domingo, 31 de mayo de 2015

Uriel Martínez (1950 )

El descanso



El sábado emprendí un viaje
sin retorno alrededor de la mesa
al otro día quise despedirme
de mi corte de pelo y lápices
luego abrí el baúl, las maletas,
los tomos del diario que no escribí
más tarde localicé en el santoral
a aquel que vela mi sueño, mi camino
estimé la cifra de viáticos, despedidas
y el cocktail de bienvenida
cotejé los pendientes que tengo
en mi haber, las promesas, sueños y otros
pensé en llamarte luego de tomada
la iniciativa, me interesaba tu opinión
busqué tus datos en agendas
viejas, en el directorio, allá arriba
vacié bolsas de basura, revisé
reversos de prescripciones médicas
hurgué en las cenizas de chimeneas,
en el humo de leña
hasta que te hallé en borradores
de mensajes póstumos.
Entonces descansé.

sábado, 30 de mayo de 2015

Jotamario Arbeláez (1940 )

Llovió toda mi infancia

Llovió toda mi infancia.
Las mujeres altas de la familia
aleteaban entre los alambres
descolgando la ropa. Y achicando
hacia el patio
el agua que oleaba a los cuartos.
Aparábamos las goteras del techo
colocando platones y bacinillas
que vaciábamos al sifón cuando desbordaban.
Andábamos descalzos remangados los pantalones,
los zapatos de todos amparados en la repisa.
Madre volaba con un plástico hacia la sala
para cubrir la enciclopedia.
Atravesaba los tejados la luz de los rayos.
A la sombra del palo de agua

colocaba mi abuela un cabo de vela
y sus rezos no dejaban que se apagara.
Se iba la luz toda la noche.
Tuve la dicha de un impermeable de hule
que me cosió mi padre
para poder ir a la escuela
sin mojar los cuadernos.
Acababa zapatos con sólo ponérmelos.
Un día salió el sol.
Ya mi padre había muerto.


("marcelo leites")

viernes, 29 de mayo de 2015

Jordi Doce (1967 )

Llamada


¿Quién llama en el silencio de la tarde?
¿Son las horas, tal vez, al deslizarse
sobre tu cuerpo como el agua,
como el agua que anhelas y te anhela
bajo el oscuro nudo de la luz?
¿O es acaso esa luz, que se debate
en el aire inflamado,
en el aire sin pulso ni reflejo que humea?
No, te equivocas.
Es tu cuerpo, el latido de tu cuerpo,
tan cerca de su centro
que a sí mismo se aturde,
como el arco y la diana
son uno y se confunden
tras la mano de sangre, tras el golpe de sangre
con que el asombro se dispara:
esplendor del suceso
                                que eres a cada instante.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

jueves, 28 de mayo de 2015

Héctor Viel Temperley (1933/1987 )

David

David me aprieta el brazo
como un bondadoso pastor negro
y me pregunta qué quiero
escuchar esta noche
en su trompeta.

Siempre quiero escuchar lo mismo, David,
siempre creo en el mismo Jesucristo,
todas las semanas cometo los mismos pecados,
sigo crucificado en el mismo y destemplado aire.


("otra iglesia es imposible")

miércoles, 27 de mayo de 2015

Alex Fleites (1954 )

Tarantella
               
              para silvano 'gao'forte

La mujer
que se cree araña
siente en el espejo
los destellos
inquietantes
de la araña
que se cree mujer,
sus ojos como
carbones encendidos,
el fuerte olor
del sexo germinado,
la sospechosa presencia
de alguien que
las mira, a uno
y otro lado del cristal,
sonriendo en silencio


("alguien enciende las luces del planeta", ed. uv, xalapa, ver., méxico, mmviii)


martes, 26 de mayo de 2015

Rodolfo Alonso (1934 )

Ouroboros


Hacia allí vamos todos:
gases y polvo. ¿Pero
las estrellas no empiezan
como el hombre culmina?


("poemas pendientes", ed. uv, xalapa, ver., méx., xxxi)

lunes, 25 de mayo de 2015

Jorge Teillier (1935/1996 )

Despedida



...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.
                                                   Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuya cara suelo ver en sueños
iluminada por la triste mirada de linternas
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:

que respiramos y dejamos de respirar.


("otra iglesia es imposible")