La voz surrealista
Rebasar las barreras que levantan la falsa modestia, el lenguaje, la sintaxis, el yugo de una sociedad mediocre y estúpida. A través de y más allá del orden racional, por encima e independientemente del tiempo, con una duración interminable, pasaba una voz secreta. He ahí cuál era la misión del poeta: aunque fuera por un instante, hacer perceptible esa presencia. En los siglos pasados, los espíritus más agudos, desde Heráclito hasta Sade e incluso Rimbaud, sin saberlo, ya lo habían logrado. En momentos de total abandono de toda preocupación estética y de absoluta obediencia a los Misterios, percibieron la voz surrealista. Y esa voz siempre existirá y resonará para todos.
(fuente: Crónica de una década, ediciones Sin Nombre-CONACULTA, México, 2008, col. El arte de Babel, prólogo de Miguel Castillo Didier, traductor y notas de Francisco Torres Córdova.)
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lunes, 14 de julio de 2014
miércoles, 12 de junio de 2013
San Javier de los Mataderos
Este poemario, presentado en la Casa del Poeta, recoge los últimos versos de Sicilia, quien dijo retirarse de la poesía tras el asesinato el 28 de marzo de 2011 de su hijo Juan Francisco y de seis jóvenes más por parte del crimen organizado en Temixco, en el estado de Morelos.
"Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra", dice el verso dedicado a su hijo en marzo de 2011, cuando fue asesinado con siete personas más en el contexto de la lucha del narcotráfico que azota al país, que con la ofensiva militar lanzada por gobierno contra el crimen organizado, dejó más de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.
Sicilia explicó que el asunto de su retirada de la poesía es complejo. "Un poeta vive de sus palabras y del lenguaje de su época. Cuando se degrada esa lengua, no se puede usar. No alcanza", sostuvo.
"Siempre se olvida que el silencio es parte de la palabra. Y hay veces que en un mundo así el silencio dice más que las palabras", añadió este escritor de más de una veintena de libros.
Este analista político y crítico del sistema, según lo calificó en la rueda de prensa Sergio Mondragón, dijo que las poesías de su nueva obra son los vestigios de una trayectoria poética de 30 años: "Lo que queda del silencio, de la muerte...".
El escritor contó que los poemas ya estaban escritos cuando se enteró de la muerte de su hijo, tras la cual escribió uno último dedicado a este y luego "ya no tenía ganas de escribir" ni de publicar
Con el fallecimiento de Juan Francisco, Javier Sicilia, admitió que cambió su visión de las cosas y que sus convicciones y los parámetros con los que había caminado hasta entonces se desmoronaron y tuvo que rehacerlos, como el hecho de "redescubrir una fe que se tambalea".
Católico y formado en las Comunidades Eclesiales de Base después de sopesar convertirse en sacerdote, Sicilia aclaró sin embargo que no llegó a dudar de su fe, ya que precisamente "cuando suceden estas cosas" esta "se vuelve un sostén".
Con estudios de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, el escritor dijo creer que su despedida de la poesía sí es definitiva, pero admitió que aún está presente en él: "Uno puede dejar de escribir poemas, pero no puede dejar de mirar, de sentir, de oír como un poeta (...). Y siempre aparecerá".
Previamente, durante la rueda de prensa, Sergio Mondragón apuntó en la misma dirección al asegurar que Sicilia "rezuma poesía en todo lo que hace" y que "no puede dejar de hablar en poesía", emocionándose luego al elogiarle y recordar el suceso de su hijo.
Eduardo Vázquez, quien dijo haber conocido a Sicilia en un taller de poesía, le señaló como su maestro. "Comprendimos que la palabra no era una nueva mercancía, una moneda de cambio", dijo, y lo describió como un poeta religioso y místico, pero también uno público que escribía "con el cuerpo" y que compartió su dolor y les incitó a la acción.
"Reconozcamos que hemos fracasado como país", comentó Vázquez sobre la situación de crimen y otros problemas en México. "Dejemos de delegar la responsabilidad", añadió.
Sicilia señaló por su parte que esos problemas son la corrupción y que "no hay Estado" ni justicia. "Vamos, que el país se está convirtiendo en una fosa común, un gran rastro matadero".
"Entre los criminales y el Estado nos tienen en la indefensión y en la injusticia", sostuvo.
El poeta mexicano dijo que el único cambio que ha visto entre los diferentes gobiernos es "en los discursos": "Estos cabrones pueden usar el discurso para legitimarse pero no encarnarlo en la realidad (...). No ha cambiado más que en una retórica vacía, por desgracia. Son la misma basura", denunció.
Entonces anunció que no volvería a escribir poesía. "Vestigios" es un recuento de poemas de diferentes momentos de la vida del autor con el que "se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y la guerra", señala en su contraportada el libro.
Sicilia, de 57 años, encabezó desde la muerte de su hijo varias caravanas a lo largo del territorio mexicano y en Estados Unidos, a las que se unieron cientos de familiares y amigos de víctimas de la feroz lucha del narcotráfico que vive el país.
Ningún punto final ha pesado tanto, dijo de su lado el poeta Eduardo Vázquez, durante la presentación al hablar de la acción civil de Sicilia.
El activismo de Sicilia es "una poesía pública que no se había escrito en este país", indicó.
Sicilia "pone punto final a su obra (...) no por un dolor que le ahoga la garganta también por una convicción que nos está cuestionando a todos" y diciendo que "reconozcamos que no estamos haciendo las cosas bien", dijo Vázquez.
"Que más desprecio a la palabra que un país donde la ley no vale nada, donde la justicia no vale nada", añadió Vázquez al reconocer frustración porque "no logramos parar está violencia".
Rodeado de algunos amigos, de su editor y de un pequeño grupo de personas que asistieron a la presentación del libro, Sicilia sólo leyó algunos de sus poemas publicados.
"Una forma de mi poesía, en estos momentos es el silencio. Les pido que lo escuchen", dijo más temprano declaraciones a la prensa mexicana.
(nota en el sitio "revista ñ", a su vez refundición de agencias Afp y Efe.)
"Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra", dice el verso dedicado a su hijo en marzo de 2011, cuando fue asesinado con siete personas más en el contexto de la lucha del narcotráfico que azota al país, que con la ofensiva militar lanzada por gobierno contra el crimen organizado, dejó más de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.
Sicilia explicó que el asunto de su retirada de la poesía es complejo. "Un poeta vive de sus palabras y del lenguaje de su época. Cuando se degrada esa lengua, no se puede usar. No alcanza", sostuvo.
"Siempre se olvida que el silencio es parte de la palabra. Y hay veces que en un mundo así el silencio dice más que las palabras", añadió este escritor de más de una veintena de libros.
Este analista político y crítico del sistema, según lo calificó en la rueda de prensa Sergio Mondragón, dijo que las poesías de su nueva obra son los vestigios de una trayectoria poética de 30 años: "Lo que queda del silencio, de la muerte...".
El escritor contó que los poemas ya estaban escritos cuando se enteró de la muerte de su hijo, tras la cual escribió uno último dedicado a este y luego "ya no tenía ganas de escribir" ni de publicar
Con el fallecimiento de Juan Francisco, Javier Sicilia, admitió que cambió su visión de las cosas y que sus convicciones y los parámetros con los que había caminado hasta entonces se desmoronaron y tuvo que rehacerlos, como el hecho de "redescubrir una fe que se tambalea".
Católico y formado en las Comunidades Eclesiales de Base después de sopesar convertirse en sacerdote, Sicilia aclaró sin embargo que no llegó a dudar de su fe, ya que precisamente "cuando suceden estas cosas" esta "se vuelve un sostén".
Con estudios de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, el escritor dijo creer que su despedida de la poesía sí es definitiva, pero admitió que aún está presente en él: "Uno puede dejar de escribir poemas, pero no puede dejar de mirar, de sentir, de oír como un poeta (...). Y siempre aparecerá".
