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sábado, 22 de septiembre de 2012

Cali, el paraíso

Un día me contó Ricardo que salió una mañana de domingo a trotar por la ribera del río Pance en Cali, Colombia, y que de repente fue embestido por un tipo que lo despojó de sus pertenencias dejándolo en meros calzones y lejos de su casa.
Para mí no era muy clara aquella anécdota, tan de cuento de hadas y tan escasa de detalles. Por eso mismo, continué preguntándole al respecto. A tanto insistir, me dijo lo que verdaderamente había sucedido aquel día. Había ido al valle de los Hongos, un pequeño valle que bordea el río a escasos minutos de la ciudad de Cali por la vía que conduce a pueblo Pance (lugar que ya había escuchado mencionar por amigos de la universidad que iban en busca de hongos alucinógenos). Que, de repente, le dio por subir desnudo a un árbol para tomar el sol y que de un momento a otro, un chico salió corriendo con todas sus pertenencias. Terminó su corta historia diciéndome que jamás se me ocurriera ir por ese lugar, porque era extremadamente peligroso y que él mismo por ningún motivo iba a permitir que yo fuera a ese lugar solo. Dicen por allí, que "siempre lo prohibido es causa de tentación". Así que empecé a insistir en querer ir a ese lugar, y pues nada…"puedes llegar a cualquier parte, siempre que andes lo suficiente", y eso ya lo había dicho Lewis Carroll.
Por fin un día me lo contó completo: que era usual ver en el Valle de los Hongos a hombres desnudos subidos en los árboles a plena luz del sol, y que además de llamarse este lugar el Valle de los Hongos, también era llamado: Valle de las Ninfas o Valle de las Mariposas. Con esto fue suficiente para atar mis cabos sueltos. Luego até más cabos y me di cuenta de que había oído hablar otras veces de ese lugar, que hay susurros y versiones parecidas. Entonces con mayor razón me entró la curiosidad de ir a conocer aquel lugar. Un día lo logré. Todos los sábados o domingos salía con Ricardo a montar bicicleta a la Ciclo Ruta; pero el sábado 6 de octubre de 2007, 11.17 a.m., cambiamos nuestra ruta habitual de montar bicicleta por la vía que conduce a pueblo Pance. Ir a este lugar significa pasar obligatoriamente por un costado de aquel valle tan mencionado.
Aquel día entramos al sitio pasando por debajo de la cerca y con la primera exploración visual del lugar me sucedió algo extraño, pues para mí era algo así como entrar a otra dimensión. Me llené de nervios, de una infinita curiosidad en medio de un toque de morbo que salió a flote. Empezamos a caminar por la ribera del río, cuando de repente vimos a lo lejos un chico desnudo, que posaba sentado sobre la rama de un árbol seco, mientras otro desde abajo lo miraba y se acariciaba el bulto. Más adelante, otro chico caminaba desnudo muy tranquilo con las ropas en la mano; otro se bañaba en el río, también desnudo, mientras el otro acostado en la hierba exhibía su torso al incandescente sol del mediodía. Y así, seguí mirando al horizonte y vi más chicos caminando desnudos y otros subidos en las copas de los árboles.
Mientras tanto, nosotros seguíamos caminando con las bicicletas en la mano. Ese día no hablé, sólo caminé y observé. De repente, le dije a Ricardo que quería bañarme. Tímidamente nos desnudamos y nos bañamos en el río. Yo subí a un pequeño árbol que estaba despojado de hojas, me quedé de pie en una de sus ramas, mientras el sol posaba sobre mi cuerpo. Por un momento cerré los ojos, mientras ojos inquietos que pasaban me miraban. Sé que no se detenían, porque a mi lado estaba Ricardo quien cuidaba la escena. Ese mismo día, le pedí a Ricardo que me tomara una foto. Fue la primera de una  serie que ahora forma una exposición.
