Todas se llaman María
Todas se llaman María
y es inútil distinguirlas
buscar para cada una el rostro diferente
saber cuál del ellas fue la enamorada
la que supo romper el frasco de perfume
secar con sus cabellos los pies recién lavados
si ella es la misma que lloró
cuando Él fue muerto
si ella le alivió el sudor en el camino
o fue otra la María
que corrió detrás de los sepultureros
todas se confunden en ese obediente rebaño
nadie recuerda el día
cuando Él la llamó
le dio un nombre
como si fuera la única
acompañando sus noches
la elegida para vivir por los caminos
anunciando las buenas nuevas
mas la palabra no les fue otorgada
el día de la confirmación de la fe
cuando el espíritu santo
llenó a los elegidos de sabiduría
ellas estaban en la cocina.
("poemas poetas")
sábado, 28 de abril de 2018
viernes, 27 de abril de 2018
Paula Abramo (1980 )
Presentación del panadero anarquista
Bórtolo Sargman
prende el cerillo
ya lo enciendo
Ríspido, el cerillo enciende el horno.
El siglo está acabando; para el alba
faltan unas cinco horas más o menos.
No importa la hora, sólo importa
el gélido rodar del cielo
por los ríos. Hoy es algún lugar del Véneto,
y el horno.
Y sólo importa hoy la bóveda del horno.
La harina se hace pan, el pan es carne-
El pan son estos muslos que despiertan
muy noche adentro, al roce de otras piernas,
para luego salir antes que el día
a iluminar el horno y la madera.
Y en cuanto brota el sol, el pan no basta.
No brillan las constelaciones cernidas sobre el suelo
si todo está astillado de gendarmes
y es necesario huir sobre un vapor.
("señores protozoarios")
Bórtolo Sargman
prende el cerillo
ya lo enciendo
Ríspido, el cerillo enciende el horno.
El siglo está acabando; para el alba
faltan unas cinco horas más o menos.
No importa la hora, sólo importa
el gélido rodar del cielo
por los ríos. Hoy es algún lugar del Véneto,
y el horno.
Y sólo importa hoy la bóveda del horno.
La harina se hace pan, el pan es carne-
El pan son estos muslos que despiertan
muy noche adentro, al roce de otras piernas,
para luego salir antes que el día
a iluminar el horno y la madera.
Y en cuanto brota el sol, el pan no basta.
No brillan las constelaciones cernidas sobre el suelo
si todo está astillado de gendarmes
y es necesario huir sobre un vapor.
("señores protozoarios")
jueves, 26 de abril de 2018
Diane di Prima (1934 )
Soy una sombra
soy una sombra cruzando el hielo
soy un cuchillo oxidado en el agua
soy un peral mordido por la helada
sostengo la montaña con la mano
el cristal corta mis pies
camino por el bosque azotado por el viento
después del anochecer
me envuelven en una nube dorada
silbo entre los dientes
pierdo mi sombrero
Mis ojos son alimento para las águilas & trabaron
mi mandíbula con alambre de plata
he ardido a menudo y mis huesos son caldo
soy una estatua gigante de piedra en un acantilado
Estoy loca como una ventisca
me asomo desde armarios rotos
("otra iglesia es imposible", ver. jonio gonzález)
soy una sombra cruzando el hielo
soy un cuchillo oxidado en el agua
soy un peral mordido por la helada
sostengo la montaña con la mano
el cristal corta mis pies
camino por el bosque azotado por el viento
después del anochecer
me envuelven en una nube dorada
silbo entre los dientes
pierdo mi sombrero
Mis ojos son alimento para las águilas & trabaron
mi mandíbula con alambre de plata
he ardido a menudo y mis huesos son caldo
soy una estatua gigante de piedra en un acantilado
Estoy loca como una ventisca
me asomo desde armarios rotos
("otra iglesia es imposible", ver. jonio gonzález)
miércoles, 25 de abril de 2018
Karmelo C. Iribarren (1959 )
Poeta
«Mira,
ése de ahí,
es poeta»,
dice.
Y la amiga
mueve ligeramente
la cabeza,
y te mira un instante
(como miraba en el museo
aquellas cosas viejas),
y luego remueve un poco
su café,
y le contesta
que a ella Bécquer
le parecía guay.
