jueves, 3 de octubre de 2019

Natacha Batlle (1984 )

Las sombras se han bebido mis palabras



Puedo escuchar los pasos de la brisa
aplastando tus huesos
hay labios y labios que parten tu espalda
crean fisuras para adentrarnos al infierno.
Enfermo
y hueso sobre hueso
las alas se deforman en un charco de luces
que es este agujero
donde mi lengua perfora los faros dormidos.
Ya no hay rincones
las sombras huyen por tus venas
devorando piedras
abriendo cortinas de carne
respirando cada hebra de cabello
copulando con tu miedo
embistiendo la furia para crear el alba.
Las sombras se han bebido mis palabras
han estrujado mis calles
me han perdido sobre la hoja
que es esta cama desnuda
donde los brazos
son ramas partidas por la prisa de las gotas
espejos que desnudan el miedo
y vamos a bebernos
vamos a tomarnos
cuando la luz sea una ola
que nos rompa por dentro.



("mula blanca")

miércoles, 2 de octubre de 2019

Vicente Gerbasi (1913/1992 )

Mi padre, el inmigrante


V

A veces caigo en mí, como viniendo de ti,
y me recojo en una tristeza inmóvil,
como una bandera que ha olvidado el viento.
Por mis sentidos pasan ángeles del crepúsculo
y lentos me aprisionan los círculos nocturnos.
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Escucha. Yo te llamo desde un reloj de piedra,
donde caen las sombras, donde el silencio cae.



(editora gobierno del estado de veracruz-llave, méx., 2000)

martes, 1 de octubre de 2019

Eleonora Finkelstein (1960 )


La hermana



¿Alguien quiere que le cuente de mí,

que le diga mi secreto de sangre y hematomas?

Quiero mostrarles cómo me buscaba el hueso.

Cómo no podía flexionar los codos sin gritar.

Y los colores eran tan reales:

rojo señal, azul y verde silvestre

como un monte de naranjas siciliano.



Era como Electra:

llevaba mi saco de basura con dignidad.

Un cortejo de moscas me seguía.

Benditas sean.

No iba a buscar el fuego como los perros.

Iba a arrojar cenizas a la cara del dios.



Al fin, es cierto, lo que somos

se lo debemos a la muerte.

No es menos verdadero que la deuda

se paga con creces, pero aprendí

a no cultivar tanto mi propia tragedia.



Hermano mío, ahora estoy tan fresca,

tengo los brazos suaves y ondulados, incluso verdes,

artificiales, como un campo de golf.


("omni-bus")

lunes, 30 de septiembre de 2019

Carlos Martínez Rivas (1924/1988 )

Ars Poetica



¿Que eres reacia al Amor, pues su manía
de eternidad te ahuyenta, y su insistente
voz como un chirriante ruiseñor
te exaspera y quieres solamente
besar lo pasajero en la cambiante
eternidad de lo fugaz?–entonces

¡soy tu hombre! Pues más hospitalario
que el mío un corazón no halló jamás
para posarse el falso amor. Igual
que llegué, parto: solo, y cuando mudo
de cielo mudo también de corazón.

Pero, atiende: no vas a hacer traición
a tu alma infiel. No intentes, si una chispa
del hijo del hombre ves en mis ojos,
descifrarla, ni trates de inquirir mucho
en mi acento y el fondo de mi risa.

Donde quiero destierro y silencio
no traspases la linde. Allí el buitre
blanco del Juicio anida y sólo el
ceño de la vida privada ¡canta!


("poética")

domingo, 29 de septiembre de 2019

Uriel Martínez (1950 )

El taxi



Me gritó Espérate, no te mueras
pero ya cargaba mis maletas
rumbo a ninguna parte. No
me podía detener ni apartarme.

Luego, aunque seguí escuchando
esa y otras súplicas: Papá,
Nos haces falta, No te mueras,
cada vez fueron más inaudibles.

Así seguí, con la cabeza
gacha y los oídos taponados,
yo esperaba al cura y sus
trebejos santos.

