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viernes, 21 de febrero de 2020

Cormac McCarthy (1933 )


                                                                     foto alohacriticon



La visión pesimista es siempre la correcta. Cuando estamos leemos la historia de la humanidad estamos leyendo una saga de derramamiento de sangre, de codicia y de locura, cuyo alcance nadie puede ignorar. Aún así, imaginamos que el futuro será de alguna manera distinto.



("el susnset limited", ed. literatura mondadori, méx. 2012)

lunes, 2 de diciembre de 2019

Bruce Chatwin (1940/1989 )




Un explorador blanco de África, ansioso por abreviar su travesía, pagó a sus porteadores para que realizaran una serie de marchas forzadas. Pero ellos, casi al llegar a su punto de destino, descargaron los bultos y se negaron a moverse. Aunque les ofreció pagas adicionales no consiguió que modificaran su comportamiento. Dijeron que debían esperar que los alcanzaran sus almas.


("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

martes, 20 de agosto de 2019

Toni Morrison (1931/2019 )








LAS ESPALDAS

Él conocía las espaldas, las observaba determinantemente, porque en las espaldas se descubría todo. No en los ojos, no en las manos, ni tampoco en las bocas, sino en las espaldas, porque se limitaban a estar allí, completamente al descubierto, sin protección y sin posibilidad de manipulación, como la espalda de Marinero, tensa como el camastro de un galpón donde podían pasar la noche los vagabundos. Una espalda en la que se había depositado el dolor de cada llaga, de cada nervio pellizcado entre las vértebras de la nuca, de cada dolor de muelas, de cada tren de regreso a casa que no había alcanzado a coger, cada buzón vacío, cada estación de autobuses cerrada, cada cartel de no-molesten y este-asiento-está-reservado que habían existido desde que Dios creó las aguas.



("la isla de los caballeros", ediciones b, trad. mireia bofill, barcelona, 1988, col. biblioteca de autor)

martes, 26 de marzo de 2019

Rubem Fonseca (1925 )








La miel



La manera de demostrar la pureza de la miel consistía en colocarse un poco en la palma de la mano y frotársela con la otra, repetidas veces: si  la miel fura realmente pura desaparecería sin quedar pegajosa y si fuera falsificada quedaría pegada y produciría pequeños cristales viscosos de azúcar que se adherirían a la mano, y sólo podrían quitarse con agua y jabón.


("el gran arte", ed. cal y arena, méxico, 2011, trad. miriam lópes moura)

sábado, 19 de enero de 2019

Jean Genet (1910/1986 )


Me quise ladrón...


Me quise traidor, ladrón, atracador, delator, odioso, destructor, despreciable, cobarde. A base de hachazos y de gritos corté las ataduras que me retenían en el mundo de la moral habitual, a veces deshice metódicamente los nudos. Monstruosamente me alejé de ustedes, de su mundo, de sus ciudades, de sus instituciones [...] Después de ese trabajo (aún inacabado) que tantos sacrificios me costó, obstinándome siempre más en la sublimación de un mundo  que es el contrario del de ustedes, he aquí que sufro la vergüenza de verme abordar con esfuerzo, sanguinolento, a una orilla más poblada que la misma Muerte. Y las gentes que aquí encuentro han llegado  fácilmente, sin peligro, sin haber cortado nada. Están en la infamia como el pez en el agua y ya no puedo, para ganar la soledad, sino dar marcha atrás y engalanarme con las virtudes de sus libros.


("pompas fúnebres", corregidor, bs.as., 1975)

domingo, 30 de diciembre de 2018

Uriel Martínez (1950 )

La noria


Llevo una semana en cama, mi organismo sólo tolera el agua, en ese lapso dejé el cigarro, el café y mis cuadernos. Es tal la desolación que atraviesa mi vida que me da miedo verme la cara en el espejo. Cuando salgo de casa para ver al médico, desvío la mirada evitando verme reflejado en los aparadores y en los ojos de los niños. En el consultorio me espera una enfermera, me pincha el brazo y me extrae sangre.Luego me coloca una cinta adhesiva antes de irme. Vuelva el lunes.