Previamente, durante la rueda de prensa, Sergio Mondragón apuntó en la misma dirección al asegurar que Sicilia "rezuma poesía en todo lo que hace" y que "no puede dejar de hablar en poesía", emocionándose luego al elogiarle y recordar el suceso de su hijo.
Eduardo Vázquez, quien dijo haber conocido a Sicilia en un taller de poesía, le señaló como su maestro. "Comprendimos que la palabra no era una nueva mercancía, una moneda de cambio", dijo, y lo describió como un poeta religioso y místico, pero también uno público que escribía "con el cuerpo" y que compartió su dolor y les incitó a la acción.
"Reconozcamos que hemos fracasado como país", comentó Vázquez sobre la situación de crimen y otros problemas en México. "Dejemos de delegar la responsabilidad", añadió.
Sicilia señaló por su parte que esos problemas son la corrupción y que "no hay Estado" ni justicia. "Vamos, que el país se está convirtiendo en una fosa común, un gran rastro matadero".
"Entre los criminales y el Estado nos tienen en la indefensión y en la injusticia", sostuvo.
El poeta mexicano dijo que el único cambio que ha visto entre los diferentes gobiernos es "en los discursos": "Estos cabrones pueden usar el discurso para legitimarse pero no encarnarlo en la realidad (...). No ha cambiado más que en una retórica vacía, por desgracia. Son la misma basura", denunció.
Entonces anunció que no volvería a escribir poesía. "Vestigios" es un recuento de poemas de diferentes momentos de la vida del autor con el que "se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y la guerra", señala en su contraportada el libro.
Sicilia, de 57 años, encabezó desde la muerte de su hijo varias caravanas a lo largo del territorio mexicano y en Estados Unidos, a las que se unieron cientos de familiares y amigos de víctimas de la feroz lucha del narcotráfico que vive el país.
Ningún punto final ha pesado tanto, dijo de su lado el poeta Eduardo Vázquez, durante la presentación al hablar de la acción civil de Sicilia.
El activismo de Sicilia es "una poesía pública que no se había escrito en este país", indicó.
Sicilia "pone punto final a su obra (...) no por un dolor que le ahoga la garganta también por una convicción que nos está cuestionando a todos" y diciendo que "reconozcamos que no estamos haciendo las cosas bien", dijo Vázquez.
"Que más desprecio a la palabra que un país donde la ley no vale nada, donde la justicia no vale nada", añadió Vázquez al reconocer frustración porque "no logramos parar está violencia".
Rodeado de algunos amigos, de su editor y de un pequeño grupo de personas que asistieron a la presentación del libro, Sicilia sólo leyó algunos de sus poemas publicados.
"Una forma de mi poesía, en estos momentos es el silencio. Les pido que lo escuchen", dijo más temprano declaraciones a la prensa mexicana.
(nota en el sitio "revista ñ", a su vez refundición de agencias Afp y Efe.)
sábado, 4 de mayo de 2013
Cavafis murió en 1933
Constantino P. Cavafis (Alejandría, 1863-1933) nació y
murió el mismo día, un veintinueve de abril. En consecuencia, este 2013, en esa
fecha señalada, se cumplieron tanto los ochenta años de su fallecimiento como
los ciento cincuenta de su nacimiento. La vida y la muerte conmemoradas al
unísono. Como, en cierta medida, oblicuamente podríamos decir, hacen sus
poemas. Piezas entre la solemnidad y la ironía, de indudable calidad poética,
que se sustentan con frecuencia en la Historia: “Muchos poetas son exclusivamente
poetas -dijo Cavafis en una ocasión–… Yo soy un historiador-poeta”.
En efecto, en sus versos abundan las referencias históricas,
pero soslayando la evocación de las hazañas usuales, la Historia heroica. En
cambio, su poesía escarba en las páginas que han quedado olvidadas o
menospreciadas para, a través de ellas, iluminar el punto de confluencia, u
oposición, entre el destino personal y el del devenir histórico. Para Cavafis,
el ser humano ha de asumir con valor y libremente el propio destino ya que se
juega en ese punto crucial gran parte de su dignidad; quizás, incluso, la única
victorial real de su vida.
La muerte del padre, acaecida en 1870, cuando Constantino,
que era el benjamín, tenía siete años, trastocó los planes de su familia. Poco
tiempo después, en 1872, su madre, Khariklia, él y sus ocho hermanos se
trasladaron a Liverpool, ciudad en la que vivieron durante siete años, hasta
1879 cuando regresaron a Alejandría. Esta estancia en Inglaterra resultó
fundamental para la formación del poeta ya que aprendió inglés y conoció los
textos de Shakespeare, Wilde y Robert Browning.
Cavafis salió una segunda vez de Alejandría, a raíz de los
bombardeos ingleses de 1882. Permaneció tres años en Constantinopla
(actualmente Estambul) acompañando a su madre. Cuando regresó, en 1885, con
veintidós años, contó con el generoso apoyo de su hermano mayor para
consagrarse a las Letras. Estudió literatura francesa, inglesa e italiana,
aunque fue en los poetas alejandrinos Simónides y Calímaco en quienes halló su
estirpe literaria.
Otra muerte, esta vez la de su hermano, en 1891, volvió a
modificarlo todo, y hubo de procurarse un empleo con el que ganarse el
sustento. Gracias a su dominio de distintas lenguas, encontró un puesto en las
oficinas estatales de Alejandría. No obstante, Cavafis puso bastante cuidado en
que tal desempeño profesional no se inmiscuyese con su vocación poética, con su
verdadera vida.
La poesía de Cavafis tardó bastante tiempo en salir del
estrecho marco local porque la repercusión de sus escritos fue escasa mientras
vivió. De alguna manera, el poeta, que era un corrector incansable de su obra,
respaldó su aislamiento literario, consciente de que no era del todo
desfavorable, como afirmó en 1907: “Pero al lado de todo lo desagradable y
hostil de la situación, cada día peor, déjenme anotar una ventaja. La ventaja
es la independencia intelectual que se garantiza. Cuando un escritor sabe bien
que unos pocos ejemplares serán vendidos, gana una gran independencia para su
trabajo creador”.
El primer poema de Cavafis que fue traducido al inglés, El
dios abandona a Antonio, apareció en un libro sobre la ciudad de Alejandría que
escribió E. M. Foster, quien se convertiría en el divulgador de la poesía de
Cavafis en Europa.
Es notable la influencia del poeta griego en otros
escritores, como, por ejemplo, los novelistas Lawrence Durrell –cuyo cuarteto
de Alejandría está impregnado de la figura del poeta griego– y Coetzee –léase
su obra Esperando a los bárbaros–, o los poetas Luis Cernuda, Jaime Gil de
Biedma y, sobre todo, W. H. Auden, que escribió: “Cavafis no ha dejado de
influir en mi propia obra; pienso al decir esto en poemas que, de no haber
conocido a Cavafis, habría escrito yo de modo muy diferente o no habría escrito
en absoluto”.
Además del destino y lo histórico, las composiciones
amorosas y eróticas son el tercer pilar de su estructura poética básica. El
poeta cantó el amor homosexual, primero veladamente, y luego, a partir de 1912,
sin ambages y con cierta tendencia al fracaso.
La publicación íntegra de la obra de Cavafis se realizó tras
su muerte. Desde entonces, el atractivo y la repercusión de sus poemas(3) han
ido en aumento. En realidad, no podía acontecer de otra manera, era su destino.
(semblanza del poeta Cavafis de Estanislao M. Orozco tomada parcialmente del sitio "la vanguardia".)
lunes, 8 de abril de 2013
José Emilio el parco
viernes, 5 de abril de 2013
Bonifaz Nuño: el atardecer del poeta
El homenaje que se negó a Rubén Bonifaz Nuño en el Palacio de Bellas Artes, luego de la explosión en la Torre de Pemex a principios de febrero (el poeta había fallecido el 31 de enero a los 89 años), se le rindió esta tarde en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM.
