Pijama
Abrió la puerta.
El pijama tenía una especie de cierre metálico
que contrastaba con su pelo negro,
daba sensación de basalto, la figura humana
esculpida, visible sólo por el brillo
en el límite de las sombras.
Exudaba aromas jabonosos
y los propios se exaltaban con la cercanía,
entonces comprendí la paz
de quien llega a casa exhausto y descubre
una realidad más hermosa
que cualquier recuerdo.
Me siento en el sillón
con su cabeza pesada, relajada sobre mi hombro
y acerco la nariz a su cuello
para sentir que el día esta completo.
("marcelo leites")
sábado, 31 de octubre de 2015
viernes, 30 de octubre de 2015
Cristina Peri Rossi (1941 )
Exuberancia
Ayer te deseaba tan exaltadamente
que estuve a punto de ligarme a otra
sólo por exuberancia.
("runas del deseo, antología poética, 1971-2004, ed. uaem, méxico, df, 2008)
Ayer te deseaba tan exaltadamente
que estuve a punto de ligarme a otra
sólo por exuberancia.
("runas del deseo, antología poética, 1971-2004, ed. uaem, méxico, df, 2008)
jueves, 29 de octubre de 2015
Pablo Monforte (1981 )
Erosión
El tiempo avisa,
y aun así
uno lo sabe traidor.
Lo hace
con la contundencia de un púgil
curtido en la lona,
lo hace
con el olor a hospital
que reconoces tuyo
(es que nunca lo fue)
con esta ciudad
en la que hace tiempo que no vives, pero
te mueres un poco
cada día -mientras andas resignado,
quizás con macilenta mueca-
y piensas, ahora sí
soy mucho menos yo
y más
el que voy a ser.
Avisa en voz baja, sibilino,
cuando te anestesian el llanto y
la felicidad es entonces
una película de Wilder
a las dos de la madrugada,
un claro entre las nubes. Todas esas risas que habitan
en los hijos de otros.
Antes me decía
que era muy joven
para estar triste. Cierto es.
Pero como suele ocurrir
el tiempo ofrece razones
cuando ya es demasiado tarde.
El tiempo avisa,
y aun así
uno lo sabe traidor.
Lo hace
con la contundencia de un púgil
curtido en la lona,
lo hace
con el olor a hospital
que reconoces tuyo
(es que nunca lo fue)
con esta ciudad
en la que hace tiempo que no vives, pero
te mueres un poco
cada día -mientras andas resignado,
quizás con macilenta mueca-
y piensas, ahora sí
soy mucho menos yo
y más
el que voy a ser.
Avisa en voz baja, sibilino,
cuando te anestesian el llanto y
la felicidad es entonces
una película de Wilder
a las dos de la madrugada,
un claro entre las nubes. Todas esas risas que habitan
en los hijos de otros.
Antes me decía
que era muy joven
para estar triste. Cierto es.
Pero como suele ocurrir
el tiempo ofrece razones
cuando ya es demasiado tarde.
("emma gunst")
miércoles, 28 de octubre de 2015
Roberto Echavarren (1944 )
Viaje de invierno
Esa factoría-con el anacronismo de la distancia
añejos Chevrolets en cada esquina ya
renovados gradualmente por Japón, un nombre guaraní
en la torreta de la primer embarcación color caca-
es un frágil hueso de anciana en invierno.
Casi en silencio , por el pulcro astillero,
por calles nocturnas, ásperas
de la península ventosa-
pasto ralo entre rocas devoradas de líquen-
reventó una ola, indecisa-
la vi venir a distancia.
Al condenar los terrenos de la aduana
(detrás de alambre de púa autos
en depósito desde muchos antes)
el sol no había envejecido, ni
siquiera algunos edificios. Sólo
una pulcritud anciana en el ambiente,
zonas mejor preservadas-interesan menos.
No era cierto.
Algunos jóvenes andaban por la calle:
chirrió una verja.
El resto -veredas rotas, casas de muñecas,
el convencimiento -manso-de habitar un barrio
ya ganado por otros, indemne aún en el barro de una zanja
al poner en la portezuela de la camioneta un guante de invierno.
Esa factoría-con el anacronismo de la distancia
añejos Chevrolets en cada esquina ya
renovados gradualmente por Japón, un nombre guaraní
en la torreta de la primer embarcación color caca-
es un frágil hueso de anciana en invierno.
Casi en silencio , por el pulcro astillero,
por calles nocturnas, ásperas
de la península ventosa-
pasto ralo entre rocas devoradas de líquen-
reventó una ola, indecisa-
la vi venir a distancia.
