto comenzó a seguirlos. El obispo se dio cuenta, aceleró, pero a la altura de Punta de los Llanos surgió otro coche que lo encerró hasta hacer volcar la camioneta. El cuerpo de Angelelli fue encontrado con la nuca destrozada a golpes.
En 2011, fecha en que se remitió la comisión rogatoria, la abogada Sophie Thonon juzgó que la audiencia de Bergoglio como “testigo” era necesaria para que el entonces arzobispo de Buenos Aires aportara información sobre la posible existencia de archivos ligados con este caso. Sophie Thonon dijo que “seguramente este Papa no es una gran figura de la defensa de los derechos humanos. Al contrario, está bajo sospecha de no haber denunciado los crímenes de la dictadura, de no haber pedido cuentas y, por consiguiente, de haber cubierto esos actos con su silencio”. La instrucción del caso del padre Longueville sigue siempre activa en Francia, pero podría quedar en la nada debido a las condenas que ya se pronunciaron en la Argentina contra los implicados en el asesinato del padre Longueville. En este contexto, Sophie Thonon consideró que “la Justicia argentina está haciendo un trabajo excepcional sobre los crímenes cometidos en la Argentina durante la dictadura”. Federico Lombardi evacuó el viernes la cuestión del papa Francisco sin hacer la más mínima mención a lo ya probado: la trama montada por la Iglesia para sustentar la dictadura argentina. Una mención, aunque fuese de disculpas o reconocimiento, o el anuncio de alguna futura audiencia con las Madres de la Plaza de Mayo o los defensores de los derechos humanos, hubiese sido sin dudas más noble y acertado: habría probado que el cambio en las esferas vaticanas empezaba al menos por ese camino. Pero la Iglesia es tan hermética a la hora de admitir sus pecados como lo es para administrar los fondos a través del Banco del Vaticano.
(nota de Eduardo Febbro tomada tal cual del sitio "Página 12", Bs.As., Argentina.)
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martes, 19 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
Bergoglio: "Me parece una vergüenza"
Mientras muchos hablaban de un Jorge Bergoglio que se mueve en colectivo y trata de alejar a los niños pobres de las drogas, la comunidad gay argentina salió repudiar su designación: dijeron que sienten "vergüenza" de que alguien que encabezó una cruzada contra la Ley de matrimonio entre personas del mismo sexo haya sido designado Papa de la Iglesia católica.
"Durante el debate por la Ley de matrimonio gay, en 2010, Bergoglio fue la cara visible de la oposición de la jerarquía de la Iglesia Católica. Operó, por un lado, desde la vida pública, con esa famosa marcha que se organizó frente al Congreso y enviando aquella carta a todas las iglesias del país. Allí Bergoglio dijo 'esta guerra no es vuestra sino de Dios' y planteó el matrimonio como 'un plan del demonio' para destruir a la familia y a la sociedad argentina", dijo a Clarin.com Esteban Paulón, presidente de la Federación FLGBT. "Por otro lado, trabajó desde lo invisible: pudimos constatar que operó a través de todos los obispos provinciales presionando a senadores y diputados para que no votaran la ley".
"Me parece una vergüenza", coincidió Diego Trerotola, activista de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). "Me parece consecuente con la postura de la Iglesia vaticana con respecto a temas vinculados a los derechos de la diversidad sexual. De todos modos me parece un Papa perdedor, un Papa que no tiene predicamentos sobre la política argentina: acá se aprobaron la ley de matrimonio igualitario y la de identidad de género y no pudo imponer sus ideas".
"No me sorprende que la jerarquía de la Iglesia esté nombrando a alguien que la representa fielmente pero sí que muchos referentes progresistas de nuestro país estén celebrando que un argentino que milita en contra de los derechos de la diversidad y de las mujeres haya sido elegido Papa", opinó María Rachid, secretaria de la Mesa nacional por la igualdad y miembro de la FLGBT. "Es un hombre que se opone al uso de anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados, a la educación sexual en los colegios, al uso de preservativo para prevenir infecciones de transmisión sexual, y por último, obviamente, al derecho al aborto. Que sea argentino no lo exime de esto y, la verdad, no me alegra que haya un argentino representando todas estas ideas".
Ninguno cree que la designación signifique un verdadero cambio: "Un cambio de Papa podría haber sido una oportunidad para modificar posiciones muy dogmáticas de la Iglesia Católica, que incluyen justificación y soporte teórico para que todavía haya ocho países que penan la homosexualidad con la muerte", dijo Paulón. "Tampoco creo que haya un cambio sustantivo. Creo que las políticas de la Iglesia siempre están en contra de las medidas populares y democráticas y trabajan más por imposición de la fe que por consenso", dijo Trerotola.
(nota tomada del sitio "clarín", Buenos Aires.)
"Durante el debate por la Ley de matrimonio gay, en 2010, Bergoglio fue la cara visible de la oposición de la jerarquía de la Iglesia Católica. Operó, por un lado, desde la vida pública, con esa famosa marcha que se organizó frente al Congreso y enviando aquella carta a todas las iglesias del país. Allí Bergoglio dijo 'esta guerra no es vuestra sino de Dios' y planteó el matrimonio como 'un plan del demonio' para destruir a la familia y a la sociedad argentina", dijo a Clarin.com Esteban Paulón, presidente de la Federación FLGBT. "Por otro lado, trabajó desde lo invisible: pudimos constatar que operó a través de todos los obispos provinciales presionando a senadores y diputados para que no votaran la ley".
"Me parece una vergüenza", coincidió Diego Trerotola, activista de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). "Me parece consecuente con la postura de la Iglesia vaticana con respecto a temas vinculados a los derechos de la diversidad sexual. De todos modos me parece un Papa perdedor, un Papa que no tiene predicamentos sobre la política argentina: acá se aprobaron la ley de matrimonio igualitario y la de identidad de género y no pudo imponer sus ideas".
"No me sorprende que la jerarquía de la Iglesia esté nombrando a alguien que la representa fielmente pero sí que muchos referentes progresistas de nuestro país estén celebrando que un argentino que milita en contra de los derechos de la diversidad y de las mujeres haya sido elegido Papa", opinó María Rachid, secretaria de la Mesa nacional por la igualdad y miembro de la FLGBT. "Es un hombre que se opone al uso de anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados, a la educación sexual en los colegios, al uso de preservativo para prevenir infecciones de transmisión sexual, y por último, obviamente, al derecho al aborto. Que sea argentino no lo exime de esto y, la verdad, no me alegra que haya un argentino representando todas estas ideas".
Ninguno cree que la designación signifique un verdadero cambio: "Un cambio de Papa podría haber sido una oportunidad para modificar posiciones muy dogmáticas de la Iglesia Católica, que incluyen justificación y soporte teórico para que todavía haya ocho países que penan la homosexualidad con la muerte", dijo Paulón. "Tampoco creo que haya un cambio sustantivo. Creo que las políticas de la Iglesia siempre están en contra de las medidas populares y democráticas y trabajan más por imposición de la fe que por consenso", dijo Trerotola.
(nota tomada del sitio "clarín", Buenos Aires.)
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