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viernes, 5 de abril de 2013

Adriana Malvido, periodista

En su libro El apogeo de la mezquindad, Víctor Roura hace una severa crítica al periodismo cultural mexicano. Eso estaría muy bien, si no mintiera.
En el apartado “Aquí no ha pasado nada” recuerda cuando, en 1989, se dio la notificación oficial de las supuestas cancelaciones de las giras y los viajes de los periodistas por cuenta del gobierno. “Pero el verbo era uno y muy otra la acción”, advierte. Y, entre corchetes, agrega la mentira:
“[Hay que traer a la memoria, por ejemplo, el descubrimiento cultural del sexenio salinista consistente en el supuesto hallazgo de la tumba de la Reina Roja de Palenque, al cual fue invitada una reportera, con todos los gastos pagados, para que difundiera con estruendo —cosa que hizo muy bien, con la venia de las autoridades de Conaculta— la maravillosa noticia… que ha quedado hoy, por cierto, en el olvido…de no ser porque la misma ‘afortunada’ reportera, claro, publicó a fines del siglo XX un libro sobre su monumental ‘descubrimiento’.]”
Para empezar, nadie me invitó. Y todos, absolutamente todos los gastos por los cuatro días que permanecí en Palenque, corrieron por parte de La Jornada, diario en el que trabajaba en 1994 cuando, en efecto, tuvo lugar el hallazgo de una subestructura en el Templo XIII que condujo al descubrimiento de la tumba de la Reina Roja, que tuve el privilegio de cubrir.
Como narro en mi libro La Reina Roja, el secreto de los mayas en Palenque (Plaza y Janés-INAH), que se publicó en 2006 (no a fines del siglo XX), fue una amiga, totalmente independiente de las instituciones, quien me adelantó que habían encontrado un sarcófago en Palenque. Recurrí a Carmen Gaitán, entonces directora de Comunicación Social del INAH, en busca de información. Me la negaron, pero insistí. Supe que Salinas no quería prensa en el sitio porque él mismo quería dar la noticia en caso de tratarse de algo importante. Finalmente, ante mi terquedad diaria, el INAH autorizó que visitara el sitio para entrevistar a los arqueólogos que, una vez allí, me ofrecieron dejar el hotel y hospedarme en su campamento. Aún se ignoraba el contenido del sarcófago que permanecía sellado desde el siglo VII d.C. Fue al segundo día de mi llegada que pude presenciar el arduo trabajo con el que aquél joven equipo logró, luego de 16 horas de maniobras, deslizar la lápida y descubrir a un personaje de la realeza maya.
Continué la investigación durante doce años hasta que publiqué mi libro, que no “mi” descubrimiento, como ironiza Roura, porque ése pertenece solamente a los arqueólogos.
Dice que todo aquello cayó en el olvido. Pasa por alto el documental dirigido por Carlos Carrera El misterio de la Reina Roja, que Discovery Channel transmite a escala mundial desde el 2005; el libro La Reina Roja, una tumba real (2011), de Arnoldo González Cruz; los trabajos de Arturo Romano y Vera Tiesler, Mercedes de la Garza, Fanny López Jiménez o Guillermo Bernal. También está la versión actualizada de mi libro en La noche de la Reina Roja, aunque no creo que me perdone haberla publicado en la colección para jóvenes que editó Conaculta en 2012.

¿Apogeo de la mezquindad?


(¿Por qué no dejamos atrás la condición, al parecer insalvable, de enanidad? Nota reproducida del sitio "milenio".)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Huevos para Adela Micha