A las 18:00 horas se cerraron las puertas y muchas personas ya no pudieron ingresar al evento.
Fue un homenaje sencillo, como debía ser a un poeta: Con la lectura de algunos de sus poemas, escogidos por Juan Gelman, Eduardo Lizalde y Vicente Quirarte. El acto empezó a las seis de la tarde en punto.
Antes, un video de diez minutos de TV-UNAM mostró un perfil de sus diversas facetas (poeta, profesor, investigador, administrador, funcionario). Luego, tres universitarios (la actriz Daniela Arroio Sandoval, Tania Rosalía Saavedra Ortega, gestora cultural, e Iván Santín Hernández, poeta y maestro de filosofía) leyeron seis breves textos evocativos a lo largo de 12 minutos:
“Rubén Bonifaz Nuño: devoto del arte y amigo entrañable”, del escritor René Avilés Fabila; “Rubén y los clásicos”, del filólogo Bulmaro Reyes Coria; “Rubén Bonifaz Nuño y la poesía”, del poeta Marco Antonio Campos; “El escritor que regresa a donde dice no haber estado nunca”, de José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica (FCE); “Rubén Bonifaz Nuño y la cultura nacional”, de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, y “Rubén Bonifaz, universitario y humanista”, de José Narro Robles, rector de la UNAM.
El grupo musical La Mar entonó entonces el son jarocho “La bruja”, dado que el poeta nació en Córdoba, Veracruz.
Tras una primera lectura de poemas, la misma agrupación interpretó “Caminos de Guanajuato”, de José Alfredo Jiménez, quizá porque era preferida de Bonifaz, quizá porque quisieron equiparar los tonos frente a la muerte, ya que el último poemario de éste fue La calaca. De él, cuatro poemas fueron leídos, además de tres sonetos de La muerte del ángel (1945), dos de Poemas no coleccionados (1945), y en una segunda ronda el número 16 de El manto y la corona (1958), dos de Tres poemas de antes (1987), y el 42 de Los demonios y los días (1956), y el 15 de Fuego de pobres (1961):
Tú, compañero, cómplice que llevo
Dentro de todos, junto a mí, lo sabes.
Hermano de trabajos que caminas
En hombres y mujeres, apretado
Como la carne contra el hueso,
Y vives, sudas y alborotas
En mí,
Y conmigo y para mí y contigo.
Pero el momento más hondo, el que dejó en el recinto el espíritu de esa poesía solitaria en busca de los otros siempre, fue cuando Lizalde leyó con su voz de bajo profundo, conmovido:
Yo sólo pretendo hablar con alguien,
Decir y escuchar. No es otra cosa.
Con gentes distintas en apariencia
Camino, trabajo todos los días;
Y no me saludo con nadie: temo.
Entiendo que no debe ser, que acaso
Hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahora
Lo digo en voz alta, simplemente.
Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.
Un enorme arreglo de flores blancas había adornado el frente del foro acústico de la Nezahualcóyotl, y luz difusa como telón de fondo con los colores universitarios (azul y oro) enmarcaron un gran retrato del poeta, cuyas obras completas apenas publicó el FCE a principios de año.
Luego de los aplausos finales vino el “Goya”, que cimbró el recinto. Habían transcurrido 115 minutos y estaban por caer las últimas luces rosadas en el cielo único de Ciudad Universitaria que, sin duda, desde su oficina, contempló miles de veces el poeta.
(reseña tomada del sitio "proceso".)
A las 18:00 horas se cerraron las puertas y muchas personas ya no pudieron ingresar al evento.
Fue un homenaje sencillo, como debía ser a un poeta: Con la lectura de algunos de sus poemas, escogidos por Juan Gelman, Eduardo Lizalde y Vicente Quirarte. El acto empezó a las seis de la tarde en punto.
Antes, un video de diez minutos de TV-UNAM mostró un perfil de sus diversas facetas (poeta, profesor, investigador, administrador, funcionario). Luego, tres universitarios (la actriz Daniela Arroio Sandoval, Tania Rosalía Saavedra Ortega, gestora cultural, e Iván Santín Hernández, poeta y maestro de filosofía) leyeron seis breves textos evocativos a lo largo de 12 minutos:
“Rubén Bonifaz Nuño: devoto del arte y amigo entrañable”, del escritor René Avilés Fabila; “Rubén y los clásicos”, del filólogo Bulmaro Reyes Coria; “Rubén Bonifaz Nuño y la poesía”, del poeta Marco Antonio Campos; “El escritor que regresa a donde dice no haber estado nunca”, de José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica (FCE); “Rubén Bonifaz Nuño y la cultura nacional”, de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, y “Rubén Bonifaz, universitario y humanista”, de José Narro Robles, rector de la UNAM.
El grupo musical La Mar entonó entonces el son jarocho “La bruja”, dado que el poeta nació en Córdoba, Veracruz.
Tras una primera lectura de poemas, la misma agrupación interpretó “Caminos de Guanajuato”, de José Alfredo Jiménez, quizá porque era preferida de Bonifaz, quizá porque quisieron equiparar los tonos frente a la muerte, ya que el último poemario de éste fue La calaca. De él, cuatro poemas fueron leídos, además de tres sonetos de La muerte del ángel (1945), dos de Poemas no coleccionados (1945), y en una segunda ronda el número 16 de El manto y la corona (1958), dos de Tres poemas de antes (1987), y el 42 de Los demonios y los días (1956), y el 15 de Fuego de pobres (1961):
Tú, compañero, cómplice que llevo
Dentro de todos, junto a mí, lo sabes.
Hermano de trabajos que caminas
En hombres y mujeres, apretado
Como la carne contra el hueso,
Y vives, sudas y alborotas
En mí,
Y conmigo y para mí y contigo.
Pero el momento más hondo, el que dejó en el recinto el espíritu de esa poesía solitaria en busca de los otros siempre, fue cuando Lizalde leyó con su voz de bajo profundo, conmovido:
Yo sólo pretendo hablar con alguien,
Decir y escuchar. No es otra cosa.
Con gentes distintas en apariencia
Camino, trabajo todos los días;
Y no me saludo con nadie: temo.
Entiendo que no debe ser, que acaso
Hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahora
Lo digo en voz alta, simplemente.
Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.
Un enorme arreglo de flores blancas había adornado el frente del foro acústico de la Nezahualcóyotl, y luz difusa como telón de fondo con los colores universitarios (azul y oro) enmarcaron un gran retrato del poeta, cuyas obras completas apenas publicó el FCE a principios de año.
Luego de los aplausos finales vino el “Goya”, que cimbró el recinto. Habían transcurrido 115 minutos y estaban por caer las últimas luces rosadas en el cielo único de Ciudad Universitaria que, sin duda, desde su oficina, contempló miles de veces el poeta.
(reseña tomada del sitio "proceso".)
martes, 10 de abril de 2012
Parra y El Quijote
El jueves 1 de diciembre del año pasado Nicanor Parra supo que era el nuevo Premio Cervantes. También toda Hispanoamérica. Ese día el antipoeta sacó de su estante Don Quijote de La Mancha. Una semana después tomó distancia y comenzó a redactar un posible discurso para el próximo 23 de abril, día que se entrega el galardón en España. Fueron varios borradores escritos por Parra.
Pero ayer su nieto, Cristóbal Ugarte (19), dijo que el posible texto podría reducirse a un poema. "Le va a faltar tiempo. Para cada discurso que escribe se toma un año o más, y ahora yo veo que está lleno de información, pero no la va a alcanzar a formar. Está trabajando en eso, pero no sé si va a estar listo para el día de la ceremonia", comentó ayer Ugarte a agencia Efe. Hijo de Colombina Parra, Cristóbal -a quien su abuelo llama Tololo- fue designado por el antipoeta para recibir el galardón. Pero ayer abrió otra incógnita: según contó, Parra le pidió renovar su pasaporte. A los 97 años, el autor de los antipoemas "está bien de salud", dijo el nieto, viviendo junto al mar en su casa de Las Cruces.