«Mira,
ése de ahí,
es poeta»,
dice.
Y la amiga
mueve ligeramente
la cabeza,
y te mira un instante
(como miraba en el museo
aquellas cosas viejas),
y luego remueve un poco
su café,
y le contesta
que a ella Bécquer
le parecía guay.
("no me quites paz")
martes, 24 de abril de 2018
César Moro (1903/1956 )
Carta a Antonio
Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio
de mi sueño y me levantas y como un dios, como un auténtico dios,
como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana
con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro,
me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tú eres
el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo,
hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;
como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed
quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de
rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto,
el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto
de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres:
hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella,
gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire;
cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de
tu manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel
punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu
lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará
e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano
sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte
que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
("poetas del fin del mundo")
Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio
de mi sueño y me levantas y como un dios, como un auténtico dios,
como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana
con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro,
me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.
Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tú eres
el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo,
hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;
como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed
quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de
rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto,
el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto
de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres:
hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella,
gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire;
cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de
tu manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel
punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu
lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará
e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano
sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte
que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
("poetas del fin del mundo")
lunes, 23 de abril de 2018
Alfonso Brezmes (1966 )
El pacto
Si me incendias, no esperes
de mí un lenguaje al uso,
los desgastados ritos del amor,
las consabidas normas,
los burdos reglamentos
que matemáticamente predicen
cómo todo se teje y se desteje.
Si me enciendes, no dejes
nada de tu leña para un día
que acaso nunca ha de llegar
y arriésgate al juego prohibido
que ignora la aritmética y el cálculo.
No te cubras, no conserves.
Organiza tu vida para el fuego.
Este es el pacto:
si me amas, arde conmigo.
Amor y mitología
Y luego, cuando el tiempo se detenga
como un perro ante el umbral
que da paso al cuarto de su amo,
y un lento veneno se deslice
por las arterias del mundo,
yo seré tus sábanas blancas,
la desgastada almohada que te escucha,
el invisible vaso que al dormirte
olvidas cada noche en la mesilla.
Y en tu dulce intimidad me iré colando,
como un oscuro dios menor que sabe
que todo es posible en los sueños.
Hasta nosotros mismos.
("rua das pretas")
Si me incendias, no esperes
de mí un lenguaje al uso,
los desgastados ritos del amor,
las consabidas normas,
los burdos reglamentos
que matemáticamente predicen
cómo todo se teje y se desteje.
Si me enciendes, no dejes
nada de tu leña para un día
que acaso nunca ha de llegar
y arriésgate al juego prohibido
que ignora la aritmética y el cálculo.
No te cubras, no conserves.
Organiza tu vida para el fuego.
Este es el pacto:
si me amas, arde conmigo.
Amor y mitología
Y luego, cuando el tiempo se detenga
como un perro ante el umbral
que da paso al cuarto de su amo,
y un lento veneno se deslice
por las arterias del mundo,
yo seré tus sábanas blancas,
la desgastada almohada que te escucha,
el invisible vaso que al dormirte
olvidas cada noche en la mesilla.
Y en tu dulce intimidad me iré colando,
como un oscuro dios menor que sabe
que todo es posible en los sueños.
Hasta nosotros mismos.
("rua das pretas")
domingo, 22 de abril de 2018
Nora Manneck (1949 )
Cuando me fue entregado el libro de Uriel en la Librería Gandhi me quedé pensativa: ¿y por qué lubricantes? en el recorrido hacia mi casa, brincando a un indigente acostado sobre la basura de restos de tacos consumidos, evadiendo bicicletas, aguantando el estruendo del ruido de una moto, las luces de una patrulla amenazante, buscaba la razón del título y me dije:
Un lubricante es una sustancia que, colocada entre dos piezas, no se degrada, y forma asimismo una capa que impide su contacto, permitiendo su movimiento incluso a elevadas temperaturas y presiones, evitando la fricción.
Newton define la fricción como una fuerza resistente que actúa sobre un cuerpo, que impide o retarda el deslizamiento de éste respecto a otro.
