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domingo, 16 de septiembre de 2012

Adiós y hasta luego

Como si se estuviera anticipando a lo que vendría, su última foto de portada en Facebook lo retrata partiendo, con un bolsito, como en cada viaje, como en uno de tantos que ha hecho en su vida. Esta semana nuestro colectivo y todo el mundo del arte han sufrido una pérdida muy dolorosa. Marcus Vinícius de Souza Santos, más conocido como Marcus Vinícius, el artista performático brasileño de 27 años, se ha ido de este mundo, dejando un vacío enorme en cada unx de nosotrxs, haciéndonos comprender el inefable ser de la muerte. Desde ese día me duele el cuerpo, nos duele a muchxs. En su muro se han dejado mensajes que provienen de todas partes del mundo, en todos los idiomas, con miles de bellos recuerdos de su alegría, de su bondad, de su ser tan especial, de su pasión por el arte que transmitía en cada una de sus obras, poniendo el cuerpo, como él sabía. En lo personal, Marcus significa mucho para mí. Había sido un viejo amor que conocí en plena Marcha del Orgullo. Ese día marchó conmigo, besándome, abrazándome, rodeado de banderas de colores, con una birra en la mano, gritando y cantando por la aprobación de la Ley de Identidad de Género, convencido de que en Argentina era posible la igualdad de derechos. Cuando llegamos al Congreso, tuvimos que separarnos. Me acuerdo que se preocupó por saber cómo nos íbamos a volver a encontrar entre tanta gente, y recuerdo que le dije: “¡Andá! Si ya te encontré una vez, te voy a volver a encontrar”. Me miró, se sonrió y me besó al irse. Así fue, lo volví a encontrar y juntos lanzamos al aire un globo blanco, mientras pedimos un deseo y lo vimos partir hasta volverse invisible entre las nubes. El resto fueron días de mucho amor, de desayunos, cenas y meriendas; de besos y abrazos; de mates y ensaladas de frutas. Luego ese amor devino en una gran amistad, a la que le debo mucho de mi presente.
En una de nuestras últimas charlas me habló de su preocupación por los crímenes de odio contra la comunidad lgbt que se cometían en Brasil, me preguntaba hasta cuándo sucederían. Me contaba sobre una performance que había realizado en Córdoba y me decía: “Otra vez tuve alas, y que me costaron mucho, me dolieron, y seguirán doliendo hasta que la vida siga otro camino”. Sólo espero que ya no te duelan, mi querido Marcus. Sólo espero volver a encontrarte como aquel día, cuando el destino lo decida nuevamente.
Paz, luz y mucha fuerza para sus familiares y amigos.

 


(nota de Federico Napiarkorvski, Mi adiós a Markus, en "soy", Página/ 12, Clarín.)

lunes, 9 de abril de 2012

Enfermedades venéreas

Cuando le dije a mi amigo barebacker que la vacuna contra la hepatitis C no existía y que en la actualidad, además, en Estados Unidos eran más las muertes causadas por hepatitis C que por VIH, me contestó: “No, yo no sé un corno, imaginate que vos me curaste de sífilis”. Y enseguida cerró la ventana de chat. Mi amigo se refería a una situación de unos meses atrás. Me lo había encontrado en el chat y me había contado que tenía un sarpullido en todo el cuerpo, sobre todo en las manos y que no podía parar de rascarse. Había ido varias veces a la guardia, donde siempre le recetaban antialérgicos y la picazón no se le pasaba. “¿No tendrás una sífilis avanzada? le pregunté, me acordé de un amigo había tenido los mismos síntomas. ¿Le dijiste al médico que te atendió que cogías sin forro y que tenías VIH? Como tardaba en contestarme, decidí llamarlo. Me extrañaba que no hubieran contemplado esa posibilidad. Le sugerí que fuera a una guardia lo antes posible para hacerse ver de nuevo y que le dieran una inyección de penicilina. En los seropositivos, la sífilis evoluciona muy rápido. Mi sospecha se confirmó.

¿Por qué una persona puede tomar la decisión de coger sin forro? Tal vez porque sabe que tiene todos los virus posibles, en particular el VIH y el de las hepatitis B y C. Las venéreas pueden transmitirse por sexo oral e incluso por un beso de lengua. Casi nadie usa forro para una chupada de pija, yo tampoco. Mi infectólogo y mi médica de cabecera ya lo saben y me retan cuando les pido que en la rutina de análisis incluyan el VDRL. Y si me tengo que inyectar penicilina, me la banco. Sin embargo, cuando me entero de que alguno de mis amigos sexuales coge a pelo, trato de evitarlo, aunque entre nosotros cojamos con forro. ¿Cuál sería la diferencia, si ya tengo VIH y hepatitis, y si aunque usemos forro el riesgo de las venéreas sigue existiendo? A veces me tiento de tirar la toalla (en este caso, el forro) y pasarme de bando. Pero cuando lo pienso mejor, prefiero mantenerme al margen del bareback, no sé bien por qué; por un lado me parece un comportamiento autodestructivo y por otro me sentiría más expuesto a las venéreas, aunque sea sólo un poco más que si cogiera sin forro. Según Wikipedia, están las fiestas de barebackers seropositivos, las fiestas de seronegativos (¿se harán un test express en la puerta? ¿Y la hepatitis?) y la “ruleta rusa” entre seropositivos y seronegativos; los seronegativos que quieren infectarse se denominan bug chasers, y los seropositivos dispuestos a infectarlos, gift givers.
Volviendo a mi amigo, lo que hace falta es crear conciencia, porque hay casos de seropositivos que ignoran que además del VIH existe el riesgo de la hepatitis o piensan que con la vacuna están protegidos. Y después sí, que cada uno haga lo que se le cante; y los seronegativos que quieren seguir siéndolo, que se cuiden, muchos no saben que son seropositivos y muchos que lo saben, no avisan.


(nota de Pablo Pérez en "Soy", suplemento de Página/12, argentino.)