La información la confirmó Ignacio Echevarría, editor de sus Obras completas (Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores), quien visitó a Parra hace unos días. En su columna del suplemento español El Cultural, publicada el pasado viernes, Echevarría escribe: "El antipoeta, sabio y lúcido como siempre, da vueltas a su discurso para el Cervantes. Sobre la mesa de su sala de estar hay un ejemplar del Quijote lleno de anotaciones".
El crítico español agregó sobre el discurso: "Parra es un escritor lento y concienzudo, y cuando le pregunto cómo lleva el discurso desespera muy sinceramente de tenerlo listo a tiempo. 'Necesitaría un año'". Sobre la llegada a España del antipoeta, Echevarría anotó: "El mismo se mantiene a la expectativa de lo que, llegado el momento, le pida el cuerpo".
Lo que sí es seguro que a España viajará Cristóbal Ugarte, su madre Colombina Parra y miembros de la Universidad Diego Portales. A la ceremonia en la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, están invitados el rector Carlos Peña, la decana de la Facultad de Comunicación y Letras, Cecilia García Huidobro, y el editor de publicaciones Matías Rivas. Además, de cercanos a Parra como Patricio Fernández, Adán Méndez, Alejandro Zambra y Raúl Zurita.
Voy y vuelvo
El autor de Discursos de sobremesa anunció días después de recibir la noticia del Cervantes que no viajaría a recibir el premio. Entonces designó a su nieto. Ahora no está claro sobre si Parra tomará el vuelo a Madrid. "Voy a ir yo de todas maneras, pero todavía no se sabe si va a ir mi abuelo. Ni siquiera nosotros los familiares sabemos", dijo ayer Cristóbal Ugarte. Y alargó el suspenso: "De repente dice que quizá se sube a última hora".
Con Parra nunca se sabe. En noviembre pasado asistiría a la Feria Internacional del Libro de Santiago para presentar el segundo tomo de sus Obras completas. A los encargados de la editorial les dijo hasta última hora que llegaría a la Estación Mapocho. Un día antes se excusó por problemas de salud.
La historia de ausencias del autor del artefacto Voy y vuelvo es larga. El 2001 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. No viajó a recibirlo. El escritor Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999) escribió hace alguno años en una de sus columnas que a Parra "le dan un premio en España y anuncia que va a llegar, tiene a la Reina Sofía esperando y no llega porque le bajó una manía, se subió al avión y después se bajó. Entonces, yo creo que tiene mala fama en cuanto a su cumplimiento de la formalidad. Habría que pasar por alto eso".
(nota tomada del diario La Tercera en línea, chileno.)
Pero ayer su nieto, Cristóbal Ugarte (19), dijo que el posible texto podría reducirse a un poema. "Le va a faltar tiempo. Para cada discurso que escribe se toma un año o más, y ahora yo veo que está lleno de información, pero no la va a alcanzar a formar. Está trabajando en eso, pero no sé si va a estar listo para el día de la ceremonia", comentó ayer Ugarte a agencia Efe. Hijo de Colombina Parra, Cristóbal -a quien su abuelo llama Tololo- fue designado por el antipoeta para recibir el galardón. Pero ayer abrió otra incógnita: según contó, Parra le pidió renovar su pasaporte. A los 97 años, el autor de los antipoemas "está bien de salud", dijo el nieto, viviendo junto al mar en su casa de Las Cruces.
La información la confirmó Ignacio Echevarría, editor de sus Obras completas (Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores), quien visitó a Parra hace unos días. En su columna del suplemento español El Cultural, publicada el pasado viernes, Echevarría escribe: "El antipoeta, sabio y lúcido como siempre, da vueltas a su discurso para el Cervantes. Sobre la mesa de su sala de estar hay un ejemplar del Quijote lleno de anotaciones".
El crítico español agregó sobre el discurso: "Parra es un escritor lento y concienzudo, y cuando le pregunto cómo lleva el discurso desespera muy sinceramente de tenerlo listo a tiempo. 'Necesitaría un año'". Sobre la llegada a España del antipoeta, Echevarría anotó: "El mismo se mantiene a la expectativa de lo que, llegado el momento, le pida el cuerpo".
Lo que sí es seguro que a España viajará Cristóbal Ugarte, su madre Colombina Parra y miembros de la Universidad Diego Portales. A la ceremonia en la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, están invitados el rector Carlos Peña, la decana de la Facultad de Comunicación y Letras, Cecilia García Huidobro, y el editor de publicaciones Matías Rivas. Además, de cercanos a Parra como Patricio Fernández, Adán Méndez, Alejandro Zambra y Raúl Zurita.
Voy y vuelvo
El autor de Discursos de sobremesa anunció días después de recibir la noticia del Cervantes que no viajaría a recibir el premio. Entonces designó a su nieto. Ahora no está claro sobre si Parra tomará el vuelo a Madrid. "Voy a ir yo de todas maneras, pero todavía no se sabe si va a ir mi abuelo. Ni siquiera nosotros los familiares sabemos", dijo ayer Cristóbal Ugarte. Y alargó el suspenso: "De repente dice que quizá se sube a última hora".
Con Parra nunca se sabe. En noviembre pasado asistiría a la Feria Internacional del Libro de Santiago para presentar el segundo tomo de sus Obras completas. A los encargados de la editorial les dijo hasta última hora que llegaría a la Estación Mapocho. Un día antes se excusó por problemas de salud.
La historia de ausencias del autor del artefacto Voy y vuelvo es larga. El 2001 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. No viajó a recibirlo. El escritor Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999) escribió hace alguno años en una de sus columnas que a Parra "le dan un premio en España y anuncia que va a llegar, tiene a la Reina Sofía esperando y no llega porque le bajó una manía, se subió al avión y después se bajó. Entonces, yo creo que tiene mala fama en cuanto a su cumplimiento de la formalidad. Habría que pasar por alto eso".
(nota tomada del diario La Tercera en línea, chileno.)
miércoles, 7 de marzo de 2012
Eugenio Montejo y la Orinoquia
Eugenio Montejo (Caracas 1938-2008), al escribir sobre dos artistas venezolanos, Jesús Soto y Alirio Palacios, reclamó a la crítica el haber dejado de lado su pertenencia a una región específica de la rica variedad geográfíca de su país: la Orinoquia, con su alta nubosidad y su feracidad incontenible. Con sus petroglifos y su cestería indígena de formas geométricas precisas y su correspondencia mítica. Con sus deltas infinitos.
Aunque nacido en Caracas, la urbe de la modernización desaforada, Montejo tendrá vivo, en todo momento, un sentimiento del espacio y una interiorización del mismo que ve manifestarse en ese contrapunto que modela muchos de sus más logrados poemas: rural-urbano. Como aquel titulado “Pueblo en el polvo”:
Estas calles oblicuas dan al polvo,
estas casas sin nadie se disuelven
en áspera intemperie
y piedras de sombra.
Para concluir:
Por los solares juegan unos niños
en sus coros de ausencia.
Juegan a que están vivos todavía,
a que nunca se fueron.
Este citadino carga consigo pertenencias arquetípicas, donde se funden lo humano y lo animal en perfecta armonía, como al decir:
Aquel caballo que mi padre era
y que después no fue, ¿por dónde
/se halla?
Pérdida, lejanía y el sorpresivo canto del gallo entre los rascacielos, o la música que trae consigo un tordo. Ríos y garzas se fijan inmóviles en sus versos como si el llano todo se hubiese tornado metafísico. Pero es el trópico, el trópico absoluto, “este sol de mi país que tanto quema”, el que hará de árboles y palmeras, de playas y de islas, su territorio germinal, de incandescente luz pura, como en los cuadros de Armando Reverón.
