lunes, 8 de octubre de 2012
Wislawa en Estocolmo (1996 )
Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más difícil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.
El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso - o más bien principalmente de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta- como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico «escritor» o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía, ya suena mucho más serio.
No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como «parásito», por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo «poeta»; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.
En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafemalia; capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores.
Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro: desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.
El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?
He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.
Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo «no lo sé».
La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y esta situación constituye una de las mas penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.
En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí «saben». Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida.
En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.
Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: «no sé». Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho «no sé», las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María SkIodowska-Curie no se hubiera dicho «no sé», probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose «no sé» y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.
También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé».
Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas «La obra».
A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad de platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: «Nada hay nuevo bajo el sol», has escrito, Eclesiastés. Sin embargo. Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también
es nuevo bajo el sol, ya que antes de ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que tu no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás «ya he escrito todo, no tengo nada que añadir». Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como tú.
El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.
Pero en la expresión «asombroso» se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.
De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como «la vida común», «los acontecimientos comunes»... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.
(Discurso tomado del sitio "Clave, revista de poesía", no.1, febrero 2004.)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Wislawa Szymborska (1923- 2012)
"Falleció en casa, tranquila, mientras dormía", según ha explicado a la prensa su secretario personal, Michal Rusinek, quien ha recordado que la escritora fue siempre una fumadora incorregible a pesar de las constantes advertencias de los médicos.
Aunque Szymborska, nacida en Kornik (oeste de Polonia) en julio de 1923, es la poetisa más conocida de Polonia, tuvo que esperar hasta la concesión del Nobel en 1996 para que su obra llegase al resto del mundo.
La autora destacó por una poesía llena de humor y por su hábil juego de palabras, presente siempre desde su primer poema, "Buscando una palabra", publicado en un diario local en 1945. Estatua griega
Estatua griega
Con la ayuda de la gente y otros elementos
el tiempo ha hecho con ella un buen trabajo.
Primero eliminó la nariz, después los genitales.
Luego los dedos de las manos y los pies,
con el paso de los años los brazos, uno tras otro,
el muslo derecho y el muslo izquierdo,
los hombros, las caderas, la cabeza y las nalgas,
y lo ya caído lo ha hecho pedazos,
escombros, residuos, arena.
Cuando así muere alguien vivo,
brota mucha sangre tras cada golpe.
Las estatuas de mármol, sin embargo, mueren blancamente
y no siempre del todo.
De ésta que hablamos ha quedado el torso
y está como contenido en el esfuerzo de la respiración,
porque ahora debe
atraer
hacia sí
toda la gravedad y la gracia
del resto perdido.
Y eso lo consigue,
eso aún lo consigue,
sigue y deslumbra,
deslumbra y perdura.
El tiempo también merece una mención elogiosa,
porque ha hecho una pausa
y algo dejó para después.
( Nota tomada de Efe y reproducida de Público on line.Traducción del polaco de Gerardo Beltrán, tomada de El Malpensante, no.76, febrero-marzo 2007.)
lunes, 28 de noviembre de 2011
Idea Vilariño (1920-2009 )
También tú
hijo de perra
también tú te moriste
como yo estoy viviendo
solo solo en el mundo
sin nada
abandonado
a tu pobre armazón
a tu mentida hechura.
Mendigo
pobre hombre
orgulloso de nada
empecinado imbécil
estirando la mano.
Ahí estás solo solo
hijo de perra
solo
pero aún estás pidiendo
con la mano escondida
tras la pupila fiera.
(1955)
(texto tomado de Poesía completa, editorial Cal y Canto, Montevideo, 2010.)
domingo, 6 de noviembre de 2011
Patria suave o Remix Bicentenario
Yo que sólo canté de la exquisita
propaganda sin ínfimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del temor que imita
la brutal declaración del capo
para contar la epopeya de un tajo.
Navegaré por la sangre de civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del mutilado tan
sacrificado y masacrado con fusiles.
Diré por una épica propina:
la Patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música grupera
con que me modelaste por entero
al golpe tortuoso de las balas,
entre llantos y gritos de muchachas
y asesinos de oficio carnicero.
Primer acto
Patria: tu superficie es mariguana,
tus minas el palacio de los narcos,
y tu cielo, las balas en desliz
y el relámpago verde de los sardos.
El Niño Dios te entregó un desfalco
vendiendo el petróleo al diablo.
La fuga de capital, cada hora vuela
lavado y pintado, en carretela;
y en tu provincia, el pavor en vela
que rondan los sicarios coligados,
los cadáveres caen como centavos.
Patria: tu mutilado territorio
se cubre de cal y de velorio.
