El coreógrafo, bailarín, compositor e investigador Guillermo Arriaga Fernández falleció hoy en esta ciudad a los 87 años, víctima de una neumonía, informó su alumno y apoderado legal Bernardo González.
Al expresar sus condolencias vía Twitter, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), destacó la obra emblemática de Arriaga, considerado como uno de los iniciadores de la danza mexicana contemporánea.
“Su coreografía Zapata fue aplaudida en escenarios nacionales e internacionales por su dramatismo y militancia”, escribió Tovar.
Según información del Conaculta, el también fundador (junto con Patricia Aulestia) del Centro Nacional de Investigación para la Danza “José Limón” realizó más de 400 coreografías, entre ellas Cuauhtémoc y La recepción del fuego olímpico en Teotihuacán, pero Zapata fue su obra más celebrada.
Su estreno mundial aconteció en el Teatro Nacional Studio de Bucarest, durante el IV Festival Mundial de las Juventudes Socialistas en Rumania. Posteriormente, en México se presentó por primera vez el 31 de octubre de 1953 en el teatro Juárez de Guanajuato y el 10 de noviembre de ese mismo año en el Palacio de Bellas Artes, en esta capital, escribió el periodista Roberto Ponce en el semanario Proceso del 10 de agosto de 2003.
Ese año la periodista Adriana Malvido, sobrina del coreógrafo, publicó el libro Zapata sin bigote. Andanzas de Guillermo Arriaga, el bailarín, en el que consigna las palabras de su tío acerca de la famosa pieza, con música de José Pablo Moncayo y escenografía y vestuario de Miguel Covarrubias. En ella sólo intervinieron el propio Arriaga como el héroe revolucionario Emiliano Zapata, o bien como el pueblo mexicano, y Rocío Sagaón como la tierra.
El artista, nacido en esta ciudad el 4 de julio de 1926, inició sus estudios de danza a los 15 años y debutó profesionalmente a los 23 en el Ballet Nacional de México. También hizo estudios con Anna Sokolow, Waldeen von Falkenstein, José Limón, Doris Humphrey, Margaret Craske, La Meri y Myra Kinch.
Entre sus acciones como promotor cultural logró incorporar la danza al Seminario de Cultura Mexicana, fue director de danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y estableció el Premio Nacional de Coreografía Fonapas-UAM (actualmente INBA-UAM).
También fue miembro de número de la Academia de Artes y recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1999. Al cumplir 54 años de labor en el INBA, recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes.
En su libro, Malvido recoge una anécdota que Arriaga le contó:
“En 1952 viví una experiencia definitiva en mi vida. Y es que tuve el privilegio de ser becario del Jacob’s Pillow Dance Festival. Ted Shawn, Papá Shawn, como todos le decíamos, fue mi maestro y guía durante ese memorable verano”.
Resume la periodista:
“Shawn inicia su carrera en el mundo de la danza con Hazle Wallack, su primera maestra y compañera de baile. Aunque la pareja llegó hasta el compromiso formal de matrimonio, terminaron por divergencias artísticas. Shawn se casa en 1914 con Ruth St. Denis, quien junto con Isadora Duncan revoluciona los conceptos de lo que fue hasta entonces la danza clásica tradicional en Estados Unidos”.
Sobre el festival al que asistió en 1952, el coreógrafo relató:
“Fernando Gamboa, en ese entonces subdirector del INBA, me subsidió el pasaje de ida. De regreso, ni hablar, en autobús. Pero eso no es lo importante, sino la experiencia allá. Además de sus cursos de técnica, Shawn ofrecía pláticas magistrales, y lo más profundo para mí de sus mensajes consistía en transmitirnos lo siguiente: El artista debe ser, sobre todas las cosas en la vida, un sujeto útil a la sociedad. Tener la humildad para barrer con gusto un estudio, tender una cama, atender un estacionamiento, cortar el césped, ser generoso con los demás y, con esa misma sencillez, plantarse en un foro y proyectar toda la carga emocional que guardamos por dentro”.
Y Arriaga mantuvo esa actitud a lo largo de su vida, subraya la periodista.
En la introducción de esa biografía, Malvido también resalta: “…Arriaga es no sólo uno de los protagonistas de la época de oro de la danza en México, sino un promotor cultural siempre preocupado por el rescate de la memoria.
“Autor de Zapata, pieza que para críticos como Raquel Tibol significa una ‘obra límite, que marca un antes y un después en el desarrollo de la danza mexicana’, y la que le ha valido también ser considerado ‘el Juan Rulfo de la danza’, Arriaga ha decidido contar su vida”.
Destaca que el volumen es un relato de viva voz de su protagonista, “un artista que, como el adolescente de la película Billy Elliot, dio sus primeros pasos danzantes en las azoteas para saltar rápidamente, y en la categoría de primer bailarín, a los escenarios más importantes de México y el mundo”.
Ahí están sus recuerdos, su vida íntima y pública, sus miedos, sus éxitos y fracasos. Es una historia de la danza moderna contada por uno de sus protagonistas, apunta.