Salgo del consultorio temprano y en ayunas. Tengo siete días sin salir de casa, como es lógico, el encierro me enferma, no basta con asomar al balcón y ver la rutina de siempre: coches y camiones pasan desde temprano, más tarde oigo las campanas de una de las innumerables iglesias de este pueblo. Salgo del consultorio luego que la enfermera me da cita para el lunes. Atravieso la calle y me interno en la Alameda. Es extraño, se acerca el fin de mes y los corredores, atletas y deportistas no aparecen, se dan una tregua antes de iniciar el siguiente mes; o todos salieron ya a su pueblo. Cuando me acerco a la panadería que está de aquel lado de la calle, imagino el olor del pan a primera hora. Mi organismo sólo tolera el agua y a veces el suero oral que previene contra la deshidratación. Donde termina la Alameda sólo veo a una señora entrenarse en short y cachucha roja. Cuando paso junto a  ella veo que se toca las uñas de los pies con las yemas de los dedos; observo que se alterna el juego de brazos entre una y otra extremidad. Una mujer de setenta años.


Hoy salí temprano después de un baño rápido: experimenté otra vez lo mismo: mientras me enjabono las piernas me ataca una oleada de frío y estornudos. Acelero el fin del aseo y busco procurarme calor con una y otra toallas, me apuro a colocarme la playera de algodón. Salgo al balcón. Son las 10 am. Hay un sol clemente. Me recorto las canas del bigote y regreso a vestirme. A estas horas la temperatura de adentro es más baja que a la intemperie. Salgo a la calle en cuanto puedo. Esperé bus casi por una hora. En la terminal mi camión sale en 90 minutos. Para no esperar haré un transbordo a medio viaje: los 90 minutos salvados los pierdo mientras espero el colectivo que llega a mi pueblo. Eso de ida. De regreso es igual, aunque nunca regreso de ningún lado; es un modo de darle vuelta a la noria.



[Inédito]

domingo, 11 de febrero de 2018

Uriel Martínez (1950 )

 La quincena



Entré en la tienda de conveniencia, me compré un café y tomé prestado un diario de los que siempre nadie lleva, luego me senté a hojearlo. Rato después llegó un viejo con bastón, una bolsa de trapo y se sentó frente a mí. La mesa es angosta igual que los asientos. El hombre de barba puso una receta médica junto a su bastón atravesado y cerca de mi sombrilla. De la bolsa de trapo, abrió el zipper y vació la morralla que había juntado con el pretexto de la receta. Mientras ordenaba las monedas por denominación: de diez, de cinco, de uno y de valor inferior, acomodé las secciones del diario cogido en préstamo. "Con permiso", le dije al compañero circunstancial. Estaba tan avocado a sus finanzas de fin de quincena y semana, que no vio que, junto con mi sombrilla, me llevaba la receta médica recién expedida. Salí a la calle, me puse un parche portátil que siempre cargo, un bigote de ixtle blanco, me despojé la placa de dientes y me fui a la fila de pasajeros que van al pueblo más cercano, con la receta enarbolada.

dogville, septiembre 2017

martes, 15 de agosto de 2017

Claudio Magris (1939 )

Marieluise Fleisser


El encuentro con Brecht fue para la escritora una fortuna intelectual y, probablemente, un infortunio existencial. En su relación sentimental con Brecht, de quien la Fleisser sintió la ardiente necesidad de distanciarse, la autora vivió y sufrió esa dominación masculina y esa sujeción femenina denunciadas por su arte, esa obligada mezcla de colaboración y subordinación, cultura y sexualidad, dedicación visceral y visceral rebelión que excluye la igualdad y acepta a priori, incluso protestando con rabia, la fatalidad de la violencia masculina sobre la mujer. Brecht, escribe la Fleisser, consumía a las personas y ella no escapó a ese papel de objeto de consumo.


("El Danubio", anagrama, tr. de joaquín jordá)

domingo, 30 de julio de 2017

Uriel Martínez (1950 )


La prisionera

1.