Donde la vida nos madruga
y hay que salir a galopar hasta
/alcanzarla.
Se da allá la perpetua tensión utópica que tiene a Manoa como concreto espejismo, la cual, como aclara, “no es un lugar sino un sentimiento”.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla en su
/camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en
/ella.
Este poeta culto y reflexivo, quien escribió sobre Valéry y Pessoa, sobre Juan de Mairena, y quien amaba las ciudades periféricas como Buenos Aires y Lisboa, había asimilado a cabalidad una tradición quizás más libérrima e igualmente impregnada por ese diálogo entre la conciencia y los astros, en medio de un espacio insondable. La del coloquio entre vivos y muertos. La de Vicente Gerbasi y su pueblo, Canoabo, marcado por la inmigración desde Europa, hasta el jardín lleno de milagros donde en medio de la atafagada Caracas Juan Sánchez Peláez veía fugaces musas deleitosas, mientras citaba a André Breton o Ezra Pound. De ahí provendría una imagen también recurrente de Montejo donde el poeta, al lado de su lámpara encendida, amplía la noche y percibe un aroma hondo e irresistible. Al hablar de los “Amantes” dirá:
Y era la tierra la que se amaba en
/ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
/la galaxia.
Por ello se debatía con el lenguaje, para lograr esa tersura meditativa, esos sagaces cambios de ritmo, en la perpetua búsqueda de la expresión propia. Sí, sus palabras detrás de las cuales queda el Atlántico, en su ir y venir de resinas y especies. De asumida pobreza:
Palmeras de lentos jadeos
giran al fondo de lo que hablamos,
sollozos en casa de barro
de nuestras pobres conversas,
como dirá al referirse a “Algunas palabras”. Esas mismas, pocas palabras, que le llevarán a preguntarse:
cuánta vida nos guarda la tierra
/todavía
cuando mañana se despierte.
Montejo había pasado por
Mi siglo, con sus guerras, sus
/posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos
/entre sangre y abismo,
y le dijo adiós al siglo XX con una fe conmovedora, todavía, en la fuerza rigurosa de la poesía, él que era “miope, tardo, subjetivo”. Si bien se había compenetrado con su “terredad”, como la llamaba, anhelaba ser otro, estar entre los “dialectos de hielo” de Islandia o la nieve de Rotterdam, buscando su reverso, su antípoda, su otra cara, los ojos puestos en “Los aviones puros que se elevan/ hacia los aires altos del deseo”.
Porque como todo poeta maduro de melodiosa intimidad miraba su heterónimo, su fantasma, acompañándolo, sea en la gravitación anhelante del deseo, al decir, con otro nombre, el de Tomas Linden:
Yo suspiré de eternidad al verte,
cuerpo paradisial contra la muerte,
cuerpo donde Dios tanto se detuvo,
o al reconocerse como rezagado, mirándose a sí mismo, en los avatares de su propio entierro:
Por estas calles ya pasó mi entierro
con sus patéticos discursos.
Liviano me llevaban
entre parientes desconocidos.
[...]
El entierro, sin mí, prosiguió rumbo
por las penumbras suburbiales.
Lo voy siguiendo ahora desde lejos,
al paso de los años.
Así lo acompañamos, leyendo sus poemas, ya irremediablemente nuestros.
(Juan Gustavo Cobo Borda, "Adiós a Eugenio Montejo", tomado del blog Elmalpensante, no 88, julio 2008, on line. Se transcribe el link del blog "misalivatodolocura", con un poema del venezolano: http://misalivatodolocura.blogspot.com/2011/12/eugenio-montejo-1938-2008_15.html)
Aunque nacido en Caracas, la urbe de la modernización desaforada, Montejo tendrá vivo, en todo momento, un sentimiento del espacio y una interiorización del mismo que ve manifestarse en ese contrapunto que modela muchos de sus más logrados poemas: rural-urbano. Como aquel titulado “Pueblo en el polvo”:
Estas calles oblicuas dan al polvo,
estas casas sin nadie se disuelven
en áspera intemperie
y piedras de sombra.
Para concluir:
Por los solares juegan unos niños
en sus coros de ausencia.
Juegan a que están vivos todavía,
a que nunca se fueron.
Este citadino carga consigo pertenencias arquetípicas, donde se funden lo humano y lo animal en perfecta armonía, como al decir:
Aquel caballo que mi padre era
y que después no fue, ¿por dónde
/se halla?
Pérdida, lejanía y el sorpresivo canto del gallo entre los rascacielos, o la música que trae consigo un tordo. Ríos y garzas se fijan inmóviles en sus versos como si el llano todo se hubiese tornado metafísico. Pero es el trópico, el trópico absoluto, “este sol de mi país que tanto quema”, el que hará de árboles y palmeras, de playas y de islas, su territorio germinal, de incandescente luz pura, como en los cuadros de Armando Reverón.
Donde la vida nos madruga
y hay que salir a galopar hasta
/alcanzarla.
Se da allá la perpetua tensión utópica que tiene a Manoa como concreto espejismo, la cual, como aclara, “no es un lugar sino un sentimiento”.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla en su
/camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en
/ella.
Este poeta culto y reflexivo, quien escribió sobre Valéry y Pessoa, sobre Juan de Mairena, y quien amaba las ciudades periféricas como Buenos Aires y Lisboa, había asimilado a cabalidad una tradición quizás más libérrima e igualmente impregnada por ese diálogo entre la conciencia y los astros, en medio de un espacio insondable. La del coloquio entre vivos y muertos. La de Vicente Gerbasi y su pueblo, Canoabo, marcado por la inmigración desde Europa, hasta el jardín lleno de milagros donde en medio de la atafagada Caracas Juan Sánchez Peláez veía fugaces musas deleitosas, mientras citaba a André Breton o Ezra Pound. De ahí provendría una imagen también recurrente de Montejo donde el poeta, al lado de su lámpara encendida, amplía la noche y percibe un aroma hondo e irresistible. Al hablar de los “Amantes” dirá:
Y era la tierra la que se amaba en
/ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
/la galaxia.
Por ello se debatía con el lenguaje, para lograr esa tersura meditativa, esos sagaces cambios de ritmo, en la perpetua búsqueda de la expresión propia. Sí, sus palabras detrás de las cuales queda el Atlántico, en su ir y venir de resinas y especies. De asumida pobreza:
Palmeras de lentos jadeos
giran al fondo de lo que hablamos,
sollozos en casa de barro
de nuestras pobres conversas,
como dirá al referirse a “Algunas palabras”. Esas mismas, pocas palabras, que le llevarán a preguntarse:
cuánta vida nos guarda la tierra
/todavía
cuando mañana se despierte.
Montejo había pasado por
Mi siglo, con sus guerras, sus
/posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos
/entre sangre y abismo,
y le dijo adiós al siglo XX con una fe conmovedora, todavía, en la fuerza rigurosa de la poesía, él que era “miope, tardo, subjetivo”. Si bien se había compenetrado con su “terredad”, como la llamaba, anhelaba ser otro, estar entre los “dialectos de hielo” de Islandia o la nieve de Rotterdam, buscando su reverso, su antípoda, su otra cara, los ojos puestos en “Los aviones puros que se elevan/ hacia los aires altos del deseo”.
Porque como todo poeta maduro de melodiosa intimidad miraba su heterónimo, su fantasma, acompañándolo, sea en la gravitación anhelante del deseo, al decir, con otro nombre, el de Tomas Linden:
Yo suspiré de eternidad al verte,
cuerpo paradisial contra la muerte,
cuerpo donde Dios tanto se detuvo,
o al reconocerse como rezagado, mirándose a sí mismo, en los avatares de su propio entierro:
Por estas calles ya pasó mi entierro
con sus patéticos discursos.
Liviano me llevaban
entre parientes desconocidos.
[...]
El entierro, sin mí, prosiguió rumbo
por las penumbras suburbiales.