Suave Patria: tu casa todavía
es tan pobre, que el tren va por la vía
como emigrado de ranchería.
Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de pollero, pones
al ilegal sobre los vagones.
¿Quién, en la noche que asusta a la raza,
no miró, antes de comprar el vicio,
del brazo de su novia, la metralla
pólvora de los chivos del oficio?
Suave Patria: en tu tórrido festín
luces propaganda de postín,
y con tu pelo turbio se desposa
el alma, oportunista vergonzosa,
y el publicista del atraco sabe
ofrendar campañas mentirosas,
raza de estafadores de jarabe.
Tu droga suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es mercancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como morgues se vacía
el santo olor de la carnicería.
Cuando morimos, nos regalas notas,
después, un paraíso de palabrotas,
y luego te olvidas toda entera
Suave Patria, twittera y pendenciera.
Al triste y al feliz dices que sí,
de tu lengua traición saben de ti
con la picadura del te jodí.
¡Y tu cielo marcial, que cuando truena
de víctimas frenéticas nos llena!
Trueno de nuestras curias, que nos baña
de locura, enloquece con patrañas,
encarcela a la mujer, sana al fanático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba con majaderías
sin Dios, sin derechos ni garantías.
Trueno de impunidad: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que maté, y lo que aún no toca
y la hora actual con su hambre de coca.
Y oigo en los tiros de ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.
Segundo acto
Suave Patria: tú vales por el río
de las fronteras de tu poderío.
Tus hijos atraviesan como hordas,
distrayendo un invencible control,
calcinados con las redes de tu sol,
cruzan y evaden alambradas.
Suave Patria: te amo como un mito,
juro por tu verdad de pan bendito;
como la presa que asoma por la reja
con la culpa corrida hasta la oreja
y la honra, humillada y sin delito.
Como matas, goza, Patria mía,
en cama de metal, vives al día,
de milagros, como tu puntería.
Tu imagen, en Palacio Nacional,
con tu misma tristeza y con tu igual
amargura de amo y de feudal.
Te dará, frente al hambre y al obús,
un grito de Felipe de Jesús.
Suave Patria, traficante que fía:
quiero raptarte en la redada opaca,
sobre un batallón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.
Tus entrañas niegan el castigo
para el capo que al párvulo sepulta
en una caja de anónimo testigo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de pobres que no hablan nuestro idioma.
Por tu balcón de armas bendecidas
del Bicentenario, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.
Quieren morir tu fama y tu destino,
cual muriéndose van encuestadoras
que en las cifras, con el agravio hecho
ensangrentando la camisa, al pecho
la injuria y el timo de tus obras.
Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
celebra lo que el amo sabe
descarada en el mito del falsario,
y es más feliz que tú, Patria suave.
Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus fiestas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
el desfile alegórico de paja.
(Cuando el director de teatro Luis de Tavira montó, en la década de los años ochenta, su espectáculo "Novedad de la patria", basado en el poema de Ramón López Velarde, tuvo varios hallazgos, como la escena de la solterona -Virginia Valdivieso-, que se baña en la tina en ropa interior; o la presencia conmovedora del monaguillo anciano -Ignacio Retes-. Cuando De Tavira urde y concreta en escena su más personal espectáculo, decía, por supuesto que tuvo detractores. Le dijeron que era el primer director polaco nacido en México, en referencia a Tadeusz Kantor... Algo así ha hecho Avelina Lésper con esta paráfrasis, tomada íntegra de la revista online Replicante, septiembre 2010.)
martes, 25 de octubre de 2011
Chavela y el poeta de Fuentevaqueros
En silla de ruedas, con gafas negras y una blusa roja, Chavela recitó y cantó al poeta andaluz en la ventosa tarde mexicana con el mismo poder y fuerza que le hicieron famosa. El disco, en realidad un libro/CD, llevará por título Luna Grande e incluye versos de Yerma, Doña Rosita la soltera y Amor de don Perlimplín y Belisa en su jardín, entre otras obras.
Laura García Lorca, sobrina nieta del poeta, presente en el acto, comentó que Chavela tiene una relación muy personal con Lorca "hasta el punto de asegurar que se comunica con él". La directora de la Fundación Cultural García Lorca estaba emocionada al comprobar el cariño que los mexicanos sienten por el autor del Romancero gitano, cuya poesía parece estar más de actualidad aquí que en su país natal.
La cantante de clásicos como La llorona o Paloma negra recitó los que dijo que fueron los primeros versos que leyó del poeta -"ansío verte llegar una tarde por Granada con toda la luz salada por la nostalgia del mar"- y señaló que la soledad es el peaje que tiene que pagar el ser humano por ser libre.