Desde entonces, seguí frecuentando el Valle de las Ninfas, intentando tener contacto con los chicos que llegaban al lugar. Pero me llené de imposibilidad. Sólo pensaba en que la gente que allí llegaba, lo que menos quería era ser entrevistada o fotografiada. Ese era un lugar que aún guardaba la magia de no ser descubierto, y yo no quería llegar con carácter de conquistador de una tierra con dueños. Ya había sido conquistado y despojado de mi herencia por hombres vestidos hasta el cuello. Aquella conquista emancipadora que tuvieron que sufrir mis antepasados. Sentía que por este pequeño valle no habían pasado Cristóbal Colón, Américo Vespucio o Francisco Pizarro despojando de vestiduras a las gentes, arrebatando su alma y libertad. Yo no quería repetir la historia, no quería ser quien pisara aquel lugar que fascinaba por los cuerpos de hombres desnudos en el río o en las copas de los árboles. Yo me sentía parte de este valle, y por ello tomé la decisión de que fuese mi propio cuerpo quien diera testimonio de aquel maravilloso lugar, donde las ramas de los árboles parecían brazos que se abrían para ofrendar sus frutos. Un mimetismo de ramas y cuerpos que se unían en uno solo…
El Valle de las Ninfas se convirtió en el espacio perfecto para realizar fotografías con chicos que querían danzar desnudos sobre un árbol. Donde yo era en esta ocasión el observador pero también quería ser el observado. Así, nació Adanes, una serie de fotografías de chicos desnudos sobre árboles en diferentes escenarios naturales en el Valle del Cauca Colombia y en la periferia de la ciudad de Guadalajara, en el estado de Jalisco, México.
Empecé entonces una ardua investigación. Así pues, indagando y preguntando sobre este lugar, coincidió, que el Valle de los Hongos, Valle de las Mariposas o también llamado Valle de las Ninfas, aquel pequeño valle en la periferia de Cali, bordeado por las cristalinas aguas del río Pance que bajan desde las laderas de los farallones, este pequeño Valle, también había sido el lugar de inspiración y encuentro de artistas que hallaron en las aguas cristalinas del río, el sol, los hongos, los árboles de guayabas, tachuelos, guayacanes, gualandayes y guamos, el espacio propicio para dejar volar su inspiración. Pues entre los años sesenta y setenta Cali fue permeada por una gran actividad cultural desde la plástica, la gráfica, la fotografía, la literatura, la crítica, el teatro y el cine, con personajes como Andrés Caicedo, Luis Ospina, Miguel González, Carlos Mayolo, Fernell Franco, Ever Astudillo, Oscar Muñoz, Enrique Buenaventura, entre otros jóvenes inquietos que entregaron a Cali sitios de encuentro y reflexión en torno de las artes, y que hoy perduran en la memoria de la gente caleña. Me enteré que el Valle de los Hongos, así como lo llamaban, fue el escenario de este grupo de artistas que alucinaban por mostrar al mundo una Cali llena de cultura al lado de los árboles, el río, la hierba y las vacas que parecían alargar sus formas como ninfas de su inspiración.
La gente que llega al Valle de las Ninfas hoy generalmente se encuentra los fines de semana, aunque también se puede encontrar gente en los días hábiles. Están allí desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde. En su mayoría son chicos con cuerpos muy cuidados que buscan en este lugar un lugar de encuentro y exhibicionismo. Tendrán entre 18 y 40 años los paseantes, así como los frutos de los árboles.
Vi en ocasiones chicos que tenían relaciones sobre el mismo árbol, en la hierba o dentro del rio. Si es un lugar de compra y venta, no completamente, es posible que sí se produzca algún tipo de negociación por sexo, pero no se puede decir que todo lo que ocurre aquí ocurre por dinero. Es un lugar que está fuera de la ciudad. No hay ley que lo prohíba ni nadie que regentee. Los chicos en los árboles siempre están desnudos. Y desde abajo se consigue relacionarse con ellos si mediar palabra, por cruce de miradas, tal vez algo comparable con el cabeceo del tango.
Este lugar se llama el Valle de las Ninfas, no por las chicas que aquí llegan, pues es más frecuente ver chicos que chicas; es simplemente una metáfora que hace alusión a las ninfas mitológicas. Respecto de las chicas, es frecuente verlas en parejas. Son chicas que no van a encontrarse con otras chicas.

