Cuerpo dormido
A veces recuerdo la tibieza de aquellos días,
la gracia de aquel cuerpo dormido,
la blancura del lecho en un rincón del cuarto,
el libro abandonado, entreabierto,
la lámpara sumisa, la ventana,
el sonido lejano de la lluvia,
los lentos rumores de la noche.
Y pienso entonces que fue hermosa la vida,
y acaricio en mi pecho las heridas del tiempo.
("rua das petras")
viernes, 30 de septiembre de 2016
jueves, 29 de septiembre de 2016
Jorge Teillier (1935/1996 )
Antes del desorden
Yo caminaba por la Avenida Macul. ¿Qué edad tenía?
¿Veintidós años, veintitrés años?
Sobre los plátanos orientales
El sol otoñal
Se deshacía como el vitraux de una iglesia abandonada.
Yo no buscaba ningún recuerdo
Pero vi brillar ante mí los soles de tu ausencia.
Yo me sentaba en la terraza de Los Cisnes frente a una cerveza
Un pobre carrusel de fiesta de pueblo giraba en mi mente
Y me impedía leer el diario de la tarde
y hacer el pronóstico de las carreras
Un amor que yo aún desconocía se me reveló en una pequeña
nube rojiza
Aunque sólo me esperaba el silencio de la pensión donde
debía regresar
Acompañado por una lámpara que yo creía era el faro de todos
los encuentros
Y un espejo que reflejaba sólo moradas irreales
Y un futuro donde ella me esperaba junto a una muchacha
nacida junto a dos peces divergentes.
("los dominios perdidos", ed. fce, méxico, 1995, tercera ed.)
Yo caminaba por la Avenida Macul. ¿Qué edad tenía?
¿Veintidós años, veintitrés años?
Sobre los plátanos orientales
El sol otoñal
Se deshacía como el vitraux de una iglesia abandonada.
Yo no buscaba ningún recuerdo
Pero vi brillar ante mí los soles de tu ausencia.
Yo me sentaba en la terraza de Los Cisnes frente a una cerveza
Un pobre carrusel de fiesta de pueblo giraba en mi mente
Y me impedía leer el diario de la tarde
y hacer el pronóstico de las carreras
Un amor que yo aún desconocía se me reveló en una pequeña
nube rojiza
Aunque sólo me esperaba el silencio de la pensión donde
debía regresar
Acompañado por una lámpara que yo creía era el faro de todos
los encuentros
Y un espejo que reflejaba sólo moradas irreales
Y un futuro donde ella me esperaba junto a una muchacha
nacida junto a dos peces divergentes.
("los dominios perdidos", ed. fce, méxico, 1995, tercera ed.)
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Jorge de Sousa Braga (1957 )
Remos
Una de las cosas que aprendí muy pronto fue a remar. Remar conjugando el sonido de los remos cortando el agua con el latido de mi corazón.
Aprendí primero a remar contracorriente. Y ahora no sé -ni oso- remar de otra manera.
("rima interna", trad. martín lópez-vega)
Una de las cosas que aprendí muy pronto fue a remar. Remar conjugando el sonido de los remos cortando el agua con el latido de mi corazón.
Aprendí primero a remar contracorriente. Y ahora no sé -ni oso- remar de otra manera.
("rima interna", trad. martín lópez-vega)
martes, 27 de septiembre de 2016
Olga Bernad (1969 )
Todos los héroes
Todos los héroes eran hombres solos
(los recuerdo en el cine y en los cuentos).
Mad Max y Máximo,
Satán y don Quijote
no tenían mujer, o la perdieron
o quedaron vagando ciegamente
en el infierno de inventarse una.
Casi siempre me aburren sus historias.
Los quería a pesar de sus historias
porque, pese a las trampas de la historia,
todos los héroes eran hombres tristes.
("antón castro")
Todos los héroes eran hombres solos
(los recuerdo en el cine y en los cuentos).
Mad Max y Máximo,
Satán y don Quijote
no tenían mujer, o la perdieron
o quedaron vagando ciegamente
en el infierno de inventarse una.
Casi siempre me aburren sus historias.
Los quería a pesar de sus historias
porque, pese a las trampas de la historia,
todos los héroes eran hombres tristes.
("antón castro")
lunes, 26 de septiembre de 2016
Jorge Teillier (1935/1996 )
Cuando yo no era poeta
Cuando yo no era poeta
por broma dije que era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.
Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.
La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.
Ella había traducido para mí poemas de Christian
Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada en cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.
Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.
Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.
("los dominios perdidos", ed. fce, 3a. reimpresión, 1995)
Cuando yo no era poeta
por broma dije que era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.
Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.
La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.
Ella había traducido para mí poemas de Christian
Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada en cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.
Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.
Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.
("los dominios perdidos", ed. fce, 3a. reimpresión, 1995)
domingo, 25 de septiembre de 2016
Uriel Martínez (1950 )
Desfile
Luego vengo con más calma
me dijo la a mientras huía
despavorida, con el fleco revuelto.
Regreso otro día me prometió
la e mientras abría la puerta
del coche, con tacones altos.
No me olvides vengo pronto
me dijo la i, apenada
de no quedarse otro rato. Iba al gimnasio.
Voy de compras, era la o, tenía
tarjeta de crédito nueva e iba
a aprovechar rebajas de mes.
Mientras yo hacía corte de caja,
es media semana, se asomó la u
que me acompaña en la firma de papeles.
[Inédito]
Luego vengo con más calma
me dijo la a mientras huía
despavorida, con el fleco revuelto.
Regreso otro día me prometió
la e mientras abría la puerta
del coche, con tacones altos.
No me olvides vengo pronto
me dijo la i, apenada
de no quedarse otro rato. Iba al gimnasio.
Voy de compras, era la o, tenía
tarjeta de crédito nueva e iba
a aprovechar rebajas de mes.
Mientras yo hacía corte de caja,
es media semana, se asomó la u
que me acompaña en la firma de papeles.
[Inédito]
sábado, 24 de septiembre de 2016
Francisco Ruiz Udiel (1977/2011 )
Cada cuatro años nace una poeta suicida
a Sexton, Plath y Pizarnik
nacidas en 1928, 1932 y 1936
Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.
Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.
Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.
No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no.
Pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.
A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.
Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.
Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.
("arte poética")
a Sexton, Plath y Pizarnik
nacidas en 1928, 1932 y 1936
Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.
Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.
Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.
No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no.
Pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.
A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.
Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.
Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.
("arte poética")
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