Chavela Vargas, que estuvo recientemente enferma, vive retirada en Tepoztlán, en el Estado de Morelos y ha publicado a lo largo de su carrera más de 80 discos. Su último trabajo discográfico fue Por mi culpa, editado en 2010, y cantaba el bolero Tú me acostumbraste en la película Babel de Alejandro González Iñárritu.
(nota de Luis Prados, tomada del diario El País.)
domingo, 12 de septiembre de 2010
CARRUSEL GIRONDO
Poemas inéditos y dispersos, prosas sueltas, entrevistas y artículos de diversa índole son los escritos de Oliverio Girondo que recoge este volumen, además de una "galería de imágenes", un epistolario y una sección de poemas dedicados a él por Leopoldo Marechal, Enrique Molina, Rafael Alberti, Edgar Bayley, Francisco Madariaga, Pablo Neruda y Raúl Gustavo Aguirre, entre otros. Hace veinte años, cuando se publicó la edición original del Homenaje -ahora aumentada-, los poemas de Girondo eran difíciles de encontrar. Pero a partir de 1994, Losada sacó varias reimpresiones de sus Obras , y en 1999 se publicaron sus Obras completas . ¿Es este Nuevo homenaje un libro inoportuno y sin interés? Por el contrario: estos textos transversales revelan el retrato facetado de uno de los grandes poetas argentinos. En un reportaje que le hace Francisco Urondo para la revista Leoplán , en 1962, convergen varios de los hilos de este volumen. Girondo se dice "hijo de toda la literatura francesa", se refiere a sus orígenes como autor teatral y a su larga amistad con Ramón Gómez de la Serna. Habla con desprecio de Leopoldo Lugones y explica su tendencia a "beber en lo vivo": "uno no puede no tener nada que ver con Joyce... Joyce está dentro de la literatura viviente, como está Beckett". Urondo lo compara con Macedonio Fernández: "M. F. era unos veinte años mayor que Girondo y la gente del periódico Martín Fierro [...] Treinta años después es Girondo quien se vincula a los grupos jóvenes". Esa preferencia por lo actual impulsa una trayectoria poética que asume riesgos estéticos cada vez mayores, hasta llegar a En la masmédula (1956), ese non plus ultra de la poesía en castellano.
Girondo fue el viajero por excelencia no ya de la literatura sino de la buena sociedad argentina; se le atribuye a Ramón Gómez de la Serna esta famosa copla: "A veces rotundo,/ a veces muy hondo,/ se va por el mundo/ girando, Girondo". En 1925, volviendo de Nueva York, dice que el Metropolitan es un ejemplo de museo que Argentina podría imitar: "Diez o quince millonarios lo fundaron y sostienen, cosa que acaso se podría hacer también aquí". Con ese hastío aristocrático con que solía contestar a los periodistas recibe junto con su mujer, Norah Lange, al diario Crítica en 1960: "En París, hasta las modistas hablan de existencialismo", dice Lange. En 1940, en una curiosa monografía acerca de la posición que debe adoptar Argentina ante la guerra mundial, manifiesta un "profundo hartazgo de Europa" y elabora un programa económico y cultural para romper con el Viejo Mundo. Otro texto interesantísimo es una "memoria" de 1949 sobre "El periódico Martín Fierro ".
Buena parte de los poemas dedicados a Girondo son de circunstancias y poco memorables, pero muestran el sistema de afinidades del momento. Es curiosa, por ejemplo, una carta del peruano José Carlos Mariátegui, marxista e indigenista, quien quiere ganar la poesía de Girondo para su ideal de regeneracionismo americano: "es un poeta de recia figura gaucha... en su poesía el bordado es europeo, es urbano, es cosmopolita. Pero la trama es gaucha", le escribe. Schwartz incluye además una breve sección acerca del contacto de Girondo con los vanguardistas brasileños, con poemas de En la masmédula traducidos al portugués por Haroldo y Augusto de Campos.
El espíritu de Girondo sacude con una carcajada la matriz académica que quiere ceñir el libro. Schwartz dice, en el prólogo, que toda obra completa acaba siendo "definitivamente incompleta": en los márgenes de ese cuerpo ceñido y riguroso de poemas que Girondo asumió como su legado poético se cuelan estas páginas, divertidas, estimulantes, ricas de anécdotas y testimonios.
Edgardo Dobry
¿Tiene algo que ver la poesía de Oliverio Girondo con el movimiento Infrarrealista surgido en México en la década de 1970? Creo que sí y mucho, sobre todo por el aliento renovador que estos iconoclastas le inyectaron a la atmósfera predominante en ese entonces, tiempos en que privaba la visión piramidal del grupo de Octavio Paz y que sólo sus recomendados accedían a becas de la fundación Guggenheim, mientras que los andrajosos infras buscaban el contacto con otros marginales que los antecedieron: los Estridentistas y personalidades como Pepe Revueltas, Efraìn Huerta y Enriqueta Ochoa. Ah, y también Beatriz Quiñones, poeta residente en Durango que luego se quitaría la vida, ¿la Cesárea Tinajero de "Los detectives salvajes?"