 Henry Narváez Perlaza es biólogo marino y maestro de artes plásticas del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali. Desde la plástica y la fotografía ha investigado imágenes, poses y silencios de los cuerpos y sobre todo del homoerotismo. Actualmente esta exposición itinerante se encuentra en Cali, y en octubre se presentará en la Universidad de Guadalajara, Jalisco, México.


(crónica tomada del sitio "soy", diario Clarín, Buenos Aires.)

sábado, 1 de septiembre de 2012

Malcolm Browne (1931/2012 ), fotógrafo

Una fotografía para dar cuenta de un momento. Una fotografía para incendiar los días. Una fotografía para cambiar la historia.
El único periodista que asistió al llamado fue Malcolm Browne. Armado con su cámara, el reportero de la Associated Press llegó a una calle cerrada de Saigón (Vietnam) en la mañana del 11 de junio de 1963.
Lo siguiente es historia, una de las imágenes más impactantes de la guerra de Vietnam, un documento esencial con el cual el conflicto entró en la justa perspectiva de la verdad: horror, destrucción, la pérdida de toda esperanza.
Varios monjes rociaron con combustible para avión a Thich Quang Duc, monje budista, ícono. Sentado en posición de flor de loto, el hombre, ante la mirada impávida de 500 personas, tomó un fósforo entre sus manos, lo prendió y lo dejó caer encima de él.
La imagen es eso, el fuego de la guerra encima de un cuerpo que dice completamente lo contrario, habla de paz, de resistencia, de coraje y valor más allá de la carne, del humano.
La fotografía fue publicada en la primera página de cientos de diarios en el mundo y, así como las llamas que prendieron al monje, el documento fue el comienzo de un levantamiento popular en contra del régimen de Vietnam del Sur (apoyado por Estados Unidos), que terminó en el derrocamiento del presidente del país asiático y su hermano, jefe de seguridad nacional.
Además de la revolución en las calles, la fotografía tomada por Browne fue uno de los primeros retratos descarnados de lo que en el discurso oficial de los Estados Unidos era un asunto ganado.
Fotógrafos de la talla de James Nachtwey han repetido hasta la saciedad que las imágenes de los reporteros gráficos de la época comenzaron a desdibujar el panorama inalterable de una guerra justa y bien ganada. En últimas, el trabajo de profesionales como Browne terminó por inclinar la balanza de la opinión pública, además de ser la primera chispa en la carrera de una generación de jóvenes que años después andaría persiguiendo en fotografías la verdad detrás de las mentiras en tantas otras guerras.
El poder de la imagen para hablar de lo esencial es lo que hace del trabajo de Browne un asunto para celebrar y conmemorar hoy, cuando el fotógrafo se fue, pero queda su legado, una historia hecha cuadro a cuadro.


(nota de Santiago La Rotta clonada del sitio de El Espectador, Colombia.)

lunes, 11 de junio de 2012

Héctor García: una pasión terminal

En la imagen se ve un niño. Va descalzo. La ropa maltrecha. Un sombrero que se intuye blanco. Hay dos carros a los lados. Dos carros enfrentados, como queriendo aprisionarlo. En una esquina se lee USA. Es posible que las letras hagan parte de otra palabra, pero la imagen sólo deja ver esto. Pocos elementos, que a la vez dicen todo. Remata el título: “Entre el progreso y el desarrollo”.