Lo voy siguiendo ahora desde lejos,
al paso de los años.
Así lo acompañamos, leyendo sus poemas, ya irremediablemente nuestros.
(Juan Gustavo Cobo Borda, "Adiós a Eugenio Montejo", tomado del blog Elmalpensante, no 88, julio 2008, on line. Se transcribe el link del blog "misalivatodolocura", con un poema del venezolano: http://misalivatodolocura.blogspot.com/2011/12/eugenio-montejo-1938-2008_15.html)
martes, 6 de marzo de 2012
Poesía completa de Olga Orozco
Olga Orozco nació en Toay, La Pampa, en 1920, con el sol en Piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, según cuenta ella en sus Anotaciones para una autobiografía. Empezó a escribir “en serio” a los doce años, en Bahía Blanca, ciudad a la que se había mudado su familia, y publicó su primer poema en Buenos Aires, a los dieciocho, en la revista del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA. Editó en total once libro de poesía, dos de relatos y uno de Conversaciones, con Gloria Alcorta, antes de morir en Buenos Aires hace casi 13 años. Ahora, y saldando una deuda, se publica por primera vez su Poesía completa.
Su poesía, una de las más personales de la literatura argentina, fue definida por Jorge Boccanera como “un extenso collar de preguntas; al frotarlo aparece un relato, es siempre el mismo y es distinto: una niña despierta en medio de una cacería, corre tanteando las ruinas de otro sueño, una sombra le pisa los talones, debe atravesar una puerta, un muro, encontrar un talismán, una clave. Todo es imposible, pero en medio de la búsqueda se escribe el poema; surge a modo de conjuro”.
Orozco recibió en vida numerosos e importantísimos reconocimientos, y en la Argentina, América latina y España se hicieron varias antologías de su obra. Su Poesía Completa, ahora, incluye un libro póstumo. La edición es de Ana Becciú y el prólogo, de Tamara Kamenszain.
“Tengo el sentimiento y la nostalgia de la unidad perdida. Todos los mitos indican que se crea nombrando, que hay una especie de progenitura de la palabra unida a la creación, como si palabra y cosa constituyeran una identidad. Cuando escribo un poema, creo con imágenes verbales suscitadas por esas mismas cosas, produciendo encadenamientos que me remiten cada vez más lejos, como si estuviera remontándome hacia
la primera palabra y la unidad primordial ”, señaló Orozco. La muerte, la religión, la magia, el esoterismo, el amor y la poesía son las constantes temáticas a las que siempre vuelven sus versos.
No le gustaba que la vincularan con el surrealismo, aunque del surrealismo ponderaba “la licencia para que el poderío de lo imaginario extendiera sus dominios”. “ Nunca hice automatismo ”, dijo, “ Jamás. Si alguna vez lo hiciera, no desembocaría en la poesía sino en la plegaria ”. Se sentía próxima a los románticos
alemanes y a veces, cuando le preguntaban qué tipo de poemas hacía, contestaba que escribía tangos con categoría . Le gustaban Discépolo, Manzi, Expósito, Cátulo Castillo. Fue amiga de Norah Lange y de Alberto Girri.
A los treinta y seis años conoció a Alejandra Pizarnik, que entonces tenía dieciocho y que se convirtió en una suerte de discípula suya. Hay versos de Orozco citados en poemas de Pizarnik, hay un poema de Pizarnik dedicado a Orozco (Cantora nocturna), y un poema de Orozco a la muerte de Pizarnik (Pavana para una infanta difunta). El título de su último libro: Con esta boca, en este mundo, refiere a En esta noche, en este mundo, un poema de Pizarnik considerado paradigmático de su obra.
Trabajó durante años en el mundo editorial: primero en Losada, después en Muchnik, que se transformó en Fabril Editora, donde colaboró con Aldo Pellegrini como secretaria técnica: seguía todo el proceso de elaboración del libro. De ahí pasó a la revista Claudia, en su época de oro, donde escribía sobre ciencia, ocultismo, problemas sentimentales, libros, moda, y vidas de artistas, usando siete seudónimos diferentes. Entre 1968 y 1974 escribió los horóscopos del Clarín.
-¿Cómo escribe?, le preguntó Boccanera.
-Escribo con una piedra en la mano, una piedra de San Luis en una mano y otra de Sicilia en la otra; claro que no puedo escribir con las dos piedras, pero las tomo alternativamente; una de San Luis, que es donde nació mi madre, y una de Capo Dorlando, donde nació mi padre. Y a veces tomo una piedrecita negra que me dio un chico del que estuve enamorada cuando tenía 6 años. Yo siento a las piedras, las siento latir como si tuviera un corazón de pájaro en la mano– contestó Orozco.
Se pone al alcance del interesado el link en que aparece un poema de Olga Orozco.
(http://misalivatodolocura.blogspot.com/2010/11/olga-orozco-1920-1999.html.
(Nota tomada de Letra Ñ, Clarín.)
Su poesía, una de las más personales de la literatura argentina, fue definida por Jorge Boccanera como “un extenso collar de preguntas; al frotarlo aparece un relato, es siempre el mismo y es distinto: una niña despierta en medio de una cacería, corre tanteando las ruinas de otro sueño, una sombra le pisa los talones, debe atravesar una puerta, un muro, encontrar un talismán, una clave. Todo es imposible, pero en medio de la búsqueda se escribe el poema; surge a modo de conjuro”.
Orozco recibió en vida numerosos e importantísimos reconocimientos, y en la Argentina, América latina y España se hicieron varias antologías de su obra. Su Poesía Completa, ahora, incluye un libro póstumo. La edición es de Ana Becciú y el prólogo, de Tamara Kamenszain.
“Tengo el sentimiento y la nostalgia de la unidad perdida. Todos los mitos indican que se crea nombrando, que hay una especie de progenitura de la palabra unida a la creación, como si palabra y cosa constituyeran una identidad. Cuando escribo un poema, creo con imágenes verbales suscitadas por esas mismas cosas, produciendo encadenamientos que me remiten cada vez más lejos, como si estuviera remontándome hacia
la primera palabra y la unidad primordial ”, señaló Orozco. La muerte, la religión, la magia, el esoterismo, el amor y la poesía son las constantes temáticas a las que siempre vuelven sus versos.
No le gustaba que la vincularan con el surrealismo, aunque del surrealismo ponderaba “la licencia para que el poderío de lo imaginario extendiera sus dominios”. “ Nunca hice automatismo ”, dijo, “ Jamás. Si alguna vez lo hiciera, no desembocaría en la poesía sino en la plegaria ”. Se sentía próxima a los románticos
alemanes y a veces, cuando le preguntaban qué tipo de poemas hacía, contestaba que escribía tangos con categoría . Le gustaban Discépolo, Manzi, Expósito, Cátulo Castillo. Fue amiga de Norah Lange y de Alberto Girri.
A los treinta y seis años conoció a Alejandra Pizarnik, que entonces tenía dieciocho y que se convirtió en una suerte de discípula suya. Hay versos de Orozco citados en poemas de Pizarnik, hay un poema de Pizarnik dedicado a Orozco (Cantora nocturna), y un poema de Orozco a la muerte de Pizarnik (Pavana para una infanta difunta). El título de su último libro: Con esta boca, en este mundo, refiere a En esta noche, en este mundo, un poema de Pizarnik considerado paradigmático de su obra.
Trabajó durante años en el mundo editorial: primero en Losada, después en Muchnik, que se transformó en Fabril Editora, donde colaboró con Aldo Pellegrini como secretaria técnica: seguía todo el proceso de elaboración del libro. De ahí pasó a la revista Claudia, en su época de oro, donde escribía sobre ciencia, ocultismo, problemas sentimentales, libros, moda, y vidas de artistas, usando siete seudónimos diferentes. Entre 1968 y 1974 escribió los horóscopos del Clarín.
-¿Cómo escribe?, le preguntó Boccanera.