La figura de Girondo, como tarde o temprano emergerán algunos infras ignorados, resurge ante otras más que consagradas en su país de origen: Jorge Luis Borges, Bioy Casares y José Bianco (a quien antihomenajea Roberto Bolaño en un relato incluido en "El gaucho insufrible".) Por este motivo se rescata una nota aparecida ayer 11 de septiembre en el diario La Nación de Argentina, llamada por su autor "Las vueltas de Girondo". UM
miércoles, 18 de agosto de 2010
MIGUEL ÁNGEL ORTIZ (1984 )
(fragmento)
a veces somos un árbol
una casa con muchas ventanas
se nos van todos los miércoles de octubre de todos los
siglos posibles
se nos van los soles
la oreja de un Van Gogh atormentado
la tibieza de la tarde
las manzanas
la vida que es vida porque todavía no existe
los silencios prolongados
la partitura que más hemos querido
todos los muros de todas las calles
los cien mil ojos en el firmamento
uno debería empezar a jugar con las abejas y los trenes
hay tantas formas de vivir siendo lo mismo
siendos todos carne y huesos
siendo todos labios venas molinos polvo sombras
el arco iris se parece a un puente que cruzamos
más allá de las montañas
una parte del ojo infinito
uno camina mientras el viento no le ha podido decir un
montón de cosas
uno es una casa con ventanas
un arroyo con peces
una canción
que suaviza los oxidados músculos de los sueños
(texto tomado de El cuaderno de las resignaciones,
Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta, Gobierno
de Jalisco, México, 2005)
sábado, 14 de agosto de 2010
OLIVERIO GIRONDO (1891- 1967)
(fragmento)
12
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
(texto tomado de Noche tótem, antología
poética, 1a. reimpresión, ed. Colihue, col.
Musarisca, Buenos Aires, 2005)
viernes, 23 de julio de 2010
EDGAR LEE MASTERS (1868- 1950)
traducción y nota de
Severino Salazar (1947/2005)
Quien sea el que pase por aquí,
sepa que mi padre fue sosegado,
mientras que mi madre fue violenta.
Y yo soy el producto de esas dos partes hostiles,
pero sin mezclarse y sin fundirse,
cada una distinta y mal soldada.
Algunos de ustedes me vieron sosegado;
otros, violento;
varios, de las dos maneras.
Sin embargo, ninguna de mis dos partes causó mi ruina.
Fue la separación de las dos mitades,
nunca una parte de la otra
fue lo que me convirtió en una alma sin vida.
Edgar Lee Masters nació en Garnett, Kansas. Abogado de profesión, durante cincuenta años vivió en la ciudad, sin embargo, era un amante fiel de la vida tranquila del mundo rural. En 1915 apareció su libro Spoon River Anthology (de donde se tomó este poema), el cual se volvió un rotundo éxito editorial y un mito desde el primer momento de su aparición. Al libro le da forma una serie de poemas cortos -a manera de epitafios grabados en las tumbas-, que cuentan desde el camposanto la vida de una aldea. Cada muerto narra su vida, sus aventuras y desventuras. Es una de las cumbres de la poesía norteamericana del siglo XX. Su influencia ha permeado muchas literaturas.
domingo, 27 de junio de 2010
CONCHA URQUIZA (1910- 1945)
-Cant., VI
En tanto duerme el cuerpo distraído
y vela el corazón enamorado,
una voz en la noche me ha llamado,
y un pie, cabe mi umbral, se ha detenido.
(Es la voz deleitosa de mi Amado,
donde mi alma y mi cuerpo se han perdido).
Oíd cómo desata en tiernas quejas:
"¡Ábreme, amiga, hermana, dueño mío:
mi cabeza está llena de rocío,
del agua de la noche, mis guedejas.
Húmedo llevo el manto y tengo frío.
Ha tiempo espero, amor, bajo tus rejas!"
Así me llama por la noche en celo;
mas ya lavé mis pies, ¿y su blancura
pretenderé ensuciar hollando el suelo?
Ya desnudé la leve vestidura,
ya de la frente desprendí mi velo...
¡Dejad que llame entre la noche pura!
(poema tomado de El corazón preso,
toda la poesía reunida, Universidad Autónoma
del Estado de México (Col. Renacimiento, no.8),
México, 1985. Portada de Elvira Gascón)