Héctor García asumió la fotografía como un oficio social. Denunciante, pero no panfletario. Consciente, pero no aleccionador. Bello. Sutil. Concreto. En más de 60 años de trabajo produjo más de un millón de diapositivas que hoy son tratadas como un tesoro nacional en México, pues el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) se dio a la tarea de digitalizar la obra de este gran maestro que retrató la profunda inequidad de una sociedad que progresa por encima de su propia gente, una historia harto conocida en el resto del continente, por lo demás.
García nació en 1923 y al poco tiempo quedó huérfano. Parte de su educación vino de la calle, un lugar que aparecería constantemente en sus fotografías como personaje de sus retratos, fondo de la injusticia, testigo del desarrollo. Fue un inmigrante fallido y deportado. Al regresar obligado de Estados Unidos comenzó a trabajar para varias publicaciones, no como fotógrafo, sino más como observador del oficio, un alumno de la técnica, pues su estética, su ojo, fue un asunto que saldó con la ciudad misma: el hombre de la calle.
En un principio no le era permitido sacar fotografías. Para finales de los años cincuenta, García trabajaba como fotorreportero para el periódico Excelsior. Por esos días, Demetrio Vallejo era ya una prominente figura de la izquierda mexicana quien, desde el sindicato de trabajadores de los ferrocarriles, levantaba polvo con una serie de huelgas por las cuales fue encarcelado. García tomó las fotos de su aprisionamiento, imágenes que Excelsior no quiso publicar.
En unos pocos años, el fotorreportero pasó de no poder publicar por falta de experiencia a no poder publicar por una censura disfrazada de desdén editorial.
La voluntad lo es todo. Con el apoyo del periodista Horacio Quiñones, quien puso el capital y convenció a García, publicaron la revista ‘Ojo!, una revista que ve’, en la que aparecía el reportaje gráfico de las huelgas de los ferrocarriles. Se imprimieron cinco mil ejemplares y otro amigo se encargó de distribuirla. Toda la edición se fue en un día, incluso a precios más altos que el de la portada.
Con este éxito, García pensó en imprimir más ejemplares, hasta que Quiñones le advirtió que la Policía había pasado por el taller de impresión y se había llevado las placas. El reportero gráfico debió esconderse por un tiempo. En 1959 ganó el premio nacional de periodismo de México por este trabajo.
La reportería gráfica es un asunto que suele incomodar al poder, cuyo reflejo sale impoluto de la cámara, libre de zalamerías y artificios para ganar elecciones. La realidad de García era cargada de tonos oscuros, con un marcado contraste entre la sombra y la luz, como si México entero sólo existiera en esa franja dramática de la imagen, la tensión entre el olvido y la sobreexposición.
El legado de García es la crónica social que dejó de un país que emergió de una revolución popular para entrar en conflicto luego con el desarrollo y el mercado. Su mirada es, más que una lección, un estudio de lo urbano, un ejercicio de observación de la vida al interior de la colmena de abejas. Su último deseo era ser enterrado de pie en un panteón de Xochimilco, al sur de Ciudad de México, con una ventanita en el ataúd "para que pudiera seguir viendo la ciudad". La fotografía como pasión terminal.


(La última vez que tuviste a la mano la mano del fotógrafo Héctor García, aquí en Zacatecas, fue en la premiación de un concurso de fotografía, en que fue jurado y estaba presente para entregar los premios. Esperaste a que se desocupara para decirle que eres amigo del pintor xalapeño Pepe Maya, amigo de correrías suyo, pero nunca lo "soltó" el colega Juan Antonio Sánchez (a) El Cuajanais, que falleció mucho antes que el autor de la foto de David Alfaro Siqueiros en Lecumberri. Nota de Santiago La Rotta en el diario El Espectador, de Colombia, on line.)

lunes, 13 de febrero de 2012

Premio World Press Photo

FOTO DEL AÑO. Una mujer sujeta en sus brazos a un familiar herido, dentro de una mezquita convertida en hospital de emergencia durante las protestas contra Saleh en Sanaa, Yemen.
Samuel Aranda ganó el primer lugar del premio anual World Press Photo por este trabajo captado el año pasado en Sanaa, Yemen, en que una madre sostiene a su hijo yerto en una mezquita tranformada en hospital. Nota de Público en línea.

viernes, 21 de octubre de 2011

ARTE FUNDADO EN LA PÉRDIDA

Solo hay algo peor que ser negra y lesbiana en África. Ser, además, pobre. La fotógrafa y activista Zanele Muholi (Umlazi, Durban, Sudáfrica, 1972) es una profunda conocedora del tema. Por formar parte de esta comunidad y por los muchos años que lleva denunciando los crímenes consecuencia de la homofobia. Las terribles violaciones "curativas", las tremendas agresiones perpetradas contra las lesbianas negras en África, la realidad del VIH y los asesinatos han sido temas constantes en su trabajo. La sala de exposiciones de Casa África en Las Palmas de Gran Canaria abre hoy al público una retrospectiva de su obra titulada Fragmentos de una nueva historia. En esta entrevista realizada por correo electrónico antes de viajar a España para inaugurar la exposición habla con crudeza de la necesidad de poner cara a las víctimas de la discriminación, de la necesidad de seguir siendo una activista a plena dedicación y de las posibilidades redentoras del arte.

