Ahora
Ahora que el camino que debo recorrer
es un paso elevado sobre una carretera
que da miedo mirar, porque el abismo
implacable me llama.
Ahora que se ha muerto la esperanza
como un pájaro echado de su nido
por hermanos más fuertes.
Ahora que es de noche todo el día,
invierno todo el año
y las semanas solo tienen lunes,
¿dónde mirar, dónde volver los ojos,
que no encuentre los ojos de la muerte?
(fuente: "rua das petras")
sábado, 31 de mayo de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Charles Simic (1938 )
Hotel Insomnio
Me gustaba mi cueva
Me gustaba mi cueva
con su ventana mirando a una pared de ladrillos.
Al lado había un piano
y algunas noches al mes
venía un viejo rengo a tocar
“Mi cielo azul”.
Pero casi siempre había silencio.
Cada cuarto con su araña en sobretodo
cazando a su mosca con una red
de humo de cigarrillo y abstracción.
Tan oscuro
que no podía verme la cara en el espejo para afeitarme.
A las 5.00, arriba, un ruido de pies descalzos.
La “gitana” adivinadora
del local de la esquina
se levantaba a orinar después de una noche de amor.
Una vez, también, el llanto de un bebé.
Una vez, también, el llanto de un bebé.
Tan cerca que por un momento
creí que el que lloraba era yo.
(fuente: "el placard", versión: Sandra Toro)
jueves, 29 de mayo de 2014
María Montero Zeledón (1970 )
Informe policial
Hay una mujer
que no puedes mirar
porque el velo que la cubre
está hecho de tus migajas.
Hay una mujer
que no puedes abrazar
-ni siquiera lo intentes-.
Ella misma no sabe
dónde empieza la ternura
dónde el abismo.
Todo lo hace por casualidad.
Hay una mujer
que escucha
el amor
sólo cuando viene
en boca de los muertos.
Hay una mujer
que no puedes tener.
Es tan hombre como tú.
(fuente: "emmagunst.blogspot")
Hay una mujer
que no puedes mirar
porque el velo que la cubre
está hecho de tus migajas.
Hay una mujer
que no puedes abrazar
-ni siquiera lo intentes-.
Ella misma no sabe
dónde empieza la ternura
dónde el abismo.
Todo lo hace por casualidad.
Hay una mujer
que escucha
el amor
sólo cuando viene
en boca de los muertos.
Hay una mujer
que no puedes tener.
Es tan hombre como tú.
(fuente: "emmagunst.blogspot")
miércoles, 28 de mayo de 2014
Víctor López (1955 )
Andar perdido
Por estar contigo a estas horas
no veo televisión
no escucho las noticias de Chile que sólo
se escuchan en radios de onda corta
En la familia
creen que estoy corriendo peligro
en acciones subversivas.
(fuente: El árbol de los libres, ediciones arlequín, col. 'canto de sátiro', Guadalajara, 2008.)
Por estar contigo a estas horas
no veo televisión
no escucho las noticias de Chile que sólo
se escuchan en radios de onda corta
En la familia
creen que estoy corriendo peligro
en acciones subversivas.
(fuente: El árbol de los libres, ediciones arlequín, col. 'canto de sátiro', Guadalajara, 2008.)
martes, 27 de mayo de 2014
Teresa Calderón (1955 )
Ciegos
Los ciegos
tienen ojos hacia adentro.
Tienen suerte.
(fuente: "El árbol de los libres", ed. Arlequín, col. Canto de Sátiro, Guadalajara, 2008)
Los ciegos
tienen ojos hacia adentro.
Tienen suerte.
(fuente: "El árbol de los libres", ed. Arlequín, col. Canto de Sátiro, Guadalajara, 2008)
lunes, 26 de mayo de 2014
Carmen Gloria Berríos (1954 )
Desolación
Recógeme
cuando me veas en una esquina
sucia y sin nombre
Ve si aún llevo mi cartera de flores
y en el caos que contiene
busca mi rosario
y pónmelo en el pecho
No dejes que repose entre pisadas
No permitas
que me cubran con diarios
(fuente: "el árbol de los libres", ediciones Arlequín, col. canto de sátiro, Guadalajara, 2008)
Recógeme
cuando me veas en una esquina
sucia y sin nombre
Ve si aún llevo mi cartera de flores
y en el caos que contiene
busca mi rosario
y pónmelo en el pecho
No dejes que repose entre pisadas
No permitas
que me cubran con diarios
(fuente: "el árbol de los libres", ediciones Arlequín, col. canto de sátiro, Guadalajara, 2008)
domingo, 25 de mayo de 2014
Brane Mozetic (1958 )
Escucho a la gente...
