Excavaciones
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Pero si pones el pie donde estaba el umbral,
si te acercas con la rama de albahaca y un gallo en los brazos,
las sombras vendrán rápidamente a tu encuentro.
Pero si te sientas donde estuvo el umbral,
si cantas con el gallo –con el gallo de la memoria–
todavía puedes recordar, privilegio de los vivos,
todavía puedes olvidar, privilegio de los muertos.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y señalas el dintel.
Y ya no sabes si estás del lado de la sombra o del lado de la luz.
Alguien viene a beber sol: extiendes la mano.
Alguien viene a beber sombra: extiendes la mano.
Y cuando el desconocido te pregunta quién eres, no sabes contestar,
cuando le preguntas quién es, no puede contestar.
Canta –pides– pero él no cantará.
Sueña –responde– y tú no entenderás.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Y cercas la zona con una cuerda de sol, la cercas con fuego.
¿Qué buscas en la zona de sombra? El perro se ahogó,
las gallinas se ahogaron, se ahogaron los gatos y los dioses.
¿Quién te busca en la zona de sombra? El pasto creció,
creció el viento que viene del olvido.
El aire tragó las tímidas palomas.
Y aquellos esbeltos caballos lustrosos.
Recuerda: lo que ahora no recuerdes nunca volverá.
Olvida: lo que ahora no olvides nunca lo olvidarás.
Y pasas de la zona de sombra a la zona de sol.
¿Qué buscas en la zona de sol? No sabes qué buscas,
mirando las ropas tendidas detrás del tiempo,
subiendo escalinatas que sólo llevan al vacío,
abriendo y cerrando puertas que no existen.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Y sentándote nuevamente donde estuvo el umbral
cierras los brazos, encoges las piernas, te duermes
en la gran matriz del llanto, si todo no fue un sueño.
("poeticous")
jueves, 14 de marzo de 2019
miércoles, 13 de marzo de 2019
Berta Piñán (1963 )
Noches de incendio
Son noches de insomnes las noches
de incendio.
Más cercana la muerte y
la vida, más violenta en esta espera
nocturna que enciende deseos y descubre
promesas,
certezas que pasan
ardiendo.
Prende el fuego en el aire como un aire de fiesta
o de guerra, de cosas que un instante
suceden y no son nada al instante.
En unas horas dejamos atrás aquello que fuimos
y va quedando en el aire
como un aire de urgencia,
de gestos recién aprendidos
y muy pronto olvidados.
Nadie duerme nunca
en las noches de incendio.
Como un amante impaciente,
la llama que crece en la noche
consume la noche
y nos recuerda lo que fuimos
quedando: sólo humo.
Y ceniza.
("rua das pretas")
Son noches de insomnes las noches
de incendio.
Más cercana la muerte y
la vida, más violenta en esta espera
nocturna que enciende deseos y descubre
promesas,
certezas que pasan
ardiendo.
Prende el fuego en el aire como un aire de fiesta
o de guerra, de cosas que un instante
suceden y no son nada al instante.
En unas horas dejamos atrás aquello que fuimos
y va quedando en el aire
como un aire de urgencia,
de gestos recién aprendidos
y muy pronto olvidados.
Nadie duerme nunca
en las noches de incendio.
Como un amante impaciente,
la llama que crece en la noche
consume la noche
y nos recuerda lo que fuimos
quedando: sólo humo.
Y ceniza.
("rua das pretas")
martes, 12 de marzo de 2019
Elvio Romero (1926/2004 )
Tormenta
La noche ha sido larga.
Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.
Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos.
("poesía cuatro")
La noche ha sido larga.
Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.
Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos.
("poesía cuatro")
lunes, 11 de marzo de 2019
Idea Vilariño (1920/2009 )
Eso
Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.
Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.
El amor
Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorgojea al oído
y le gorgojeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda lo
levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
ríe y río
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
- no se trata de amor
damos la vida-
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo.
("poesía cuatro")
Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.
Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.
El amor
Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorgojea al oído
y le gorgojeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda lo
levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
ríe y río
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
- no se trata de amor
damos la vida-
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo.
("poesía cuatro")
domingo, 10 de marzo de 2019
Uriel Martínez (1950 )
La costurera
La costurera aceptó un regalo:
el colchón donde engendré tu sepultura,
el altar en que ofrendé noches
y madrugadas al fantasma
que todos esculpimos
morosamente, sin admitir que
elaboré un mono de hule,
relleno de aire de pulmón,
de plumas sin peso ni sustancia.
A destiempo abandoné el barco,
las alas de ícaros, la cera
que me arrebató el sol
hasta perderme inconsciente
entre breñales.
[Inédito]
La costurera aceptó un regalo:
el colchón donde engendré tu sepultura,
el altar en que ofrendé noches
y madrugadas al fantasma
que todos esculpimos
morosamente, sin admitir que
elaboré un mono de hule,
relleno de aire de pulmón,
de plumas sin peso ni sustancia.
A destiempo abandoné el barco,
las alas de ícaros, la cera
que me arrebató el sol
hasta perderme inconsciente
entre breñales.
[Inédito]
sábado, 9 de marzo de 2019
Milagros Terán (1963 )
Poema a mis piernas
Tengo dos piernas largas
que se doblan
como los bambués
que están frente a la casa-hacienda
de mi padre.
En la noche se cuelgan
como enredaderas
de la cama,
se deshacen desnudas
como dos morenas
que se mueren de pena.
Cuando llueve
se ponen a secar
bajo la brisa,
se resbalan
como dos lágrimas
se besan
se agotan
se fecundan.
("la mirada del lobo")
Tengo dos piernas largas
que se doblan
como los bambués
que están frente a la casa-hacienda
de mi padre.
En la noche se cuelgan
como enredaderas
de la cama,
se deshacen desnudas
como dos morenas
que se mueren de pena.
Cuando llueve
se ponen a secar
bajo la brisa,
se resbalan
como dos lágrimas
se besan
se agotan
se fecundan.
("la mirada del lobo")
viernes, 8 de marzo de 2019
Noni Benegas (1947 )
La casa
Cómo disolver una casa, la estructura
de canela simple, sólida en la memoria,
los travesaños de letras de molde
y las ventanas, que enmarcan un único paisaje,
lívido, de la infancia.
Cómo estallar la ceniza y absorberla
por un agujero negro, o mejor luminoso, clarísimo
que brille hasta el fin y se apague.
Cómo no entrar ni salir, que no haya un porche
ni una escalera, ni una sala, ni una madre
al fondo de un sillón, y un hermano por siempre en el baño
descubriendo su adolescencia.
Cómo, una vez la casa quieta, borrar
la ausencia del padre
instalada con rabia de polvo en el vacío.
("la mirada del lobo")
Cómo disolver una casa, la estructura
de canela simple, sólida en la memoria,
los travesaños de letras de molde
y las ventanas, que enmarcan un único paisaje,
lívido, de la infancia.
Cómo estallar la ceniza y absorberla
por un agujero negro, o mejor luminoso, clarísimo
que brille hasta el fin y se apague.
Cómo no entrar ni salir, que no haya un porche
ni una escalera, ni una sala, ni una madre
al fondo de un sillón, y un hermano por siempre en el baño
descubriendo su adolescencia.
Cómo, una vez la casa quieta, borrar
la ausencia del padre
instalada con rabia de polvo en el vacío.
("la mirada del lobo")
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