Los coeficientes de fricción se dividen en:
la Cinemática, que estudia el movimiento en sí mismo sin preocuparse por la causa que lo produce;
la Dinámica, que se ocupa de las causas que originan el movimiento o las fuerzas de la naturaleza; y
la Estática, que se ocupa de estudiar el estado de equilibrio o reposo de los cuerpos.
Dando la vuelta al parque llegando a la casa me recibió el canto de los pájaros.
Y ¿en dónde, en estos infinitos universos que habitamos o en los múltiples universos que nos habitan, más allá de caer en obviedades, encontramos estas fuerzas de fricción?, ¿cómo se manifiestan?, ¿qué hacemos o inventamos para sobrevivir a ellos...?
A tormentas solares, terremotos y huracanes devastadores, lluvias torrenciales, contaminaciones sofocantes, roces absurdos, desentendidos innecesarios, conflictos creados, creencias manipuladas, divisiones forzadas, mitos inventados, ideas aplastantes, ideologías desgastadas, economías alteradas, noticias que desinforman, cuerpos mutilados, etc. Manifestándose en guerras de todo tipo, en donde todo se rige creando la división en cuestiones de color, religión, raza, sexo, pobres y ricos, malos y buenos... Así que si la fricción fuera un animal feroz encontrará mucho material para alimentarse en esta eterna espiral de poder.
Uriel Martínez expone estos conflictos de manera magistral, desde una cotidianidad aparente, siempre entre líneas, en este espacio intergaláctico que pertenece únicamente al poeta y obliga al lector a descubrir mundos paralelos al suyo.
Pero no acaba ahí, indaga sobre el impacto real de tales monstruosidades, en esta parte del hombre en donde lo humano se ve avasallado en su intimidad, su tristeza, su soledad, sus dudas, sus miedos, la muerte... y todo lo que no hizo. Y oh sorpresa, logra reconectarse con la naturaleza del universo: vegetal, animal y más allá. Desfilan serpientes, hormigas, felinos, cascabeles, búhos, lechuzas, aves de agüero, alados negros, gaviotas, cuervos, lagartijas heridas de ecos, la sombra de un gato, reptiles de ojos egipcios y aliento a Chanel No. 5, cempoal, dientes de león, rosas. Uriel abre la conversación con ellos en diálogos que a veces parecieran rebasar a la hilaridad, entrando a este humor negro y vena sarcástica que yo pensaba distintivo de mi pueblo.
Creo que el humor, por más negro que sea, es una manera de crear puentes y por lo tanto suaviza, lubrica y la fricción responde de una calidad distinta al roce desaforado.
Por último, llegamos al tercero de los coeficientes: la Estática, aquella fricción que nos indica el estado del equilibrio o reposo de los cuerpos.
El adiós al movimiento en un espacio y un tiempo determinado, en donde todo es y nada vale la pena ser archivado, donde la enfermedad y sus medicinas se vuelven compañeros del camino, cuando la memoria se alimenta de los momentos de máxima pasión a la vida, , al amor, a la esperanza. Y para aguantar el último viaje el cerebro liberará la hormona de la felicidad igual que cuando nacimos, un lubricante maravilloso de ilusión y espejismo:
Y se plantará un árbol, cerca de una cama, con sombra abundante y de tronco perenne.
Un árbol que ataje ventarrones, buitres y auras que planean aires malsanos.
No está decidido de qué especie sea, pero será un árbol de follaje vasto y brazos extendidos.
En días de altas temperaturas, las sábanas serán columpio cuyo vaivén nos lleve a trepar aquellas colinas.
Y si un día envejece por plaga, sequía o eclipse, se vuelve a plantar otro, con sombra protectora y balsámica.
Agradezco infinitamente, desde la posibilidad de la manifestación teatral, una poesía con la textura que nos ofrece Uriel Martínez, dado que me invita constantemente, a abrir las ventanas del imaginario a un centenar de alumnos con una necesidad imperante de ser despertados y confrontados en relación con el mundo que les hemos heredado... de una manera crítica, radical y contundente pero no sin "Lubricantes".
texto leído en la presentación del poemario Lubricantes, el pasado 12 de abril del año en curso en la librería Voces en Tinta, ciudad de México [Inédito]
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