El INBA lamentó el fallecimiento del coreógrafo, bisnieto del abogado constituyente, liberal y federalista Ponciano Arriaga, e informó que en las próximas semanas le hará un homenaje nacional póstumo.
(Semblanza de Judith Amador Tello en el sitio "apro")
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viernes, 3 de enero de 2014
sábado, 9 de junio de 2012
José Rivera, el provocador
Desde que fundó La Cebra Danza Gay en 1996, José Rivera tomó la opción de hacer militancia a favor de la homosexualidad, bisexualidad y los transgénero. Alumno de Raúl Flores Canelo, Rivera entró de lleno a la danza nacional con un discurso provocador y en ocasiones literal para mostrar la parte mórbida y sombría de su propia realidad.
Pero además de su militancia gay, también optó por hacerse de un discurso dancístico y teatral que le procuraran la posibilidad de abrirse las puertas como creador de altos vuelos, que no acepta presentarse en espacios que no sean estrictamente culturales ni permite que sus obras sean vistas desde la perspectiva del morbo ni del espacio escondido.
En cambio, José se construyó su propio espacio dentro de la danza contemporánea independiente, en el que homosexuales, heterosexuales y bisexuales conviven alegremente con el fin de adaptarse a la concepción coreográfica que José impone en su trabajo.
"Las simples cosas", coreodrama o teatro corporal es un ejemplo de su audacia y temeridad para abordar con los mínimos recursos una sátira sobre sí mismos y sobre los bailarines que lo acompañan. Con música de Chavela Vargas, Rivera se exhibe como un bailarín y creador maduro, dominante, envidioso, ladino y extraordinariamente cómico.
Formado en las filas del Ballet Independiente, su dominio de la técnica Graham es evidente, lo mismo pasa con el ballet, pero lo que en realidad le divierte más es la exposición pública de ciertos aspectos políticos y socioculturales del país. Y con ello se convierte en un descendiente directo de la carpa y el cabaret, pero con un estilo técnico y una arrogancia a base del entrenamiento que muchos coreógrafos profesionales convencionales no han logrado jamás.
Y tal es su éxito que llena los teatros no sólo de gays sino de familias completas de clase media y decenas más provenientes de clases populares que están dispuestas a pagar y a seguir como trashumantes las presentaciones del artista de 44 años,
"Mi prima la operada", secuencia en movimiento para travestis fue realizada apenas unas semanas para ser parte del reality de danza contemporánea Ópera Prima Danza Contemporánea que el próximo fin de semana llegará a su fin.
Preocupados, algunos integrantes de la producción del Canal 22 le mandaron decir a Rivera que tuviera cuidado con lo que hacía porque el programa es familiar y pasa por un canal cultural a nivel nacional.
Con su modo decisivo Rivera fue contundente y le dijo a Ruby Gámez, parte del equipo de producción, “que primero le dijera quiénes eran la producción para ir a hablar con ellos y en segundo lugar para qué lo invitaban si ya sabían lo que suele hacer”. No hubo quien le saliera al paso y para su presentación sacó al escenario a los bailarines en plataformas, ligueros ellos y ellas a manera de dominatrices para hacer un sketch en el que hacían pasarela, coronaban a una reina para luego tirarla del escenario.
El éxito fue mayúsculo y desde ese día, durante los nuevos programas de Ópera Prima la gente grita en el Teatro del Centro Nacional de las Artes “queremos a La Cebra”. Rivera, vestido con un minúsculo short con el letrero fuck, una ceñida camiseta y en chanclas responde desde su butaca “a güevo” impávido.
Rivera se pasea por todo el teatro mientras le piden autógrafos, serio y formal en su trato amablemente se toma fotos con quien él quiere y los bailarines del reality han señalado su interés en trabajar con él, por su audacia y temeridad.
Habría que revisar el fenómeno de La Cebra Danza Gay, de las llamadas “cebritas” y de la importancia que tienen en el medio de la danza nacional. Sus propuestas son insólitas y transgresoras. Sólo un ejemplo: la coordinación nacional de danza seleccionó a La Cebra para cerrar las funciones de danza contemporánea el Día Internacional de la Danza, pero no tenía presupuesto para pagarle a nadie.
Rivera aceptó y ese día al terminar su presentación le dijo al público que Teresa Vicencio no le quería pagar a los bailarines:
“Ustedes qué creen, mi trabajo vale o no la pena” le dijo al público. Y ante el entusiasmo bajó a sus bailarines con alcancías de diez pesos a pedir una colaboración. Juntaron cuatro mil pesos y se fueron felices a cenar.
(La última vez que vino el grupo La Cebra a Zacatecas, mostraron un avance de lo que luego sería el espectáculo "Las simples cosas", una especie de homenaje a la cantante y compositora Chavela Vargas. Luego de la función, el coreógrafo y bailarín explicó a los asistentes el evidente desdén de las autoridades del Instituto de Cultura (IZC) por atenderlos. Nadie fue al aeropuerto a esperarlos y trasladarlos al hotel en que tenían reservaciones, nadie les mostró el foro -en el auditorio del museo Felguérez- en donde se presentarían esa noche, los técnicos e iluministas se dilataron en aparecer, etcétera. Era el sexenio nefasto de Amalia García Medina. Por supuesto, Rivera atribuyó las fallas y el desinterés al contenido de sus espectáculos. Nota de Rosario Manzanos en Apro en línea y en Sinembargo.com. En YouTube puede apreciarse un video o consultarse el sitio del La Cebra, danza gay.)