-Escribo con una piedra en la mano, una piedra de San Luis en una mano y otra de Sicilia en la otra; claro que no puedo escribir con las dos piedras, pero las tomo alternativamente; una de San Luis, que es donde nació mi madre, y una de Capo Dorlando, donde nació mi padre. Y a veces tomo una piedrecita negra que me dio un chico del que estuve enamorada cuando tenía 6 años. Yo siento a las piedras, las siento latir como si tuviera un corazón de pájaro en la mano– contestó Orozco.
Se pone al alcance del interesado el link en que aparece un poema de Olga Orozco.
(http://misalivatodolocura.blogspot.com/2010/11/olga-orozco-1920-1999.html.
(Nota tomada de Letra Ñ, Clarín.)
lunes, 5 de marzo de 2012
Samuel Noyola (1965- ? )
¿Sabes quién soy?
Conocí a Samuel Noyola en septiembre de 2005, en la Casa Refugio Citlaltépetl, a donde llegué para solicitar un espacio para la presentación de mi primer poemario. Esperaba que me recibieran cuando se me acercó el poeta. Con olor a alcohol, voz grave y tono norteño, me dijo:
—Soy Samuel Noyola, ¿sabes quién soy?
—No —respondí un poco asustada.
—Presento mi libro en dos semanas, ¿vienes? —preguntó extendiéndome la invitación donde destacaba el título Tequila con calavera, reeditado por Conaculta.
La impresión que me dejó fue de miedo. El editor y escritor Édgar Krauss, dueño de la librería de la Casa Refugio, me explicó quién era Noyola, me habló de su poesía y me pidió —inusitadamente— que lo acompañara en la mesa de la presentación de su libro. Llegué ese día con mi texto. Éramos alrededor de veinte personas y Samuel leyó sus poemas con fuerza y devoción.
No pasó ni una semana cuando recibí una llamada suya en Contacto, una revista de negocios donde yo trabajaba.
• • •
Las charlas con él fueron pocas pero sustanciales. Desaparecía con frecuencia, como lo saben sus amigos y conocidos. Un día me llamó de casa de su hermana, desde el Ajusco. Me dijo que había dejado de tomar definitivamente y que su mejor compañía era Sami, el perrito que vivía con ellos.
“Tengo nuevos poemas, quiero terminar un libro”, dijo entusiasmado.
Quedamos de vernos en el Starbucks de Coyoacán, un viernes de julio de 2006, a las cinco de la tarde. Llegó con un aspecto muy diferente al habitual: su ropa era nueva y pidió un té negro.
Samuel hablaba fuerte, por lo que de las mesas vecinas volteaban con insistencia. Me contó de la publicación de uno de sus primeros libros de poesía en Monterrey, de cómo fue sacado alguna vez de la mesa de redacción de la revista Vuelta e incluso de la ocasión cuando, en Madrid, despertó a Octavio Paz de madrugada para pedirle un poco de dinero.
Al terminar la breve charla, en un fólder azul me entregó cinco poemas que acababa de terminar. Me llamó al día siguiente para saber qué pensaba del texto dedicado a Sami. No me dio tiempo de contestarle: enseguida comenzó a hablar del perro y de la felicidad que le provocaba verlo al entrar a su casa.
• • •
La última vez que vi a Samuel fue en una inesperada visita que hizo a las oficinas de Contacto. Una mañana llegó preguntando por el editor, Luis López, a quien conocía. Era muy temprano y no había llegado ni la recepcionista, pero sí el director general, un señor alto y robusto. Él le abrió la puerta.
—Usted debe ser el mero-mero aquí, ¿no? —le dijo Samuel al observar su aspecto.
—Sí —respondió el director.
—Estoy buscando a Luis.
—No está.
—Lo espero... ¿Sabía que ésta es la nueva moda en Londres? Mañana vuelo para allá.
El poeta señalaba una corbata que traía de cinturón. Llegué antes que Luis. Al verme me pidió cien pesos, me habló de su viaje a Londres, donde se hospedaría con una amiga. Me dijo que deseaba que tradujeran su poesía, y que tal vez nunca volvería.
(Viví en la avenida Ámsterdam hasta febrero de 1986, ahí estaba en una ocasión Álvaro Quijano, un poeta joven, de corbata y sano -si eso es posible-; recuerdo que un joven empleado de un negocio de reparación de máquinas de escribir, llegó y me pidió que le cuidara un pajarito, posado sobre un tronco, mientras iba al centro de la ciudad a comprar una refacción: "No le vayas a dar mariguana", me recomendó el vecino. Cuando se fue a Álvaro le dio risa la petición, "qué cosas tan raras pasan en tu casa", me dijo el poeta pues el pajarito posado en el trozo de madera no volaba. Pasaron los años y supe, ya viviendo en Gómez Palacio, Durango, que Quijano había "desaparecido" en Cuernavaca. Pasarían más años todavía para enterarme que otro amigo poeta, Darío Galicia, también se había esfumado... Crónica de Alicia Quiñones tomada tal cual del suplemento cultural "Laberinto".)
Conocí a Samuel Noyola en septiembre de 2005, en la Casa Refugio Citlaltépetl, a donde llegué para solicitar un espacio para la presentación de mi primer poemario. Esperaba que me recibieran cuando se me acercó el poeta. Con olor a alcohol, voz grave y tono norteño, me dijo:
—Soy Samuel Noyola, ¿sabes quién soy?
—No —respondí un poco asustada.
—Presento mi libro en dos semanas, ¿vienes? —preguntó extendiéndome la invitación donde destacaba el título Tequila con calavera, reeditado por Conaculta.
La impresión que me dejó fue de miedo. El editor y escritor Édgar Krauss, dueño de la librería de la Casa Refugio, me explicó quién era Noyola, me habló de su poesía y me pidió —inusitadamente— que lo acompañara en la mesa de la presentación de su libro. Llegué ese día con mi texto. Éramos alrededor de veinte personas y Samuel leyó sus poemas con fuerza y devoción.
No pasó ni una semana cuando recibí una llamada suya en Contacto, una revista de negocios donde yo trabajaba.
• • •
Las charlas con él fueron pocas pero sustanciales. Desaparecía con frecuencia, como lo saben sus amigos y conocidos. Un día me llamó de casa de su hermana, desde el Ajusco. Me dijo que había dejado de tomar definitivamente y que su mejor compañía era Sami, el perrito que vivía con ellos.
“Tengo nuevos poemas, quiero terminar un libro”, dijo entusiasmado.
Quedamos de vernos en el Starbucks de Coyoacán, un viernes de julio de 2006, a las cinco de la tarde. Llegó con un aspecto muy diferente al habitual: su ropa era nueva y pidió un té negro.
Samuel hablaba fuerte, por lo que de las mesas vecinas volteaban con insistencia. Me contó de la publicación de uno de sus primeros libros de poesía en Monterrey, de cómo fue sacado alguna vez de la mesa de redacción de la revista Vuelta e incluso de la ocasión cuando, en Madrid, despertó a Octavio Paz de madrugada para pedirle un poco de dinero.
Al terminar la breve charla, en un fólder azul me entregó cinco poemas que acababa de terminar. Me llamó al día siguiente para saber qué pensaba del texto dedicado a Sami. No me dio tiempo de contestarle: enseguida comenzó a hablar del perro y de la felicidad que le provocaba verlo al entrar a su casa.
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La última vez que vi a Samuel fue en una inesperada visita que hizo a las oficinas de Contacto. Una mañana llegó preguntando por el editor, Luis López, a quien conocía. Era muy temprano y no había llegado ni la recepcionista, pero sí el director general, un señor alto y robusto. Él le abrió la puerta.
—Usted debe ser el mero-mero aquí, ¿no? —le dijo Samuel al observar su aspecto.
—Sí —respondió el director.
—Estoy buscando a Luis.
—No está.