Pero nunca llegó. En la esquina
tomé el taxi que ya me esperaba.



{Inédito}

sábado, 28 de septiembre de 2019

Circe Maia (1932 )


El ruido del mar



Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.


Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.


Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.


Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.


Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.


Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada…


Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.


("blogpomas")

viernes, 27 de septiembre de 2019

Elena Garro (1916/1998 )



El llano de huizaches



¡Elena!
Oigo mi nombre, me busco.
¿Sólo esta oreja queda?
¿Ésta que oye mi nombre en un llano de huizaches?
¿Mi nombre, gritado así, a los cuatro vientos,
de noche, en el llano de la muerte?

¡Elena!
Es raro que descuartizados
mis miembros avancen por el llano de huizaches.
El nombre ya no los une ni los nombra.
Es raro que sigan avanzando
y que en el centro esté la boca del vacío.
Ahora los llama mi nombre:
¡Ven aquí, nariz de Elena!
¡Ven aquí, brazo de Elena!
Sólo la bacinica sigue firme cubriendo la cabeza
que sonámbula rueda en el valle de huizaches.
¿Hay todavía un puntapié sobrante?
¿Ya nadie llega a jugar a la pelota?
¿Nadie olvidó un buen escupitajo de colmillo
para la cabeza que rueda entre huizaches?

¡Elena!
Los llama mi nombre:
¡Vengan aquí, mano pierna pescuezo!
Hace años que bailan separados
en la tierra de los escupitajos.
¿Hay alguien que guarde todavía un gargajo
para ese ojo cerrado a gargajazos?

¡Elena!
La voz viene del centro profundo de mi ombligo.
Hay quien vive adentro del ombligo y me llama.
La voz corre para atrapar los pies que corren
entre huizaches
y las manos que bailan el baile loco de los dedos locos
sin pizarra, sin lápiz, sin niño, sin amante.
Me busco. Me encuentro.
Colgado de una rama seca está uno de mis labios.
Y ahora por allí corre la lengua
que recitaba las lecciones del colegio:
Rosa, rosae…
¿Qué hará allí, tan lejos del pizarrón,
tirada en el valle de huizaches? 

¡Elena!
Me busco. Me encuentro.
Nadie levanta la bacinica que cubre paisajes,
pájaros vistos en deslumbrantes copas,
el pico de la estrella de la cual colgaba yo
y las sílabas de mi nombre meciéndome hacia un pasado
y un futuro los dos de oro
antes de estar aquí, gritándote a ti mismo
en los huizaches.
Tampoco hay que mirar por el agujero de la aorta.
¡Señores, un mecate para ligarlo bien!,
para que nunca más se llegue al centro de ese corazón
que yace luna roja caída en el llano de huizaches
¿Les gustará a las damas y a los caballeros
tumbado, iluminando de rojo a los huizaches
en el valle en el que rueda mi ombligo
como antes rodaron canicas llamándome?
¡Clic! !Clic! !Clic!

¡Elena!
Mi espinazo blanco avanza como víbora
hacia el pozo negro del vacío.
¿Hay algún tacón de raso,
de esos piadosos tacones de raso que llevan las señoras
para que aplaste su cabeza?
¡Rosario y decencia en mano, hubo damas!
¡Chequera y decencia en mano, hubo caballeros!
El llano, este llano, es para los pelados.
Las damas y los caballeros viven en avenidas
de cartón y beben sangre de indio.

¡Elena!
Me busco. Hay tiempo, el pozo está lejos todavía.
Los dientes separados de la encía avanzan a saltitos.
Hasta que caiga el último de ellos,
hasta que caiga la solemne campanilla que presidió
al paladar y a la palabra, no podré responderte.

¡Elena!
Te digo que me busco, que me encuentro.
Espera hasta que llegue al pozo negro la última de las uñas.
¡Es largo el llano de huizaches!
¡Es ancho el llano de huizaches!
¡Se tarda uno siglos en cruzarlo!



("latinamericanliteraturetoday")