Cuando despertó vio cerrada la bóveda. Con paciencia, esperará a que un pie o mano la abra y empiece a correr el agua a su cama, primero será fría, tibia, templada. Así cada mañana verá si es ella o él quien inicia sus abluciones. La tapa de la coladera le impide salir corriendo a la cocina.
2.
Cuando la bóveda queda franca, sale. Brinca la pantaleta mojada, el calcetín abandonado, sube al lavabo, pasa por encima del dentífrico abierto, olfatea la tapa y la cresta de pasta blanca o azul. Baja del mueble y va a la cocina; ahí recoge los restos de comida abandonados en los platos, las sartenes, los cubiertos. Actividades todas que realiza con los antenas desplegadas; alertas por si aparece el animal que la hostiga.
3.
Cuando pasan días sin que se corra la bóveda, recorre túneles hasta hallar otra puerta de salida. Hay otra bóveda que siempre halla franca. En su camino encuentra sondas para lavativas, jeringas, agujas desechables, paquetes de algodón esterilizado y bolsas para agua caliente; un tapete, chanclas, botes de astringosol y paquetes de prodolina y ketorolaco, etc. La primera vez que salió, simultáneamente alguien entró al mismo lugar. Estuvo a punto de morir aplastada por una suela de goma y dos gatos que entraron detrás del amo.
4.
Este espacio lo considera el último recurso para hallar comida. Además del olor a medicinas a veces percibe un olor a Baygón o algo parecido a compuestos químicos del campo -fungicidas y herbicidas-; es un sitio que prefiere evitar. Durante su última incursión encontró larvas, moscas y gusanos al ir en busca de comida a la cocina. Ya no estaban los gatos pintos que, de sólo verlos, le provocaban un rechazo enorme. Se fue por donde entró sin mirar atrás.

                                                                                                                                                                                Dogville, julio 2017

[Inédito]

miércoles, 26 de julio de 2017

Claudio Magris (1939 )

La cabaña


Esas posadas son acogedores lugares de tertulia y copas, pero en los rincones un poco oscuros de la Stube  o en los dormitorios de techo inclinado el autor busca también algo diferente y antitético, la cabaña de la bruja en el bosque, descubierta en los libros de la infancia, con la cual ya nadie podrá encontrarse jamás. Es como si, al contrario de Tristam Shandy que temía no llegar a encontrarse nunca, él quisiera perderse y ofrecerse a sí mismo indicaciones desorientadoras.


("danubio", anagrama, 2009, trad. joaquín jordá)

domingo, 7 de mayo de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Ted, el sombrío



En aquel entonces nadie podía amar a Ted Hughes, a donde iba arrastraba tras de sí una pila de huesos femeninos: fémures, costillas, calcañares de alguien que había ofrendado la vida a cambio de una celebración póstuma, de un lugar alejado del daño que había experimentado con el padre primero, los médicos, las descargas eléctricas, los baños de agua helada y la soledad de todos los inviernos.

Yo lo conocí en un encuentro de poetas en Morelia. Muchos índices lo señalaban como el asesino, el homicida, la bestia negra. Hoy quizá cuatro décadas después, al releer sus poemas encuentro una voz sombría, una voz maldita, un ser quizá incomprendido, un ser acogido con dilación, un talento al que le negué el reconocimiento, la identificación con un hombre atormentado. Como ha habido tantos en la historia, la dramaturgia, en la calle de todos los días, en la misma lírica.

En su momento yo también me acogí a la celebración de su víctima más citada, más celebrada, más llevada y traída en pendones y estandartes; hasta que poco a poco fui olvidándola, como a cualquier ser querido que uno termina por sepultar.


[Inédito]

martes, 25 de abril de 2017

Enrique Symns (1946 )

Las pajas


Aquella obsesión, que cada vez elegía mejor sus presas, fue perfeccionando los tiempos y la vorágine de violencia sexual con que las sometía. Aquella era la primera vez que me atrevía a utilizar la violación como argumento temático del guión de mis masturbaciones, que siempre fueron narrativamente complejas. Hasta ese momento había elegido casi siempre secuencias donde mis novias y amantes hacían el amor con mis peores enemigos, con los hombres más detestables, y aquello que en la vida real me hubiera destruido, en mis pajas elevaba la calentura a grados insoportables. Mi ética personal, que condena duramente la violación sexual, había conseguido introducir sus códigos perversos en la selva de las fantasías.

Así que acicateado por el opio y el relajo evidente de mi voluntad, decidí abrir la boca del lobo de la caja de Pandora de los deseos. nadie me podrá convencer de que con aquellas pajas le hacía daño a alguien.


("marcelo leites")

viernes, 14 de abril de 2017

Fernando Pessoa (1888/1935 )

De tan angustiado...


De tan angustiado como estoy, me siento al borde de las lágrimas -no de las lágrimas que se lloran, sino de las que se reprimen, lágrimas de una enfermedad del alma y no de un dolor sensible.