—Lo espero... ¿Sabía que ésta es la nueva moda en Londres? Mañana vuelo para allá.
El poeta señalaba una corbata que traía de cinturón. Llegué antes que Luis. Al verme me pidió cien pesos, me habló de su viaje a Londres, donde se hospedaría con una amiga. Me dijo que deseaba que tradujeran su poesía, y que tal vez nunca volvería.
(Viví en la avenida Ámsterdam hasta febrero de 1986, ahí estaba en una ocasión Álvaro Quijano, un poeta joven, de corbata y sano -si eso es posible-; recuerdo que un joven empleado de un negocio de reparación de máquinas de escribir, llegó y me pidió que le cuidara un pajarito, posado sobre un tronco, mientras iba al centro de la ciudad a comprar una refacción: "No le vayas a dar mariguana", me recomendó el vecino. Cuando se fue a Álvaro le dio risa la petición, "qué cosas tan raras pasan en tu casa", me dijo el poeta pues el pajarito posado en el trozo de madera no volaba. Pasaron los años y supe, ya viviendo en Gómez Palacio, Durango, que Quijano había "desaparecido" en Cuernavaca. Pasarían más años todavía para enterarme que otro amigo poeta, Darío Galicia, también se había esfumado... Crónica de Alicia Quiñones tomada tal cual del suplemento cultural "Laberinto".)
lunes, 18 de octubre de 2010
OLGA OROZCO, DIEZ AÑOS DESPUÉS
Olga Orozco nació en Toay, La Pampa, el 17 de marzo de 1920, y murió en Buenos Aires el 15 de agosto de 1999. Fue reconocida como una de las poetas más importantes de la lengua castellana en el siglo XX, y poco antes de su fallecimiento, en 1998, recibió el consagratorio premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.
Verdadera aventura heroica, la poética orozquiana se aproxima a aquellas que transitan por zonas ocultas del conocimiento. Son sendas propias de los ascetas y los visionarios, que reciben como recompensa la superación de lo fragmentado, el acceso a lo absoluto.
En la visión de Orozco cada uno puede y debe convertirse en instrumento del proceso por el cual Dios mismo se (re) construye y se reintegra a su Ser completo. Cumple así el secreto propósito de un Creador que se ha desdoblado en sus criaturas y que aspira a rehacerse, en ellas y con ellas, a través de un trabajoso periplo de (auto) conocimiento y purificación: "Tal vez pueda volver entonces a recuperar su unidad, mejorada" (La oscuridad es otro sol), "Despierto en cada sueño con el sueño con que Alguien sueña el mundo./ Es víspera de Dios./ Está uniendo en nosotros sus pedazos." (Los juegos peligrosos)
Esta búsqueda metafísico-religiosa se vincula con las búsquedas románticas, surrealistas y en alguna medida, simbolistas: el conocimiento por la vía nocturna y secreta, la lectura de los misteriosos indicios en el libro del mundo, la correspondencia de Naturaleza, Arte y Alma, de microcosmos y macrocosmos, la aspiración al "punto absoluto" del surrealismo, donde coinciden los opuestos o donde es posible trascenderlos, la videncia poética que permite acceder a lo desconocido.
Como otros poetas, Orozco trabaja desde los símbolos de la tradición universal, apela a la imaginería de la mantiké (la adivinación), invoca rituales mágicos y procesos alquímicos, mezclados con los ecos de saberes cabalísticos y gnósticos, que se recortan sobre un fondo cristiano.
Pero la propuesta orozquiana implica una particular originalidad. Toda ella emerge de un cuento de hadas vivido ¿no sólo narrado¿, como forma matriz de la experiencia, como aventura constructora del yo empírico y del yo poético, en una infancia que nunca deja de transcurrir. Lejos de lo naif, el inquietante mundo que Orozco despliega por un lado la vincula con el surrealismo y por el otro, se mantiene en conexión directa con una historia personal. En ella, una niña cuya alma es muy vieja, porque llega desde el fondo del tiempo, vuelve a iniciar el viaje de la vida.
Se trata de un viaje en busca de un conocimiento vecino a la locura, pero del que se retorna y se da testimonio desde las formas de la palabra poética, si bien su meta jamás se logra en plenitud.
La viajera siempre niña ya posee, en germen, el saber del porvenir. Ése que la mujer adulta recorrerá sin abandonar las pautas de interpretación mágica del mundo aprehendidas en la infancia, sin resignarse a la visión empobrecida del racionalismo utilitario. Esta heroína libra su lucha en otro terreno: pelea por la sabiduría y el precio es la destrucción del yo limitado y fragmentario, para que pueda reconstruirse en la Totalidad.
(LA escritora María Rosa Lojo escribió este ensayo sobre la "poeta del misterio", una década después del fallecimiento de la argentina Olga Orozco, aparecido el 17 de agosto 2009 en el diario Clarín de Buenos Aires.)
Verdadera aventura heroica, la poética orozquiana se aproxima a aquellas que transitan por zonas ocultas del conocimiento. Son sendas propias de los ascetas y los visionarios, que reciben como recompensa la superación de lo fragmentado, el acceso a lo absoluto.
En la visión de Orozco cada uno puede y debe convertirse en instrumento del proceso por el cual Dios mismo se (re) construye y se reintegra a su Ser completo. Cumple así el secreto propósito de un Creador que se ha desdoblado en sus criaturas y que aspira a rehacerse, en ellas y con ellas, a través de un trabajoso periplo de (auto) conocimiento y purificación: "Tal vez pueda volver entonces a recuperar su unidad, mejorada" (La oscuridad es otro sol), "Despierto en cada sueño con el sueño con que Alguien sueña el mundo./ Es víspera de Dios./ Está uniendo en nosotros sus pedazos." (Los juegos peligrosos)
Esta búsqueda metafísico-religiosa se vincula con las búsquedas románticas, surrealistas y en alguna medida, simbolistas: el conocimiento por la vía nocturna y secreta, la lectura de los misteriosos indicios en el libro del mundo, la correspondencia de Naturaleza, Arte y Alma, de microcosmos y macrocosmos, la aspiración al "punto absoluto" del surrealismo, donde coinciden los opuestos o donde es posible trascenderlos, la videncia poética que permite acceder a lo desconocido.
Como otros poetas, Orozco trabaja desde los símbolos de la tradición universal, apela a la imaginería de la mantiké (la adivinación), invoca rituales mágicos y procesos alquímicos, mezclados con los ecos de saberes cabalísticos y gnósticos, que se recortan sobre un fondo cristiano.
Pero la propuesta orozquiana implica una particular originalidad. Toda ella emerge de un cuento de hadas vivido ¿no sólo narrado¿, como forma matriz de la experiencia, como aventura constructora del yo empírico y del yo poético, en una infancia que nunca deja de transcurrir. Lejos de lo naif, el inquietante mundo que Orozco despliega por un lado la vincula con el surrealismo y por el otro, se mantiene en conexión directa con una historia personal. En ella, una niña cuya alma es muy vieja, porque llega desde el fondo del tiempo, vuelve a iniciar el viaje de la vida.
Se trata de un viaje en busca de un conocimiento vecino a la locura, pero del que se retorna y se da testimonio desde las formas de la palabra poética, si bien su meta jamás se logra en plenitud.
La viajera siempre niña ya posee, en germen, el saber del porvenir. Ése que la mujer adulta recorrerá sin abandonar las pautas de interpretación mágica del mundo aprehendidas en la infancia, sin resignarse a la visión empobrecida del racionalismo utilitario. Esta heroína libra su lucha en otro terreno: pelea por la sabiduría y el precio es la destrucción del yo limitado y fragmentario, para que pueda reconstruirse en la Totalidad.
(LA escritora María Rosa Lojo escribió este ensayo sobre la "poeta del misterio", una década después del fallecimiento de la argentina Olga Orozco, aparecido el 17 de agosto 2009 en el diario Clarín de Buenos Aires.)
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