jueves, 6 de agosto de 2020

Teresa Calderón (1955 )

Un elefante


a.
Es simple
se recuesta
en ese lugar remoto
sobre los restos de sus parientes de ruta
y cierra los ojos
para abrirlos en el cielo de los elefantes

b.
Un elefante
lleva luto por sus parientes
presenta reacciones dramáticas
ante el cadáveres de otro elefante.
Respeta huesos y restos
de otros ejemplares de su especie.
Un elefante no necesita patio 29
Cuando reconoce un cadáver de elefante.
regresa sistemáticamente
a investigar los huesos y colmillos
regados por el camino.
Un elefante siempre visita
los huesos de sus parientes.


("revista altazor")

miércoles, 5 de agosto de 2020

Alicia Meza

¡Mira! Los pájaros


¡Mira! Los pájaros
fundan un jardín lejano bajo el ojo de la tarde.
La tierra muestra todos sus tejidos,
     sus mejores tributos, y tú
tienes prisa por las franjas de Heliodoro y almandina.
     Tus sueños,
      en demasiadas rocas,
       en tanta tierra antigua.

¡Señor, cuánta hermosura!
¿Qué sabes tú del aire entre los árboles?
¿Qué sabes tú del aire que siempre huye
     y te deja así,
     tambaleante?
¡Marinero de todos los santos!
Le silbas a la cólera del oleaje, le rezas
     con antiguos relicarios, antes
de encallar sobre la pulpa abierta  de la tarde.

Habían pasado unos cuantos años y tus rodillas,
ah en la tibia ceremonia bajo el guayabo,
eran motivo de insulto pero también de canto.

Pasa un pájaro rico en plumaje
     y con él
un sueño suntuoso de verdes bosques de jade;
una mujer que llega
y te dice: "cúbrete el rostro".
     Después el viento,
     la lluvia, 
     un largo viaje, pero el sol
     está abajo, y los hombres
     buscan asilo de noche.

¡Señor, cuánta hermosura!
Las mujeres morenas caen de los cielos
Bajo los tilos bordan el vuelo del día.
     De oriente vienen los jades,
     y la tintura
     es gloria y fama de un rey de Egipto.

Ya no hay pájaros.
Sólo quedas tú al morir la tarde.


("la jornada semanal", no. 20, 29 de octubre 1989)

martes, 4 de agosto de 2020

Charles Simic (1938 )

Primavera



Esto es lo que vi: nieve vieja en el suelo,
tres mirlos acicalándose,
y mi vecina que salió en camisa de dormir
a tender en la cuerda las camisas de su marido.

El viento matutino hacía difícil engancharlas,
levantó el vestido tan por encima de sus rodillas
que tuvo que dejar de hacer lo que estaba haciendo
y dio una buena carcajada mientras se cubría. ("uchile", s/c al traductor)

lunes, 3 de agosto de 2020

Uriel Martìnez (1950 )



                                                                             anipedia


Fase 3 (parte 16)


1.

Estamos a menos de dos horas del inicio del mes de agosto, es decir, a un paso de iniciar el sexto mes de encierro, de enclaustramiento, de un ayuno impuesto por la Pandemia; por un virus desconocido que ya empieza a vernos con familiaridad, como se ve a un pariente del que nunca habíamos tenido noticia de su existencia, alguien que vivió años lejos de la familia. En otro país. Un pariente que llegó lento como una amenaza anunciada, vislumbrada o presentida desde antes de la pasada Navidad. En un principio no le dimos importancia. Todavía en enero era posible tomar café en una terraza del centro, recorrer a pie el primer cuadro de la ciudad a donde los amigos tomarían un colectivo que los acercase a casa; o esperar en la esquina un taxi disponible; incluso atender recomendaciones de Martín de hacernos de un móvil nuevo para mantener comunicación con él o con Elías, su amigo. 

2.

Pero expiró el primer mes del año bisiesto. Pronto dejaríamos de desplazarnos libremente por el centro histórico las primeras horas de la noche, preocupados acaso mínimamente por el paso de patrullas con las torretas de luces roja y azul que delatan prisa, peligro, persecución de alguien que ha infringido el orden. Nada se comparaba a la calma de abordar el colectivo que me dejaría al pie del puente a cruzar antes de llegar a casa, avisar "Ya vine" y que me responda el silencio de cada noche; un silencio familiar como el rabo del felino que nos roza la valenciana del pantalón en señal de Bienvenida, en señal de camaradería, como callada invitación para que le extiendas el plato de leche con migajas de pan o tortilla. 

3.