Al condenar los terrenos de la aduana
(detrás de alambre de púa autos
en depósito desde muchos antes)
el sol no había envejecido, ni
siquiera algunos edificios. Sólo
una pulcritud anciana en el ambiente,
zonas mejor preservadas-interesan menos.
No era cierto.
Algunos jóvenes andaban por la calle:
chirrió una verja.
El resto -veredas rotas, casas de muñecas,
el convencimiento -manso-de habitar un barrio
ya ganado por otros, indemne aún en el barro de una zanja
al poner en la portezuela de la camioneta un guante de invierno.
("el poeta ocasional")
martes, 27 de octubre de 2015
Sylvia Plath (1932/1963 )
Soy vertical
Pero preferiría ser horizontal. Yo
No soy un árbol enraizado en la tierra.
Absorbiendo minerales y amor materno
Para rebrotar esplendoroso cada mes de marzo,
Ni tampoco la belleza del arriate en el jardín
Que dejó boquiabierto a todo el mundo y a la que
Todo el mundo quiere pintar maravillosamente.
Ignorando que muy pronto se deshojará.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal,
Un racimo de flores, más bajo, aunque más llamativo,
Y yo anhelo la longevidad de uno y la osadía del otro.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de los astros,
Los árboles y las flores han estado esparciendo sus aromas frescos.
Yo paseo entre ellos, aunque no se percaten de mi presencia.
A veces pienso que cuando duermo
Es cuando más me parezco a ellos-
Desvanecidos ya los pensamientos.
En mí, el estar tendida, es algo connatural.
Entonces el cielo y yo conversamos abiertamente.
Y seguro que seré más útil cuando al fin me tienda para siempre:
Entonces quizás los árboles me toquen por una vez,
Y las flores, finalmente, tengan tiempo para mí.
28 de marzo de 1961
("marcelo leites", traducción xoán abeleira)
lunes, 26 de octubre de 2015
Juan José Saer (1937/2005 )
Lesconil
Lo otro viene en esos barcos livianos
desde el crepúsculo, hacia el puerto, en el sol
de invierno:
lo otro -lo que tiene nombre,
moviéndose fuera de tu silencio
innominado:
más allá, afuera, afuera, en la intemperie
sin pensamiento, sin recuerdos, sin en sí,
como un toldo de feria
en la plaza del mercado
que un viajante contempla, una mañana,
desde su cuarto de hotel, en la planta alta.
Los otros son esos barcos, ese mar, esas caras
de sal y sangre, que vuelven, cada día,
a contemplar, en tierra firme, su naufragio.
Visión rugosa
que atraviesa tu mar liso;
máquinas de oro duro
que lo indeterminado, adentro, aniquila.
Lo otro viene en esos barcos livianos
desde el crepúsculo, hacia el puerto, en el sol
de invierno:
lo otro -lo que tiene nombre,
moviéndose fuera de tu silencio
innominado:
más allá, afuera, afuera, en la intemperie
sin pensamiento, sin recuerdos, sin en sí,
como un toldo de feria
en la plaza del mercado
que un viajante contempla, una mañana,
desde su cuarto de hotel, en la planta alta.
Los otros son esos barcos, ese mar, esas caras
de sal y sangre, que vuelven, cada día,
a contemplar, en tierra firme, su naufragio.
Visión rugosa
que atraviesa tu mar liso;
máquinas de oro duro
que lo indeterminado, adentro, aniquila.
("el poeta ocasional")
domingo, 25 de octubre de 2015
Uriel Martínez (1950 )
La mesa
era lunes, la mesa estaba
dispuesta, los vasos de agua,
la jarra de hielo, las velas,
el rosario, las instrucciones
en la página 19 del Manual
de Buenas Costumbres
era lunes, el horno a punto
de avisarme que el pavo,
el cerdo, el pescado,
el ciervo, los escamoles
te esperaban
era lunes, el álbum de Vivaldi
a la mano, la servidumbre
de asueto, la nana, el chofer,
el mayordomo; todos habían
viajado a su pueblo
era lunes, las luces tenues,
el silencio subrayaba atmósferas,
estaba por izarse el telón
ese día.
era lunes, la mesa estaba
dispuesta, los vasos de agua,
la jarra de hielo, las velas,
el rosario, las instrucciones
en la página 19 del Manual
de Buenas Costumbres
era lunes, el horno a punto
de avisarme que el pavo,
el cerdo, el pescado,
el ciervo, los escamoles
te esperaban
era lunes, el álbum de Vivaldi
a la mano, la servidumbre
de asueto, la nana, el chofer,
el mayordomo; todos habían
viajado a su pueblo
era lunes, las luces tenues,
el silencio subrayaba atmósferas,
estaba por izarse el telón
ese día.
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