Pregunta. Su trabajo ha sido expuesto en lugares tan importantes como la Bienal de Sao Paulo (2010); el Victoria & Albert de Londres (2011) o la galería Leslie / Lohman de Nueva York (2011). ¿Están aquí recogidos todos sus temas?
Respuesta. Sí, en la selección de la exposición se tocan varias temáticas de mi obra. En especial, las políticas identitarias que se centran sobre los individuos LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales ) y negros en Sudáfrica y sus diferentes fases. Trabajo mucho en los Townships, donde nací, un espacio en el que me siento cómoda y donde pasan muchas cosas. La gente se niega a entender y hay muchos prejuicios, y eso hace que los LGTB no puedan vivir sus vidas abiertamente.
Me concentro sobre las identidades negras en este espacio. Es una manera de producir una historia sobre seres humanos que poseen múltiples y complejas identidades. Sudáfrica tiene la Constitución más progresista de África, pero una cosa es escribir una constitución y otra es la realidad cotidiana del país; aquellos que aparentemente están protegidos no se les debería discriminar ni atacar solo por su orientación sexual, solo por ser una mujer negra, lesbiana. Por lo que yo no estoy protegida.
Hay crímenes de odio, matanzas y múltiples formas de violencia donde se articula este prejuicio existente, a pesar de la Constitución. Por lo que en mi trabajo fotográfico y videográfico pongo de manifiesto esta distancia entre la constitución y la realidad, para asegurar una visibilidad y que los LGBT en Sudáfrica estén presentes en los libros de historia como contribuyentes a la economía del país. Hay que ponerles caras a las múltiples experiencias y realidades de las gentes de Sudáfrica. Documento las políticas identitarias como una activista visual y siempre desde dentro, porque yo soy parte de esa comunidad.
P. Mujer, negra, y lesbiana. ¿Cree percibir una triple discriminación?
R. En muchos casos, sí. Se viven muchas formas de discriminación. Para empezar soy Negra, de otra raza, que puede ser visto como inferior para los racistas, además soy Lesbiana y estoy en una relación interracial, yo soy negra y mi pareja es blanca. Cuando salimos las dos, como cualquier otra pareja a cenar o de compras, la gente nos mira y piensa que ella me paga, piensa que yo soy su mera sirvienta o asistente, como si yo fuera de su posesión, se piensa que la blanca me esta haciendo un favor. En ningún caso se nos ve como iguales dentro de una relación amorosa. Hay muchas parejas interraciales, de mujeres y hombres que pueden tener sus ventajas pero en nuestro caso son solo desventajas.
Hay muchas capas de discriminación no solo por ser negra y mujer pero estar en una relación con una persona del mismo sexo triplica el efecto. La raza juega un papel muy importante cuando se mezcla con el sexo. Los prejuicios se consolidan aún más y se establecen lecturas de poder y clase donde la mujer negra sigue a la mujer blanca como subordinada.
P. ¿Cómo sobrevive uno cuando debe de enfrentarse a esas discriminaciones?
R. Soy primero una activista. Enfrentarme a esa discriminación es parte de mi vida y no solo de mi trabajo fotográfico. Como fotógrafa considero que debo de tener una agenda política. Uno debe tener un empeño activista y entender el sentido y las maneras, las estrategias de cómo tratar con esa discriminación. Yo fotografío con un discurso político específico y no solo para crear imágenes bellas. Lo hago para crear diálogos y enfatizar nuestra resistencia y existencia en nuestros espacios y comunidades. Pero uno debe de tener mucho cuidado en la manera en cómo lo desarrolla. No solo me pongo yo en peligro sino que también pongo a las demás en peligro. Diferentes tipos de confrontación funcionan de diferentes maneras según tu interlocutor por lo que puedo poner a gente en peligro cuando me enfrento a los homófobos. Hay que generar buenas estrategias para tratar la discriminación. No es un trabajo puramente individual, trabajo como mucha gente, con muchas organizaciones, no lo hago sola.