("libro del desasosiego", acantilado, barcelona, 2002, trad. perfecto e. cuadrado)

martes, 8 de marzo de 2016

Sándor Márai (1900/1989 )

La felicidad


Lo que estaba viviendo era sin duda felicidad, pero a veces le extrañaba que fuera un estado incómodo, complejo y, al fin y al cabo, poco agradable. Lo que más lo incomodaba era la intensidad de tal sentimiento: resultaba exagerado, forzado, como si tuviera que andar en frac y sombrero de copa todo el santo día, incluso entre semana. Comenzó a comprender que la felicidad no podía considerarse una propiedad privada que uno adquiere un día, como una herencia, y luego ya sólo tiene que cuidarla y evitar que se la roben o que pierda valor. La felicidad había que descubrirla cada media hora, cada minuto, se manifestaba de forma inpredecible, y en términos generales era más agotadora e irritante que agradable y tranquilizadora.



("la extraña", ed. salamandra, barcelona, 2010, trad. mária szijj y j.m. gonzález trevejo.)

lunes, 22 de febrero de 2016

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

John O. Kinnaman


   En 1938 John O. Kinnaman visitó Sodoma. De regreso a Inglaterra publicó Excavaciones en busca de la verdad (Digging for Truth, 1940); en el libro explica que en aquel lugar ha encontrado una cantidad considerable de columnas y pirámides de sal, lo que hizo muy difícil, por no decir imposible, la tarea que se había fijado: descubrir cuál de aquellas protuberancias era la mujer de Lot. Escribe: "Hay demasiadas; ¿cuál será el féretro de aquella desgraciada, quién puede decirlo ahora?"
   A cambio, descubrió en los alrededores la casa donde vivía Abraham y en la casa una piedra que llevaba grabada en su superficie la firma  del patriarca: "Abraham".


("la sinagoga de los iconoclastas", 3a. ed. anagrama, barcelona, 2010, trad. joaquín jordá)

viernes, 4 de diciembre de 2015

Marguerite Duras (1914/1996 )

Cirrosis


He vivido sola con el alcohol durante veranos enteros, en Neauphle. La gente venía los fines de semana. Durante la semana estaba sola en la gran casa, y allí el alcohol adquirió todo su sentido. El alcohol hace resonar la soledad y termina por hacer que se lo prefiera antes que cualquier otra cosa. Beber no es obligatoriamente querer morir, no. Pero uno no puede beber sin pensar que se mata. Vivir con el alcohol es vivir con la muerte al alcance de la mano. Lo que impide que uno se mate cuando está loco de la embriaguez alcohólica, es la idea de que, una vez muerto, no beberá más. Empecé a beber en las fiestas, en las reuniones políticas, primero vino y luego whisky. Y luego, a los cuarenta y un años, encontré a alguien que le gustaba de verdad el alcohol y que bebía cada día, pero razonablemente. Lo superé en seguida.Esto duró diez años. Hasta la cirrosis y los vómitos de sangre.


("el hombre aproximativo.blogspot", trad. miguel parra)

domingo, 30 de agosto de 2015

Uriel Martínez (1950 )

Ella busca...

Ella busca la biografía novelada de Helen Keller, quien de joven perdió el oído, la vista y después la razón, me dice, como una piedra que se hunde lentamente en el océano sin alcanzar a asirse de corales, anémonas ni anclas olvidadas. Cuando tocó fondo, salió a flote. Me dice. No le interesa Cumbres borrascosas ni Orgullo y prejuicio, busca la vida de H. K.

Si corre con suerte -pienso yo luego que se ha ido-, se encontrará la biografía de un hombre nacido sin brazos para nadar y sin extremidades para correr ni calzarse zapatos. Es posible que en su búsqueda, encuentre un manual de maquillaje profesional y alto peinado con dedos inferiores entrenados en delineado de cejas y gotas de colirio. Pero sin manos ni codos ni muñecas en dónde encajar agujas o jeringas, llegado el momento.

