La muerte en cifras
Está muerto… Okey, pero ¿qué hacemos con él?
Al fin y al cabo perecen los árboles.
Saltan por el aire las estrellas, cerca
de las vallas se paralizan los perros…
¿Estaba enamorado?, pero ¿qué hacemos con él?
Alguien puede reírse hasta ahogarse
con estas palabras tan caducadas.
Había estado sufriendo, dicen…
¡Ah, con razón!
No, sencillamente suena mejor decir que,
un auto lo atropelló mientas cruzaba la calle,
pensando en “Las alas de la muerte”
como un título perfecto para sus poemas.
En pocas palabras, digamos que no escuchó los gritos ni el sonido de los frenos,
ni las huellas barrosas del neumático en el libro
que cayó de sus manos, y
que se llamaba “El arte de amar” y
y que había comprado cinco minutos antes
de un mercader que lo tenía expuesto en medio de la acera
y con venta directa en la calle.
Ahora veamos lo que llevaba dentro de sus bolsillos:
diecisiete cigarrillos, marca Polior,
una entrada de teatro para el 31 de diciembre para
(El espectáculo “Rigolleto”),
algo de dinero: en cifra exacta//para ser exacto — un rublo con quince,
digamos que llevaba una chaqueta verde,
y que en su bolsillo había
un bloc de notas y una pluma estilográfica,
un pañuelo hecho un higo,
una hoja de papel doblada con las notas siguientes:
perejil — 2 manojos
puerro — 1 manojo
papa —- 3 kg
cebolla — 3 kg
número de Ketino — 22-27-39
y del lado opuesto,
había una nota confusa y tachada:
“Mis manos estaban tan a gusto sobre tus pechos,
pero ahora están helados otra vez;
habré de estirármelos frente a la chimenea del Infierno
para liberarme de este escalofrío y este dolor”.
Las palabras estaban tachadas y acompañadas de un boceto
de un hombre risueño con una nariz graciosa…
Eso es todo.
Ah sí, Artusha fue la que embalsamó el cadáver;
Kolla, Murman y Jora se encargaron de cavar la tumba;
su madre, mientras arreglaba su mejor suite
y hurgaba en los bolsillos con sus manos trémulas,
descubrió que tenía a un hijo fumador…
La noticia del obituario fue publicada el 28 de diciembre;
y para la música del funeral, eligieron a
Chopin, Mozart, Beethoven y Phaliashvili;
el entierro tuvo lugar a las tres y media del día 31;
cien personas asistieron al velorio
(sirvieron caviar rojo porque el negro estaba más allá de su alcance) y
los que se quedaron, se apuraron en irse,
porque estaban tentados por otras fiestas
con champán, pasteles y dulces…
¡Qué lástima, todas estas sepulturas en la Nochevieja!
Qué lástima…
("altazor", traducción del inglés al español khédija gadhoum)
lunes, 7 de septiembre de 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
Uriel Martínez (1950 )
historia mèxico
Fase 3 (parte 21)
1.
Quiero dejar el exilio para otra ocasión, quizá para otro ciclo vital. Seis meses de celda me llevaron a un acercamiento con un uriel intuido, adivinado, presentido. En la semana última de agosto mudé la cabecera de la cama, ahora paso la noche con la mollera en dirección a occidente, al ocaso, a la hora del ángelus como quien ha llegado al otoño del mundo. Sé que un día haré a un lado las medicinas que ahogan mi oscuridad, mi confusión, dudas, inseguridades, recelos. Estoy por pisar el umbral.
2.
