sábado, 7 de septiembre de 2019

Basilio Sánchez (1958 )

Este es un buen lugar



De esta tierra ha manado leche y agua.
De esta tierra
las hojas del manzano
extrajeron su pudor y su fuerza.

De esta tierra sacaron nuestros muertos
el rojo de las bayas,
el silencioso verde de los campos.

Las historias
de los libros sagrados
debieron ser escritas por pastores
que, al final de la tarde,
aguardaban sentados a la sombra
el regreso de los rebaños

por las iluminadas laderas de los montes.


("trianarts")

viernes, 6 de septiembre de 2019

Dario Belleza (1944/1996 )

Voy como un fantasma por la casa



Voy como un fantasma por la casa:
releo los magníficos escritos del pasado
o salto la comida convertida en pesadilla
y martirio de su propio enunciado:
el hombre es lo que come.
¡Así me trago montañas de vino aguado
y la vida en la ciudad resplandece de horror
de aire tumefacto y sumiso al servicio
del cáncer más pestilente y sonoro!
No hay esperanzas de inmortalizarse
en el devenir de un día igual
a otro: ¡sólo los gatos insisten
en no huir, en calmar el deseo

de semen y sangre!



("revista altazor", traducción emilio coco)

jueves, 5 de septiembre de 2019

Jorge Fernández Granados (1965 )

Tao



mi madre era una mujer que llevaba su casa a todas partes
mi padre era un hombre que llevaba sus ruedas a todas partes

mi madre era una mujer que dondequiera que vivía buscaba arraigarse
mi padre era un hombre que dondequiera que vivía buscaba la hora de irse

mi madre era una persona que necesitaba un espacio para hacerlo suyo
mi padre era una persona que necesitaba un espacio para recorrerlo

ella quería saber siempre el nombre del lugar a donde llegaría
él quería saber la hora anticipada en la que emprenderían el viaje

ella hacía todo lo posible porque pasara lo que pasara las cosas volvieran a su sitio
él hacía todo lo posible por remover el lugar fijo de las cosas

ella medía el tiempo en círculos
él medía el tiempo en una línea de fuga

lo que aún es un enigma para mí
es por qué en los últimos años de sus vidas cambiaron de papeles
y cuando tuvieron un jardín
mi madre sembró plantas que dan flores
pero mi padre sembró plantas que dan frutos.



Los peces


Fuimos bajando hasta el fondo
por las calles del puerto. La noche
remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto
la brisa nos cubrió de sal y estrellas.
Es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo,
pero éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas.
El ron juntó a los peces
y a todas las criaturas que no duermen
esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero.
Emigramos a La Luna,
que era una carpa improvisada en los
dudosos territorios del suburbio.
Sudores y cervezas, baile, sedimento
de géneros grotescos de alegría,
se fueron combinando con torpeza
hasta temblar en una sombra, un amasijo
de danza, alcohol y extrañas vidas.
Los círculos que lees con tu mirada
no están en realidad aquí,
pero a ti te fue dado contemplarlos,
—dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos
en la anchurosa fiesta de esa carne.
El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia
y en medio de su lago nos fundimos.
Más tarde, ya cansados
los pocos rezagados en La Luna,
sin sueño y con nostalgia de horizonte,
fuimos a buscar el mar:
la sonata del agua, el apetito de su hechizo,
en esa vigilia donde el límite
del cielo y el océano es todavía tiniebla.
Algo nos lleva ante la orilla
a ver cómo la luz se recomienza
y estar aquí sin comprenderlo,
testigos de este mar alucinado,
súbitamente viejos, silenciosos,
oyendo de su más oscuro corazón
una alabanza.
Sentados en el muelle esperamos el día:
poco a poco fue llegando su violeta,
la noticia azul de su marea,

y en el silencio de su gloria amanecimos.


("revista altazor")

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Malú Urriola (1967 )


Gatos


iv

Hey, malú, asume la vida de gato
que te toca saltar de techo en techo
porque ni siquiera un poco de sol
los hará volver
porque no nacimos para dar
pero tampoco para recibir
hay que asumir el costo
te estás chalando
nada te llena
y el hastío te agarra de espaldas
por eso le seguimos el juego
a los imbéciles
y corremos en esta carrera de equinos
de mala sangre
cuando el poeta canta su bar cecil
y Dios le guiña un ojo
y por el otro le cae un goterón de tinto
de aburrido tinto.
Hey, malú, nace una estrella
nadie quiere el nobel
pero se mueren de sólo pensarlo
los poetas se odian
toman juntos pero se odian
a quién le importa
que se maten
que se tengan pica hasta la muerte
total, de todas maneras
no tenemos quien nos abrace
porque los gatos se retiran de noche
quién sabe dónde.
Hay que asumir, pendeja
que estás sola
que te bailas un rock
para quitarte las ganas –tú sabes de qué–
porque de tanto perraje patriarcal trompeteado
estás hasta la tusa
y ellos siguen tirándose a partir
prejuiciados
amablemente discrepantes
hey, malú una raja, qué te importa
si ni siquiera encuentras algo que te importe
por eso callas y luego ríes
porque nadie te llena el hoyo,
ni el vino
ni los machitos
ni mirar sus traseros sin forma
no te queda más que caminar borracha
y llegar borracha a tu home
piedrita mendiga.


("revista altazor")

martes, 3 de septiembre de 2019

Carlos Bousoño (1923/2015 )

Alma solitaria



Mira los aires, alma solitaria,
alma triste que sola vas gimiendo.
Asciende, sube. Amor te espera.
La cima es alta. Escaso, el aparejo.

Aleteante, temblorosa y blanca,
te veo subir con retenido esfuerzo.
Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna.
Llega la luna donde ayer el cierzo.

Al fin la vida con la luz se aclara.
Al fin la muerte con la luz ya se muerto.
¡Cantan las cumbres y los valles! ¡Cantan
los siempre vivos a los nunca muertos!

Cara con cara junto a Dios, escuchas
vibrar los aires y vivir los sueños.
Vida con vida, luz con luz amada,
y cielo, humano, en el amor, con Cielo.


("poesiacuatro")

lunes, 2 de septiembre de 2019

Ana Rossetti (1950 )

Confín


Se bucea una y otra vez
tras los restos del naufragio.
Y una y otra vez
se depositan las capturas
en la pulida lámina de la orilla.
¿Qué es lo que queda fuera?
¿La espuma que se desborda de las manos

o el océano denso del lenguaje?


("ruadaspretas")

domingo, 1 de septiembre de 2019

Uriel Martínez (1950 )


Rosa negra



Guardé no sé cuando en el libro
de Bécquer aquel de las oscuras golondrinas
una rosa que al paso de las noches
se hizo negra, negra oscura.

Profunda como algunos pubis
que a diferencia del mío, que es blanco
y ralo, que fueron tupidos y de cierto
(desierto) olor característico por desaseo
-decía-, falto de jabón y agua

Un día hube de abrir aquella página
ya tonsurada por años y polilla,
la abrí, la abrí, la abrí, y ahí
estaba ese amor que no muere
(porque al último muere el recuerdo
con uno)

Sí, ahí estabas de cuerpo presente, entero
como un árbol o un soldado que espera
descienda la bandera, en tarde tormentosa.


(Ïnédito)