P. ¿Siente que los colectivos feministas y las organizaciones gais son solidarios con usted?
R. Sí. Los colectivos feministas me han ayudado mucho. Trabajo con muchas académicas e intelectuales feministas en universidades y organizaciones diversas. Colaboro asiduamente en universidades con estudiantes que usan mi trabajo para sus estudios y a su vez me ayudan a articular mi propio trabajo. Funcionan como un punto de referencia para mí. Y es muy importante el hecho de que mi trabajo no solo se muestre en galerías, en museos sino que forme parte de la educación, del curriculo nacional. Mi trabajo se usa mucho en cursos sobre sexualidad y estudios de género. También han colaborado mucho las organizaciones gays.
Antes de ser un artista a tiempo completo yo era una activista a tiempo completo. Ahora soy una activista visual y colaboro con muchas organizaciones LGBTI en Sudáfrica y otros lugares. Colaboro en muchas publicaciones y soy miembro de algunas organizaciones LGBTI. De hecho acabamos de terminar un proyecto llamado Queer Malawi por ejemplo. Trabajo con muchas organizaciones feministas y no gubernamentales para dar toda la visibilidad necesaria a nuestra comunidad.
P. ¿Qué pasa con los partidos políticos convencionales? ¿Cómo llamaría su atención?
R. Mi fotografía es política. Todo depende de donde sea expuesto. Si la gente no acepta lo gay, todo se complica. Mi trabajo por ejemplo fue censurado por la exministra de las Artes y la Cultura de mi país, Lulu Xingwana. No sé cuantos más reaccionaran así ni tampoco cuántos me defenderían. El arte es política para mí. Hay artistas que se centran en la economía. A mí me interesan los derechos humanos. Reclamo el espacio público, que se supone que es dominio de todos aquellos ciudadanos amparados por la constitución. Quiero dar visibilidad a esos cuerpos y que sean escuchadas esas voces. Nadie debería sufrir por el camino. Si realmente todos luchamos por los derechos humanos, por la defensa de la ciudadanía entonces que realmente así sea.
P. Veo que sus fotografías están cargadas de historias. Algunas de ellas muestran momentos difíciles. ¿Hay alguna que destacaría en particular?
R. Toda la serie titulada Faces&Phases, cada rostro, tiene una historia que contar.También quizás la serie de las personas transgénero, de los Beulahs, esos bellos individuos que pasan de ser hombres a mujeres, de forma tan mágica. Este movimiento fantástico transgénero que está saliendo en Sudáfrica por primera vez. Es gente que nunca hasta ahora había gozado de un espacio para desarrollarse. También me preocupa el acceso a la salud de todos ellos. En su proceso de transformación necesitan muchas hormonas y medicamentos y muchos no tienen dinero para pagárselo. El gobierno tendría que resolver este problema.
Faces&Phases es muy importante. Me preocupa que se esté matando a gente. Que mujeres sean violadas. Me preocupa que se estén perdiendo vidas jóvenes. En este año hemos perdido ya a cuatro personas. El cuerpo de Ntsiki Tyatyela fue hallado en una basura en la esquina de la casa de su madre en Nyanga.
No solo soy fotógrafa debo ser una activista porque también te puede pasar a ti, te puede tocar en cualquier momento. Tu vida no esta garantizada. Jóvenes menores de 25 años brutalmente atacadas y matadas. Las lesbianas de nuestra comunidad asisten a más funerales que a fiestas.