Escucho a la gente asombrado. Tantas
cosas tienen que contarse, tanta cultura, elocuencia,
sabiduría. El del pantalón roto explica el complicado
abastecimiento urbano de agua, la gordita de mi lado
la explotación perpetua de África, un tercero los detalles
del nuevo papel de tal actor en tal película que, por
lo visto, acaba de estrenarse. No la he visto, por lo cual
debería sentir vergüenza y desear que me trague
la tierra. Un conocido, sentado a mi lado, de pronto sale
con la pregunta de cuál es mi postura ante la crisis de
Oriente Medio. Me quedo petrificado. Aunque podría
haber previsto que querría charlar. Murmuro
unas frases para acabar aguándole la fiesta.
En vez de iniciar un lujoso intercambio de ideas,
posturas y visiones, me quedo absorto deseando
que no me pregunten nada más. Abro una revista
y busco anuncios. Como si fuera algo urgente.
Me siento tan solo ahora que podría publicar yo un anuncio,
me digo, aunque enseguida me entra la duda de cómo
podría conversar y sobre qué. Examino el formulario
que hace falta rellenar y se me pone la piel de gallina.
Mi película favorita, mi libro favorito, cinco cosas
que me llevaría a una isla desierta, la pareja que
busco y ―oh, qué espanto― por qué merezco que
me conozcan. No soy capaz de rellenar nada,
como si nunca hubiese pensado en esas cosas,
en nada de eso. Mi comida o bebida preferida.
Pero si nadie me ha preguntado eso nunca. Jamás.
Perplejo y frustrado, cierro la revista.
Miro con tristeza a mi conocido, estará aburrido,
espero que se apee pronto y que nadie más se meta
conmigo. No sé de dónde me viene la idea de que
me enseñaron a callar. Todos los que he conocido, sobre
todo mi abuelo, nunca paraba de hacer cosas, sus palabras
eran escasas, sólo las necesarias. No recuerdo haber
oído disertar, al menos no delante de mí. Y nadie
me preguntaba cuál era mi comida preferida. O qué
quería. Callábamos también el muchacho vecino y yo
cuando nos abrazábamos.
(fuente: "la mirada del lobo", sin crédito al traductor.)
Escucho a la gente asombrado. Tantas
cosas tienen que contarse, tanta cultura, elocuencia,
sabiduría. El del pantalón roto explica el complicado
abastecimiento urbano de agua, la gordita de mi lado
la explotación perpetua de África, un tercero los detalles
del nuevo papel de tal actor en tal película que, por
lo visto, acaba de estrenarse. No la he visto, por lo cual
debería sentir vergüenza y desear que me trague
la tierra. Un conocido, sentado a mi lado, de pronto sale
con la pregunta de cuál es mi postura ante la crisis de
Oriente Medio. Me quedo petrificado. Aunque podría
haber previsto que querría charlar. Murmuro
unas frases para acabar aguándole la fiesta.
En vez de iniciar un lujoso intercambio de ideas,
posturas y visiones, me quedo absorto deseando
que no me pregunten nada más. Abro una revista
y busco anuncios. Como si fuera algo urgente.
Me siento tan solo ahora que podría publicar yo un anuncio,
me digo, aunque enseguida me entra la duda de cómo
podría conversar y sobre qué. Examino el formulario
que hace falta rellenar y se me pone la piel de gallina.
Mi película favorita, mi libro favorito, cinco cosas
que me llevaría a una isla desierta, la pareja que
busco y ―oh, qué espanto― por qué merezco que
me conozcan. No soy capaz de rellenar nada,
como si nunca hubiese pensado en esas cosas,
en nada de eso. Mi comida o bebida preferida.
Pero si nadie me ha preguntado eso nunca. Jamás.
Perplejo y frustrado, cierro la revista.
Miro con tristeza a mi conocido, estará aburrido,
espero que se apee pronto y que nadie más se meta
conmigo. No sé de dónde me viene la idea de que
me enseñaron a callar. Todos los que he conocido, sobre
todo mi abuelo, nunca paraba de hacer cosas, sus palabras
eran escasas, sólo las necesarias. No recuerdo haber
oído disertar, al menos no delante de mí. Y nadie
me preguntaba cuál era mi comida preferida. O qué
quería. Callábamos también el muchacho vecino y yo
cuando nos abrazábamos.
(fuente: "la mirada del lobo", sin crédito al traductor.)
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