Ese día los pronósticos del tiempo indicaban un día cálido. Pero no aquí, en Dogville, sino en otro pueblo un poco distante, en dirección al sur. La cita para el viaje era a las 8 am. Tengo la bendita costumbre de despertarme a las cinco haga el clima que haga. Desde la noche anterior había apartado libros y revistas para el viaje: uno de Juan José Saer, cuatro ejemplares de "El son del corazón" y una libreta de apuntes de viajes; más el cargador del móvil. No llevaría artículos de aseo ni medicinas. Tampoco quise desayunar, sólo café y dos galletas saladas. La vuelta sería el mismo día de septiembre, ya entrado el otoño, mes y ciclo vital crepusculares. Seguía activa la maldita Pandemia. Así que cargaría dos cubrebocas, uno de repuesto y el otro como salvoconducto para trepar al bus que me acercaría a lugar concertado para la cita y el viaje.
3.
El viaje no fue azaroso. Nos detuvimos brevemente en una tienda de conveniencia a comprar cien pesos de tiempo-aire para el móvil, nos desayunamos una torta de frijoles con huevo antes de reanudar el camino. Atravesamos un pueblito y al acercarnos a un negocio mi auriga me dijo: "Mira, aquí encuentras sal de mar de Colima y chiles con vinagre envasados; de regreso nos detenemos para que la conozcas. Venden muchas cosas." El trayecto me es conocido pues ya he viajado en ocasiones anteriores a nuestra meta. Sobre la carretera aparecen esporádicos indicadores de los pueblos y villas cercanos tres o cuatro kilómetros que orientan a viajeros -a aquellos no acostumbrados a los mapas de Google-; pueblos y villas distantes de la carretera de mayor circulación; son caminos vecinales de terracería. La mañana era de clima agradable. Sin yo esperarlo llegamos a mi destino: ahí esperaría el regreso de mi guía que se encaminaba a otro pueblo: acordaríamos el punto de reencuentro con el móvil, antes de las 17 horas. Descendí cerca del mercado antes de las once am. Cuando encontré café de olla en uno de los puestos, observé que entre los comensales, como en ocasiones anteriores, no había huicholes, había pocos clientes. La gente seguía confinada en sus casas o, en todo caso, el grueso de clientes y comerciantes llegan a esa cabecera municipal sábados y domingos, ya a comprar, vender y escuchar misa. Salí del lugar con el vaso de unicel de café. Cuando le di el primer sorbo me percaté que había olvidado tomarme la medicina de las 8 am en casa. Pese al baño temprano no había despertado cabalmente. Por naturaleza soy distraído y esta vez no había habido excepción. Me tomé con calma el olvido, la tomaría a mi regreso.
Dogville, septiembre 2020 (Inèdito)
sábado, 5 de septiembre de 2020
Miguel Ángel Morelli (1955/2020 )
Mi madre creía en dios...
1
mi madre creía en dios y hablaba con él en voz alta
mientras lavaba la ropa y la colgaba de la soga
sentado en un rincón del patio / después de la escuela
yo la escuchaba hablar sola y pensaba que mi madre estaba loca
¿cómo no iba a pensarlo? / yo tenía apenas doce años
la edad del mundo / la edad de todas las verdades de este mundo
pero un día llegué y ella no estaba
y fue como volver a nacer / aunque del lado de la desesperanza
eso pasó hace mucho tiempo, es cierto, pero de tarde en tarde
cuando el olvido me acorrala / me siento en el rincón de pensarla
y vuelvo a ser entonces ese niño al que la muerte le mordía los labios
2
y me pregunto qué va a ser de mí / con esta lluvia
con tanta agua corriendo calle abajo y esos despojos
que van a la deriva / si hoy el mundo es una boca de tormenta
hay que llegar / me digo / a la otra orilla
mientras trato de recordar cómo era que rezaba
aquel hombre que no salía de su casa sin paraguas
("otra iglesia es imposible")
1
mi madre creía en dios y hablaba con él en voz alta
mientras lavaba la ropa y la colgaba de la soga
sentado en un rincón del patio / después de la escuela
yo la escuchaba hablar sola y pensaba que mi madre estaba loca
¿cómo no iba a pensarlo? / yo tenía apenas doce años
la edad del mundo / la edad de todas las verdades de este mundo
pero un día llegué y ella no estaba
y fue como volver a nacer / aunque del lado de la desesperanza
eso pasó hace mucho tiempo, es cierto, pero de tarde en tarde
cuando el olvido me acorrala / me siento en el rincón de pensarla
y vuelvo a ser entonces ese niño al que la muerte le mordía los labios
2
y me pregunto qué va a ser de mí / con esta lluvia
con tanta agua corriendo calle abajo y esos despojos
que van a la deriva / si hoy el mundo es una boca de tormenta
hay que llegar / me digo / a la otra orilla
mientras trato de recordar cómo era que rezaba
aquel hombre que no salía de su casa sin paraguas
("otra iglesia es imposible")
viernes, 4 de septiembre de 2020
Mario Paoletti (1940 )
Veo, veo
Creo que ya he visto
todo lo que un hombre puede ver.