Te empiezas a preguntar: '¿qué es la libertad?', '¿qué significa realmente la democracia?' Justamente el viernes pasado amigas mías asistieron al juicio de Zoliswa quien fue apedreada hasta la muerte con solo 19 años de edad. Un juicio que ha tardado cinco años en resolverse. Ayer mismo asistimos al memorial de esa chica de 21 años que fue encontrada en la basura. Esta es la realidad de Sudáfrica. Es doloroso, duele, y está todo equivocado. Es por eso que hago mi trabajo. Está mucho más allá de la belleza. Es sobre la pérdida. Toda esta violencia solamente por decir que amas a otra mujer.
P. Pese a la dureza de los temas que trata, la belleza flota en cada imagen, ¿cómo lo consigue?
R. Es muy importante en la fotografía establecer una relación cercana con la gente. Que haya una relación real y que entiendan el sentido de lo que haces y de lo que quieres conseguir. Es muy importante para mí conocer muy bien a la gente con la que trabajo. Darles apoyo cuando lo necesitan y si no puedo concedérselo yo dirigirles a aquellos que puedan dárselo. Las relaciones son francamente importantes. No puedes tener belleza, eso es solo una parte. No puedes conseguir imágenes potentes sin esa relación. Siempre pienso en qué estarán pensando cuando me acerco con mi cámara a retratarles. Cuando vienen los momentos difíciles hay que estar ahí para apoyar y mantener esas relaciones con cada una de las personas con las que trabajo. Y es muy importante que ellos entiendan los motivos de mi trabajo.
Así en las fotos donde retrato a personas vestidas con trajes tradicionales y collares con cuentas trato de deshacer las diferentes visiones sobre la sexualidad. Si somos miembros de diferentes tribus, Zulu o Kosa en Sudáfrica, a parte de ser LGBTI, tenemos también nuestros códigos y rituales ancestrales que forman parte de nuestra cotidianidad. Para los Zulus, las cuentas son muy importantes y forman parte de nuestros códigos de vestimenta, cada color tiene un significado. Estos significados que deberíamos compartir más allá de la belleza. ¿Qué significa un hombre femenino que viste con collares tradicionales de la joven prometida zulú? ¿Quiere decir que reclama sus valores ancestrales o es simplemente una manifestación artística? Todos estos significados se entremezclan.
P. En aras de esa belleza, ¿sería usted capaz de manipular una historia?
R. La mayoría de los espacios en los que trabajo son naturales. Se percibe que es natural y ves que esa belleza no se puede manipular. Si hiciera trabajo en un estudio donde todo se manipula, quizás. Pero yo trabajo en el contexto externo, natural. No hay necesidad de manipular, ni fabricar, es la realidad pura y dura. No hay necesidad de recrear un evento. Me gusta trabajar en ese espacio público, porque es nuestro y hay que apropiárselo. Son historias reales, personas reales, son personas bellas viviendo sus vidas reales. No hay necesidad de fabricar, de manipular, nada.
P. ¿Cree que el arte tiene un papel incuestionable en la transformación del mundo?
R. Esta pregunta es rara. El arte sí tiene un rol, pero todo depende del contexto en que se desarrolla. El arte LGBTI, no solo en Sudáfrica sino en todo África, sí tiene un rol que jugar, ya que es fundamental afianzar de dónde venimos e intentar que nuestro arte cambie las mentalidades de nuestros líderes políticos y religiosos. Sí tiene un rol pero si hay un espacio digno para ello y no ser perseguido y atacado, poniendo su vida en peligro.
Tiene un papel pero tenemos que pensar en el contexto en el que se presenta y donde se produce esa obra. Es importante que el arte cambie las cosas pero hay que concebir el espacio en donde se articula. Si pienso en los artistas del Apartheid que tuvieron que exiliarse para hablar, consiguieron cambiar muchas cosas pero desde fuera y se murieron en el exilio ya que no podían hablar desde dentro. Yo vivo en Sudáfrica pero si viviera en Ruanda sería perseguida y condenada. Ahí poco se puede hacer, ni en Malí, ni en Sudán. Todo depende de donde estás y a quien te diriges.