Xalapa, Ver.- La visita de la periodista de Televisa, Adela Micha, a Veracruz tuvo dos contrastes: el gobierno de Javier Duarte a través de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) le entregó el doctorado Honoris Causa; sin embargo, jóvenes del movimiento #YoSoy132 la recibieron a huevazos en el interior del Congreso local.
Ante el auditorio Sebastián Lerdo de Tejada, uno de los blanquillos fue esquivado por la conductora de noticias pero el segundo proyectil logró impactar en su hombro derecho. Micha no tuvo otra más que apechugar y tomarlo con humor: “Están muy caros para andarlos tirando”, ironizó.
La Universidad Popular Autónoma de Veracruz, institución de educación superior creada hace un año por Javier Duarte y criticada por crear “licenciaturas patito” en los estados de Tabasco y Puebla, decidió entregar este sábado la distinción a la periodista Adela Micha. Hace una semana dicho reconocimiento fue otorgado a los periodistas Armando Fuentes Aguirre Catón y a Ramón Duron Ruiz, El Filósofo de Güémez.
En el acto protocolario estuvieron presentes el secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón; la directora de Comunicación Social del gobierno de Veracruz, Georgina Domínguez Colio y el rector de la UPAV, Guillermo Zúñiga Martínez.
El evento se desarrolló conforme al guión. Buganza Salmerón puso a Adela Micha como “ejemplo del periodismo actual y la libertad de expresión”, mientras que Guillermo Zúñiga colocaba la medalla Honoris causa a quien también es una de las panelistas del programa Tercer Grado y férrea crítica del excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.
En el momento en que Micha tomó el micrófono, interactuaba con el público y resaltaba el papel de la mujer en los medios de comunicación, los estudiantes universitarios Jorge Solano Sangabriel, de 21 años y Daniel Fernández Calderón, de 22, lanzaron sendos blanquillos con dirección al presídium de honor.
Uno de ellos se estrelló en el hombro izquierdo de la conductora de Televisa. Acto seguido, los estudiantes salieron corriendo del recinto legislativo, se brincaron la barda metálica del Congreso local y subieron al primer camión que encontraron.
Sin embargo, más adelante fueron detenidos por la Policía Estatal Conurbación Xalapa y canalizados al cuartel de San José.


(Para una "periodista patito", una distinción "patito", de una universidad "patito" entregada por un goberrnador "patito" como de los que hay tantos en este país agobiado y atosigado por la "guerra patito" de un Calderón Hinojosa que, gracias a los 80 mil muertos del sexenio y los cien mil desplazados por la violencia, pronto se irá a la quinta donde descansa en paz AMLO, "La Chingada". Nota del sitio Apro.)

lunes, 20 de agosto de 2012

Lydia Cacho: "tiempo de carroñeros"

El escritor italiano Roberto Saviano ha dicho de ella que “es un modelo para cualquiera que quiera convertirse en periodista”. El autor de Gomorra escribió eso en el prólogo de Esclavas del Poder, un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo, el libro-denuncia al que Lydia Cacho (México DF, 1963) atribuye el que hoy se encuentre fuera de su país, escondida, tras haber recibido una amenaza que se toma muy en serio.
“Hay gente que piensa que lo de las amenazas es una cantaleta. Yo también estoy harta, muy harta de tener que hacer público el hecho de haber sido amenazada, pero también creo que precisamente el que no me quedo callada, el que investigo quién hace la amenaza y digo los nombres, el hecho de que aporto evidencia, esa actitud es una de las razones por las que sigo viva”, dice Lydia Cacho vía telefónica en entrevista para El País.
El 3 de agosto pasado se supo que Cacho, que desde hace más de 20 años tiene su domicilio en Cancún, Quintana Roo, había abandonado México más que por la amenaza --“siempre es muy impresionante contestar y que te digan que te van a entregar hecha pedazos a tu familia”--, por lo que esta implicaba: su anillo de seguridad había sido violado.
“Desde hace años tengo, por razones de seguridad, un radio satelital que es prácticamente imposible de intervenir a menos de que tengas un equipo muy sofisticado, equipo que solo tienen altos mandos de los carteles y de la Marina Armada de México. Con la Marina no tengo ningún problema, así que entonces sólo nos queda alguno de los cárteles que viven y tienen asentados sus reales en Quintana Roo”, explica Lydia.
Tras la amenaza, la periodista llamó a sus abogados y a unos asesores extranjeros especializados en rescate de personas secuestradas a quienes no identifica. “En un par de horas me dijeron que tenía que salirme de inmediato. En otras ocasiones me han dado otro tipo de instrucciones, pero ahora me dijeron ‘toma tu pasaporte y salte de inmediato, porque esto no lo puede hacer cualquiera, y tienen que haberlo hecho a menos de cinco kilómetros de tu casa”.