Vi tres arcoiris juntos en el cielo.
Vi a un padre llorando sobre el plato de sopa.
Vi Venecia.
Vi a un hombre inclinado sobre otro hombre
con un rayo en la mano, haciéndole daño.
Vi a Rulfo, que se apoyó en mi brazo.
Vi a una mujer hermosa
con los brazos en alto recogiéndose el pelo.
Vi la crueldad por aburrimiento
y el heroísmo por orgullo.
Vi a la Muerte pasar a mi lado sin reconocerme
y vi a mi hermano incendiando corazones.
Una noche vi lo que no debiera haber visto.
Vi a la Tierra girando en el espacio y oí su ruido.
Vi el Paraíso, pero me expulsaron.
Vi a una madre jugando con harina.
Vi caer a un gato desde lo alto y matarse.
Vi a un hombre altísimo con manos de relojero
y vi a las silenciosas mujeres de Vermeer.
También vi a Dios, una tarde, en una celda,
pero se fue, y no hubo nada.
("sureando")
Creo que ya he visto
todo lo que un hombre puede ver.
Vi tres arcoiris juntos en el cielo.
Vi a un padre llorando sobre el plato de sopa.
Vi Venecia.
Vi a un hombre inclinado sobre otro hombre
con un rayo en la mano, haciéndole daño.
Vi a Rulfo, que se apoyó en mi brazo.
Vi a una mujer hermosa
con los brazos en alto recogiéndose el pelo.
Vi la crueldad por aburrimiento
y el heroísmo por orgullo.
Vi a la Muerte pasar a mi lado sin reconocerme
y vi a mi hermano incendiando corazones.
Una noche vi lo que no debiera haber visto.
Vi a la Tierra girando en el espacio y oí su ruido.
Vi el Paraíso, pero me expulsaron.
Vi a una madre jugando con harina.
Vi caer a un gato desde lo alto y matarse.
Vi a un hombre altísimo con manos de relojero
y vi a las silenciosas mujeres de Vermeer.
También vi a Dios, una tarde, en una celda,
pero se fue, y no hubo nada.
("sureando")
jueves, 3 de septiembre de 2020
Uriel Martínez (1950 )
Enemigos
Vine al cine Comala
a buscar a mi hijo Miguel Páramo
como el ciego a tientas
recorre el túnel de noche;
Vine al cine Comala
a ofrendar el tacto nebuloso
de mi lengua, los trazos
áridos de mis huellas dactilares;
Vine al cine Comala
a ensayar los telones
corredizos del pudor
y el tejido quieto del abandono.
Una vez más: vine al cine Comala
con la certeza de no encontrarlo,
la incertidumbre de reconocerle;
la seguridad de, una vez más,
evitarnos...
(Inédito)
Vine al cine Comala
a buscar a mi hijo Miguel Páramo
como el ciego a tientas
recorre el túnel de noche;
Vine al cine Comala
a ofrendar el tacto nebuloso
de mi lengua, los trazos
áridos de mis huellas dactilares;
Vine al cine Comala
a ensayar los telones
corredizos del pudor
y el tejido quieto del abandono.
Una vez más: vine al cine Comala
con la certeza de no encontrarlo,
la incertidumbre de reconocerle;
la seguridad de, una vez más,
evitarnos...