La televisión ha desbrozado la maleza que copaba el futuro de hombres y mujeres incompletos, con ligeros defectos y que fueron motivo de orfandades tempranas. Con todo y eso fueron seres que encontraron la forma de derrotar puertas, ventanas y llaves perdidas. Supieron o aprendieron a tallar yesca para encender fuegos. Es decir, abrieron brechas. La tele los proyectó, las revistas de circulación continental narraron sus odiseas.

domingo, 15 de febrero de 2015

Uriel Martínez (1950 )


LA OFRENDA


I. Me pareció tan extraño: este mediodía estuve en la ceremonia luctuosa para despedir a un conocido que falleció la víspera de un infarto cardíaco. Yo había ido no por mi propensión a esta clase de rituales, sino por expresarle mi pésame a su mujer. Pero no llegaba, incluso anunciaron que el currículum del profesor y las palabras de despedida se posponían un momento, mientras un quinteto interpretaba piezas en el tono que todos esperan del hecho. Los minutos corrían y una sensación opresiva abultaba el plexo solar. Vi de pronto al chico que atiende en el café al que iba el fallecido a mediodía y al que acostumbro asistir con cierta frecuencia. Colocó sobre una mesita instalada ex profeso una taza con un express doble y una tajada de pastel. Por lo menos en Dogville, aún pervive la creencia de que el alma del que nos dejó llegue a la ceremonia y deguste la ofrenda.

II.
Ya me iba a la entrada del patio donde homenajeaban al también fotógrafo, con el propósito de fumar tabaco, pero me paralizó ver que llegaba una chica que, no sé por qué, identifiqué con una modelo que posó para el finado reciente. Aunque en la serie expuesta en un recinto universitario la chica ocultaba el rostro, me llamó en aquel entonces la belleza del pelo color miel, o lo imaginé puesto que era una serie en blanco y negro, que resaltaba las atmósferas de intimidad que el señor le había impreso a la colección, creo, llamada "Mis noches con Thérèse". La modelo de entonces, que ahora aparecía en un ceremonial rígido y de crespones, apareció desnuda. Exacto, era la misma que posó para la muestra exhibida pocos días -un fin de semana-, en el vestíbulo del teatro universitario. La reconocí por el tatuaje que portaba debajo del seno izquierdo -más chico que el pecho gemelo-, una especie de signo heráldico escandinavo. Cuando pasó a mi lado me cubrió brevemente un aroma a mariguana que esparcía la cauda de la cabellera suelta.

III.
Desnuda como llegó, se acercó al féretro del recién fallecido y, como si ella respondiera al guión de un ballet mudo, abrazó el cajón metálico como para expresar el dolor de una pérdida. El quinteto de cuerdas siguió con la ejecución de su repertorio, ajeno a la aparición de la mujer. El puñado de asistentes se mantuvo en las sillas de tijera colocadas temprano, hileras que mostraban blancos para aquellos impuntuales que nunca faltan. Cuando la mujer hubo terminado la coreografía alguien se acercó y la cubrió con un manto negro para luego acompañarla escaleras arriba, sección de oficinas y estudios de grabación de la universidad.

IV:
Salí del lugar a fumarme un cigarro. Era ya la una del mediodía. Mi amiga, a quien pretendía darle el pésame y unas palabras de aliento, no apareció.

jueves, 15 de enero de 2015

Daniel Ferreira (1981 )

Pubis como melocotón


Por un momento recuerda a todas las mujeres de ojos claros que ha conocido. Son las que más le atraen. Mujeres de ojos de miel, cielo, uva, aguamarina y esmeralda. Le gustan, preferiblemente, las mujeres de cabelleras doradas, y sobre todo, menores de dieciséis -que es la edad de oro, el punto de maduración exacto en que las carnes duras empiezan a ablandar y los senos a bascular-. Si por una mentira piadosa resultan falsas rubias, de pubis desteñidos con tintes y agua oxigenada, sabe excusarlo a cambio de ver su inmediata depilación con cera caliente. Desde que cumplió cincuenta solo consigue a alcanzar una erección con menores de dieciséis y de pubis depilado como un melocotón. Solo al ver los ojos de aquellas mujeres tersas entre el pastizal de sus piernas, mujeres de ojos claros como babillas hundidas en aguas cenagosas conoce el placer verdadero, y la erección regresa.

("Viaje al interior de una gota de sangre", ed. Universidad Veracruzana, México, 2014)

miércoles, 14 de enero de 2015

Benjamín Alire Sáenz (1954 )

Lluvia


Pensé en todos los alumnos que venían a verme. Había tantos que eran como las plantas que sobrevivían aquí, sin agua. ¿Cómo le hacían? ¿Cómo sobrevivían?  Llegaban a verme con una sed en sus miradas; una sed, una sed tal, que sabría que nunca podría darles la lluvia que se merecían, la lluvia que tan desesperadamente necesitaban.

("Kentucky Club", Random House Mondadori, México, 2014, tr. Juan Elías Tovar Cross.)