Pero además de su militancia gay, también optó por hacerse de un discurso dancístico y teatral que le procuraran la posibilidad de abrirse las puertas como creador de altos vuelos, que no acepta presentarse en espacios que no sean estrictamente culturales ni permite que sus obras sean vistas desde la perspectiva del morbo ni del espacio escondido.
En cambio, José se construyó su propio espacio dentro de la danza contemporánea independiente, en el que homosexuales, heterosexuales y bisexuales conviven alegremente con el fin de adaptarse a la concepción coreográfica que José impone en su trabajo.
"Las simples cosas", coreodrama o teatro corporal es un ejemplo de su audacia y temeridad para abordar con los mínimos recursos una sátira sobre sí mismos y sobre los bailarines que lo acompañan. Con música de Chavela Vargas, Rivera se exhibe como un bailarín y creador maduro, dominante, envidioso, ladino y extraordinariamente cómico.
Formado en las filas del Ballet Independiente, su dominio de la técnica Graham es evidente, lo mismo pasa con el ballet, pero lo que en realidad le divierte más es la exposición pública de ciertos aspectos políticos y socioculturales del país. Y con ello se convierte en un descendiente directo de la carpa y el cabaret, pero con un estilo técnico y una arrogancia a base del entrenamiento que muchos coreógrafos profesionales convencionales no han logrado jamás.
Y tal es su éxito que llena los teatros no sólo de gays sino de familias completas de clase media y decenas más provenientes de clases populares que están dispuestas a pagar y a seguir como trashumantes las presentaciones del artista de 44 años,
"Mi prima la operada", secuencia en movimiento para travestis fue realizada apenas unas semanas para ser parte del reality de danza contemporánea Ópera Prima Danza Contemporánea que el próximo fin de semana llegará a su fin.
Preocupados, algunos integrantes de la producción del Canal 22 le mandaron decir a Rivera que tuviera cuidado con lo que hacía porque el programa es familiar y pasa por un canal cultural a nivel nacional.
Con su modo decisivo Rivera fue contundente y le dijo a Ruby Gámez, parte del equipo de producción, “que primero le dijera quiénes eran la producción para ir a hablar con ellos y en segundo lugar para qué lo invitaban si ya sabían lo que suele hacer”. No hubo quien le saliera al paso y para su presentación sacó al escenario a los bailarines en plataformas, ligueros ellos y ellas a manera de dominatrices para hacer un sketch en el que hacían pasarela, coronaban a una reina para luego tirarla del escenario.
El éxito fue mayúsculo y desde ese día, durante los nuevos programas de Ópera Prima la gente grita en el Teatro del Centro Nacional de las Artes “queremos a La Cebra”. Rivera, vestido con un minúsculo short con el letrero fuck, una ceñida camiseta y en chanclas responde desde su butaca “a güevo” impávido.
Rivera se pasea por todo el teatro mientras le piden autógrafos, serio y formal en su trato amablemente se toma fotos con quien él quiere y los bailarines del reality han señalado su interés en trabajar con él, por su audacia y temeridad.
Habría que revisar el fenómeno de La Cebra Danza Gay, de las llamadas “cebritas” y de la importancia que tienen en el medio de la danza nacional. Sus propuestas son insólitas y transgresoras. Sólo un ejemplo: la coordinación nacional de danza seleccionó a La Cebra para cerrar las funciones de danza contemporánea el Día Internacional de la Danza, pero no tenía presupuesto para pagarle a nadie.
Rivera aceptó y ese día al terminar su presentación le dijo al público que Teresa Vicencio no le quería pagar a los bailarines:
“Ustedes qué creen, mi trabajo vale o no la pena” le dijo al público. Y ante el entusiasmo bajó a sus bailarines con alcancías de diez pesos a pedir una colaboración. Juntaron cuatro mil pesos y se fueron felices a cenar.
(La última vez que vino el grupo La Cebra a Zacatecas, mostraron un avance de lo que luego sería el espectáculo "Las simples cosas", una especie de homenaje a la cantante y compositora Chavela Vargas. Luego de la función, el coreógrafo y bailarín explicó a los asistentes el evidente desdén de las autoridades del Instituto de Cultura (IZC) por atenderlos. Nadie fue al aeropuerto a esperarlos y trasladarlos al hotel en que tenían reservaciones, nadie les mostró el foro -en el auditorio del museo Felguérez- en donde se presentarían esa noche, los técnicos e iluministas se dilataron en aparecer, etcétera. Era el sexenio nefasto de Amalia García Medina. Por supuesto, Rivera atribuyó las fallas y el desinterés al contenido de sus espectáculos. Nota de Rosario Manzanos en Apro en línea y en Sinembargo.com. En YouTube puede apreciarse un video o consultarse el sitio del La Cebra, danza gay.)
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