(La periodista Ángeles García, con "Las lesbianas de nuestra comunidad asisten más  a funerales que a fiestas", ofrece un conmovedor retrato de Zanele Muholi, fotógrafa y activista comprometida con grupos gays africanos. Charla desgarradora reproducida íntegra del diario El País.)

lunes, 19 de septiembre de 2011

TUNICK EN ISRAEL

Desnudos en Israel

Desnudos a orillas del Mar Muerto, foto de S. Tunick, El Espectador.

lunes, 30 de mayo de 2011

FRANK MONTERO, FOTÓGRAFO (?)

Fue seminarista católico, pionero del protestantismo, misionero metodista, cantante de ópera, periodista y divulgador del espiritismo. Todos ellos fue Frank Montero Collado, que se fotografió entre 1855 y 1925, y dejó 23 autorretratos que la posteridad recogió a saldo de un cajón abandonado en un mercadillo, arrinconado entre las miles de fotos de historias olvidadas. Montero Collado se disfrazó de todo eso, uso mil formas para una misma cara y no dejó escrito más que unas breves leyendas caligrafiadas sobre sus fotografías, que revelan algunos pasajes y datos sobre lo que aparentemente fue su vida.

"Es un enigma absoluto. Son 23 fotos de estudio que representan toda su vida escenificada, en la que Frank Montero aparece actuando. No sabemos absolutamente nada de él", reconoce a este periódico Gerardo Mosquera, nuevo comisario durante los próximos tres años del festival internacional PHotoEspaña, que ha elegido el retrato como centro de todas las miradas del encuentro, que se prolonga desde hoy hasta el próximo 24 de julio en Madrid, Lisboa, Cuenca y Alcalá de Henares.
"Quería indagar sobre los aspectos comunicativos del retrato. Es uno de los grandes géneros pictóricos y fotográficos, pero los artistas contemporáneos lo utilizan más como medio que como género. Es una herramienta para construir discursos artísticos e indagar en otras cuestiones", explica en clara referencia a los reconocidos Thomas Ruff o Cindy Sherman, los otros dos fotógrafos que acompañan a Montero Collado en la exposición 1.000 caras / 0 caras / 1 rostro (Fundación Telefónica y sala Alcalá 31).
Sherman es la mujer de las mil caras, la gran apropiadora de rostros y figuras ajenas; Ruff, por el contrario, quiere desintegrar al sujeto retratado, alienarlo, igualarlo de forma repetitiva: "La ausencia de expresión en los rostros, el encuadre fijo, la iluminación plana, el vestuario y el fondo neutros", según Mosquera.

La marca del tiempo

El comisario ha elegido el contraste de dos fotógrafos de prestigio frente a un anónimo, del que se enseñan en primicia mundial sus escuetos fondos, para reflexionar sobre los caminos de la identidad, la representación y la comunicación del arte y la sociedad contemporánea: "En Sherman tenemos una cara que produce a todas, en Ruff son todas las caras multiplicadas por cero y en Montero vemos el propio rostro representándose a sí mismo en los innumerables rostros de los cambios del tiempo y de la vida", apunta Mosquera.
La investigadora Diana Cuellar Ledesma ha seguido la pista a Frank Montero Collado, consultando archivos y hemerotecas en Puebla y Ciudad de México, para descubrir que la huella que dejó el personaje en su época fue ínfima. Un fantasma transparente, otro más. "Seguramente fueron tarjetas de visita", explica para aclarar que las 23 imágenes forman parte de un álbum bastante peculiar, ya que la mayoría son fotos de sus fotos; es decir, fotografías de principios del siglo XX tomadas a su vez de otras fotos antiguas.
Montero Collado, que hizo las fotos sin intención artística consciente fueron compradas por el coleccionista Ramón López Quiroga vio en la fotografía un medio para escenificarse a sí mismo en las distintas etapas de su vida, desde los 4 años hasta la vejez. ¿Pero quién fue este personaje? ¿Vivió todo lo que representa? ¿Son ilusiones de otras vidas o realidad para el recuerdo? Parece incluso que Montero Collado fuera una gran broma al estilo del historiador, crítico y fotógrafo Joan Fontcuberta, en la que se ha tomado una parte por el todo, es decir, la cara por la persona, para construir una identidad. Un Frankenstein a base de fotos de estudio.

Vida rocambolesca

Diana Cuellar observa que por la caligrafía y la tinta sabemos que la información a pie de foto fue escrita toda de una vez y a posteriori. Así, la mayoría de las fechas referidas no son exactas, sino que "se anotaron a base de recuerdos", como explica la especialista. De esta manera, parece que perteneció a una familia adinerada del siglo XIX, que estuvo internado en un colegio francés, que estudió para seminarista, como profesor de filosofía y español, que fue periodista, cantante de ópera y capitán de una guardia nacional de estudiantes.
Es con la llegada del nuevo siglo cuando la biografía apuntada sobre sus propios retratos se vuelve aún más rocambolesca: mientras funda y edita un diario estudiantil, se incorpora al movimiento espiritista mexicano. Dice de sí mismo que dirigió El siglo espiritista y que fue presidente de la Sociedad Espiritista Mexicana. Para rematar en sus últimas fotos, en la etapa final de su vida, en el convento de Churubuscos de Ciudad de México. "Los retratos desembocan en puntos álgidos de fantasía y artificio: a modo de busto, ataviado con kimono y sombrilla, o disfrazado para la ópera", explica Cuellar, mientras Montero sigue riéndose bajo esos disfraces.


( Es posible que las fotografías rescatadas y expuestas actualmente sean parte de una trama urdida por alguien como Carlos Monsivais, que desde el infierno se ríe de los ingenuos. Nota de Peio H. Riaño para Público, diario español.)