Ese silencio, pronto, sería roto como un vaso de cristal que cae y se rompe en trizas que se esparcen en el piso; trizas que has de levantar con escoba y recogedor como quien limpia una culpa, un descuido imperdonable. Pero la culpa no se va: sabes que con la luz del día apreciarás esquirlas del cristal que fueron a impactarse en las franjas oscuras de la cocina; esquirlas que, en un descuido, pisará tu pie descalzo al día siguiente -o días después-; y el pie, el talón o dedo herido, sangrará, quizá profusamente antes de contener el flujo con un trozo de algodón, gasa o papel humedecido. Como las primeras luces del nuevo día, poco a poco fuiste apreciando las nubes que pronto se cernirían en tus días, noches y madrugadas. Pronto también andarías en tu barrio con media cara cubierta por un esparadrapo negro, azul, blanco, gris o cualquier otro color que, te dijeron, era el primer accesorio de protección de una Pandemia Desconocida que había llegado para estacionarse indefinidamente.

4.

Muy pronto los medios informativos te harían su presa, cogido del cogote intempestivamente como se coge al incauto que va confiado por los días sin percatarse del temporal en camino, rumbo a tu vida, a tus días y noches desnudos, como el cáncer que camina quedo sobre las baldosas del organismo ya invadido calladamente, ya gangrenado. Entonces apareció el miedo como el desenlace no vislumbrado, grande como una torre a punto del derrumbe, como los escombros que levantará al impactarse en tierra, y ni para donde hacerse, paralizado por la catástrofe inevitable. Fue cuando recurriste a los libros reunidos en décadas de vida, a las colecciones guardadas en cajas de cartón, en estantes de madera, en cajones de escritorio siempre a la vista, al alcance de la mano. Hojeaste algunos como se ojea un volumen encontrado en una tienda de libros usados, un libro que buscabas hace tiempo y del que ignorabas autor, editorial, año de edición; un cuaderno del que te fue familiar el índice porque te recordó tus itinerarios y bitácoras latentes. Tus sueños.

5.

Todo te resultaba desconocido. Los sueños que guardaba tu cama ya eran amenaza. Hubo noches que mudaste el descanso de cada día al sofá de la sala, aprendiste una posición angosta y con el menor movimiento posible entre sueños -como se mantiene orden del cuerpo inerte en el féretro-; encontraste que la sala era la cocina, el baño el jardín inhóspito, que la ropa suspensa en los ganchos sería ocupada por otros cuerpos, otras tallas, otros alientos. El cuarto de tiliches era en realidad un estudio empolvado, la armoniosa sucesión de un desmadre como el desorden que reina después que alguien entró en ausencia de ti y buscó, infructuosamente, joyas, manuscritos inéditos, cofres con alhajas heredadas, títulos nobiliarios inexistentes, abracadabras mágicos. Todo era en balde. Todo te resultaba familiar y a un tiempo insospechado. No supiste en qué momento bajaste la guardia.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Dogville, agosto 2020


domingo, 2 de agosto de 2020

Louise Bogan (1897/1970 )

Medusa


Había llegado a la casa en una caverna de árboles
Frente a un cielo puro.
Todo se movía -colgaba una campana lista para ser tañida.
Sol y reflejos pasaron rodando.

Entonces estuvieron ante mí los desnudos ojos
Y la cabellera sibilante
En la ventana, vistos a través de una puerta.
Los ojos sin pestañas, las serpientes en la frente,
Formadas en el aire.

Ahora, esta es una escena muerta para siempre.
Nada despertará.
El fin no iluminará más que esto,
La lluvia no la empañará.

El agua caerá y dejará de caer
Y la repicada campana no emitirá sonido.
Desde el fondo del suelo,
siempre crecerá hierba para heno.

Y yo estaré aquí como una sombra,
Bajo el gran día equilibrado,
La mirada en el polvo amarillento que levantaba el viento.
Y que no se dispersa.


("otra iglesia es imposible", versión de jorge aulicino)

sábado, 1 de agosto de 2020

Alexandar Ristovic (1933/1994 )

Letrina de convento



Al fondo del convento de las monjas
hay una pequeña letrina
con una puerta entreabierta y visitantes nocturnos.
Mientras una está adentro,
la otra aguarda su turno
con la nariz metida en un libro.
Y mientras la primera sale
arreglándose las ropas,
con la cara casi radiante,
la otra se acerca y se asoma,
espía por el oculto agujero
temblando de terror
de que eso que yace en el fondo
pueda brincarle en la cara
y dejarle una marca en la mejilla
con la forma de una diabólica cruz.



("el flautista en el pozo, ensayos escogidos 1972-2003", sel. y trad. rafael Vargas, ed. calyarena,méx., 2011)

viernes, 31 de julio de 2020

Óscar Hahn (1938 )

Parque de entretenciones




La Tierra había llegado a rotar
a la velocidad precisa
Ni un segundo más rápido
ni un segundo más lento
pero no estábamos conformes
y la hacíamos girar
como si estuviéramos en una
de esas ruedas descomunales
que dan vueltas y vueltas
en los parques de entretenciones
mientras se escuchan los gritos
y las risas nerviosas
de los que suben y bajan
de sus asientos colgantes
Pero nosotros no íbamos
a salir de este parque
porque el planeta seguía
girando y girando
y lo que venía era la última vuelta
lo que venía era la última vuelta
y no podríamos bajarnos.



("estación quilmes")