En enero de este año se informó que Lydia Cacho se había visto forzada a limitar las actividades del CIAM, Centro Integral de Atención a las Mujeres, como refugio secreto para mujeres y sus hijos que enfrentan una situación de violencia de género, familiar y sexual. Ahora, quien ha brindado apoyo a miles de mujeres en ese centro desde el año 2000, ha tenido que salir al extranjero, por amenazas que ella ubica en su trabajo periodístico de denuncia de las redes mexicanas de pederastia (su libro de 2005 Los demonios del Edén. El poder detrás de la pornografía infantil es un referencia en la materia) y de las mafias internacionales dedicadas a la trata sexual de mujeres desnudado en 2010 en Esclavas del Poder.
“Me queda claro que mi trabajo periodístico es de alto riesgo. Y justamente porque soy una mujer de 50 años que sabe que su trabajo es de alto riesgo también me cuido muchísimo”, dice Lydia, que subraya que ya no es posible tomarse a la ligera las amenazas, como ella cree que han hecho algunos periodistas mexicanos que posteriormente fueron asesinados.
“Cuando estuve hace unos meses en Veracruz platicando con Regina Martínez (asesinada el 28 de abril pasado) me dijo que había recibido comentarios que parecían amenazas, o algunas amenazas veladas de miembros del gobierno de Veracruz, pero un poco hasta riéndose, no? diciendo “nombre, es que los que te amenazan no te matan, cuando te van a matar te acaban y ya, punto, nadie te avisa”. Probablemente antes sí sucedía eso, pero en los últimos años los periodistas hemos aprendido que la delincuencia organizada y los personajes del poder corrupto a quienes estamos evidenciando con nuestro trabajo, están convirtiendo a las amenazas en parte de sus ceremonias de poder. Primero vienen las amenazas en cierta forma y después viene la muerte. Es parte de su propia ceremonia de violencia. Me queda muy claro eso y no estoy dispuesta a integrarme a las cifras de los muertos. Yo quiero estar en las cifras de las vivas y prefiero estar en las de las perseguidas, que en las de las muertas”.
Lydia explica que en México los periodistas que trabajan en la ciudad de México no ven el nivel de descomposición y los riesgos que enfrentan los informadores en los estados. “Lo que nos hace falta hacer como periodistas, es realizar un mapeo de nuestros propios estados y de los riesgos que corremos, y de cómo están cambiando las cosas. Creo que es lo que nos está faltando, poder hacer evaluaciones distintas, poder tener asesorías de grupos más especializados”. Lydia se congratula de que a ella, de manera gratuita, le han brindado apoyo expertos extranjeros en seguridad personal, pero sabe que ella es una excepción.
Porque recurrir a las autoridades mexicanas en búsqueda de protección y de justicia no es una opción, denuncia Lydia. “La última recomendación que yo tuve de la procuradora (Marisela Morales, procuradora general de la República), en la amenaza pasada, personalmente ella me dijo: ‘sería mejor que te salieras unos meses del país. En este momento para la autoridad la mejor recomendación que nos pueden hacer a los periodistas es que nos salgamos del país, ellos no tienen ni la voluntad ni los recursos para investigar. Es un fracaso absoluto”.
La periodista, que ha recibido múltiples premios internacionales por su trabajo, ve con pesimismo el futuro, más en México, donde el Partido Revolucionario Institucional regresará a la presidencia de la República: “no vienen buenos tiempos para México, son buenos tiempos para los carroñeros, pero no para la sociedad. Y creo que es cuando el país más nos necesita, a periodistas que estemos dispuestos a seguir dando la batalla en los estados y seguir cubriendo asunto locales que puedan hacer alguna diferencia para el fortalecimiento de la sociedad”.
Al concluir la entrevista, Lydia reitera que regresará a su país apenas tenga de nuevo un esquema de seguridad que le deje tranquila. “Yo por supuesto que quiero volver a mi país, ¡nomás faltaba que me desterraran! Lo que pasa es que no me quiero jugar la vida sin por lo menos hacer el esfuerzo de cuidarme muchísimo y cuidar a mi gente”.


(entrevista de Salvador Camarena reproducida del sitio de El País.)