(Inédito)
miércoles, 2 de septiembre de 2020
Carmen Berenguer (1946 )
memoria chilena
Creo que tiene que ver con el olvido
Se parece a ciudad miseria de Perú
Se parece a ciudad oculta en Argentina
Se parece a las favelas de Brasil
Se parece a South Bronx de Nueva York
Se parece a Blade Runner
Se parece a los derrumbes
Se parece a los ojos que salen de las capuchas de Chiapas
Paredes tiene
paredes blancas tiene
rejas tiene
perros rabiosos tras las rejas tiene
mercados tiene
malls tiene
edificios de vidrios tiene
edificios nuevos con más
vidrios donde se reflejan nubes grises tiene
todo nuevo tiene
comunicaciones tiene
celulares tiene
policía tiene
policía nueva tiene
autos nuevos tiene
camas nuevas tiene
puertas nuevas tiene
ventanas nuevas tiene
metro nuevo tiene
rejas nuevas tiene
seguridad nueva tiene
miedo nuevo tiene
comida nueva tiene
hambre nueva
Tiene
Hay olores
olores a revistas viejas
a enfermedades gringas
a transpiración germana
a fantasía añeja
olor a nafta
a pilchas euro
a fajas gringas
a faldas gringas
a solapas gringas
a sobaco viejo
a enaguas gringas
a faldas gringas
a pantalón gringo
a sábanas gringas
a cubrecamas gringas
a cortinas gringas
olor a mercado usado
olor a cuáqueros
olor a western
olor a Colt
olor a Calvino
olor a adrenalina
olor a papas fritas
olor a pollo frito
olor a hamburguesa
olor a Ketchup
olor a comida macrobiótica
cuando te acuestas
cuando te levantas
cuando miras de reojo
cuando fijas la vista
cuando te acercas
cuando hablas
cuando callas
cuando brincas
cuando te das vuelta en la mañana
una hora después
cuando te agachas
cuando sudas
cuando aguantas
cuando aúllas
Tiene que ver con una madre muerta
("algún día en cualquier parte, bicentenario Letras de Chile y México", edición universidad veracruzana, xalapa, 2011)
martes, 1 de septiembre de 2020
Raymond Carver (1938/1988 )
biografiasyvida
Los jóvenes lanzallamas de ciudad de México
Se llenan la boca con alcohol
y luego soplan
sobre una vela encendida,
lo hacen en los semáforos.
O en cualquier otro lugar
donde los automóviles hacen cola
y sus conductores
enojados y frustrados
están a la búsqueda de algo que los distraiga.
En esos sitios hallarás a los jóvenes lanzafuegos.
Haciendo lo que hacen, si tienen suerte,
por unas monedas.
Pero antes del año sus labios
estarán quemados y sus gargantas en carne viva.
En pocos meses perderán la voz.
No podrán hablar ni gritar,
estos niños silenciosos
que recorren las calles con una vela
y una lata de cerveza llena de alcohol.
Los llaman los milusos, lo que significa
que sirven para muchas cosas o para nada.
("altazor", traductor esteban moore)
Los jóvenes lanzallamas de ciudad de México
Se llenan la boca con alcohol
y luego soplan
sobre una vela encendida,
lo hacen en los semáforos.
O en cualquier otro lugar
donde los automóviles hacen cola
y sus conductores
enojados y frustrados
están a la búsqueda de algo que los distraiga.
En esos sitios hallarás a los jóvenes lanzafuegos.
Haciendo lo que hacen, si tienen suerte,
por unas monedas.
Pero antes del año sus labios
estarán quemados y sus gargantas en carne viva.
En pocos meses perderán la voz.
No podrán hablar ni gritar,
estos niños silenciosos
que recorren las calles con una vela
y una lata de cerveza llena de alcohol.
Los llaman los milusos, lo que significa
que sirven para muchas cosas o para nada.
("altazor", traductor esteban moore)
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