Palidez
Soy el solitario de las cuadras desiertas
con lámparas deprimentes que expiran luz pálida.
Cuando la campana suena en la negrura de la noche...
soy el solitario de las cuadras desiertas.
La risa vil es mi camarada... y las sombras
que asustan a perros perdidos en la avenida.
Bajo las deprimentes lámparas que expiran luz pálida,
viles risas son mis camaradas... y las sombras.
Soy el solitario de las cuadras desiertas
con juegos de sombra que producen locura.
Palideciendo en silencio y en parálisis...
¡Soy el solitario de las vías desiertas!
(revista "la palabra y el hombre". no.43, uv-xalapa, 2018; trad. alecqs garrigóz)
sábado, 7 de abril de 2018
viernes, 6 de abril de 2018
Ana Blandiana (1942 )
Más allá de mí
El dolor no existe más allá de mí,
Está encerrado en los límites de mi cuerpo
Un imán que lo ha absorbido del mundo.
He privatizado, diríase, el dolor
Y, ahora, alrededor de mí, hay un vacío luminoso
Como una aureola impermeable que aísla el tumor
Del que sólo sé que soy yo misma.
Pero, tampoco sé nada sobre mí.
("emma gunst", trad.victoria patea y antonio colinas)
El dolor no existe más allá de mí,
Está encerrado en los límites de mi cuerpo
Un imán que lo ha absorbido del mundo.
He privatizado, diríase, el dolor
Y, ahora, alrededor de mí, hay un vacío luminoso
Como una aureola impermeable que aísla el tumor
Del que sólo sé que soy yo misma.
Pero, tampoco sé nada sobre mí.
("emma gunst", trad.victoria patea y antonio colinas)
jueves, 5 de abril de 2018
Fernando Pessoa (1888/1935 )
El guardador de rebaños
XLVIII
Desde la ventana más alta de mi casa
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos que parten hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ese es el destino de los versos.
Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede ocultar el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.
Ved que ya van lejos, como en la diligencia
y yo sin quererlo siento pena
como un dolor en el cuerpo.
¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?
Flor, me tomó mi destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.
¡Idos, idos de mí! Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la que fue suya.
Paso y me quedo, como el Universo.
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935", galaxia gutemberg, barcelona, 2017; sel. pról. y presentación de ángel campos pámpano)
XLVIII
Desde la ventana más alta de mi casa
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos que parten hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ese es el destino de los versos.
Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede ocultar el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.
Ved que ya van lejos, como en la diligencia
y yo sin quererlo siento pena
como un dolor en el cuerpo.
¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?
Flor, me tomó mi destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.
¡Idos, idos de mí! Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la que fue suya.
Paso y me quedo, como el Universo.
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935", galaxia gutemberg, barcelona, 2017; sel. pról. y presentación de ángel campos pámpano)
miércoles, 4 de abril de 2018
Jorge Teillier (1935/1966 )
(XXIII)
Lo que importa
es estar vivo
y entrar a la casa
en el desolado mediodía de la vida.
El río pasa recogiendo la calle polvorienta.
Los satélites artificiales pueden rodear la Tierra,
pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas.
Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al
descargar un saco de trigo,
el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria,
escuchamos el trote de los ratones entre los sacos
dormidos en la bodega,
y el oculto resplandor de las cosas
tiene un secreto revelado por los aromos.
Escucho el pitazo del tren
cortando en dos al pueblo.
El pueblo donde pedí tres deseos al comer las primeras cerezas,
donde me regalaron una lámpara humilde que no he vuelto a hallar,
el pueblo que tenía unos pocos miles de habitantes cuando nací,
y fue fundado como un Fuerte
para defenderse de los mapuches
(todo eso era nuestro Far West).
El pueblo donde aún humean mantas junto a cocinas a leña,
y el invierno es la travesía de un tempestuoso océano.
Si me pidieran recordar
algo más allá de las calles donde di los primeros pasos
no sabría mucho que decir.
Creo que he estado en otros países.
He visto día a día en las ciudades vehículos iluminados
como trasatlánticos
llevar rostros fatigados de un matadero a otro.
«La vida es un pretexto para escribir dos o tres versos
cantantes y luminosos», escribió Alexander Block,
pero tal vez yo no sea de verdad un poeta.
Me amo a mí mismo tanto como a mi prójimo,
pero estoy dispuesto a desaparecer junto a todo mi prójimo.
Puedo rezar sin creer en Dios.
A las noticias del día
suelo preferir leer memorias de oscuros personajes de otras épocas
o contemplar los gorriones picoteando maravillas.
De nuevo alguien ve derrochar
los yuyos su oro al viento.
Alguien va a temer cada mañana que el sol no regrese,
alguien aprenderá a leer en diarios que anuncian
nuevas guerras,
alguien en la noche
va a tomar un carbón encendido para trazar círculos de fuego
que lo protejan de todo mal.
Quedaré solo en un bosque de pinos.
De pronto veré alzarse los muros al canto de los gallos.
Podré pronunciar mi verdadero nombre.
Las puertas del bosque se abrirán,
mi espacio será el mismo que el de las aves inmortales
que entran y salen de él,
y los hermanos desconocidos sabrán que ya pueden reemplazarme.
Debo enfrentar de nuevo al río.
Busco una moneda.
El río ha cambiado de color.
Veo sin temor
la canoa negra esperando en la orilla.
("rua das pretas")
martes, 3 de abril de 2018
Fernando Pessoa (1888/1935 )
El guardador de rebaños
X
"Hola, guardador de rebaños,
ahí, junto al camino,
¿qué te dice el viento que pasa?"
"Que es viento, y que pasa,
y que ya pasó antes,
y que pasará después.
Y a ti, qué te dice?"
"Mucho más que eso.
Me habla de muchas otras cosas.
De memorias y de saudades
y de cosas que nunca fueron"
"Nunca oíste pasar al viento.
El viento sólo habla del viento.
Lo que le oíste fue mentira,
y la mentira está en ti."
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935"; ed. galaxia gutemberg; sel., trad. y prólogo ángel campos pámpano, barcelona, 2017)
X
"Hola, guardador de rebaños,
ahí, junto al camino,
¿qué te dice el viento que pasa?"
"Que es viento, y que pasa,
y que ya pasó antes,
y que pasará después.
Y a ti, qué te dice?"
"Mucho más que eso.
Me habla de muchas otras cosas.
De memorias y de saudades
y de cosas que nunca fueron"
"Nunca oíste pasar al viento.
El viento sólo habla del viento.
Lo que le oíste fue mentira,
y la mentira está en ti."
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935"; ed. galaxia gutemberg; sel., trad. y prólogo ángel campos pámpano, barcelona, 2017)
lunes, 2 de abril de 2018
Kiki Dimulá (1931 )
Edificio
La verdad: ¿cómo fue
aquella gran empresa de sentimientos
que habías montado?
Supe que acabó contigo.
¿Al menos acabaste con tus obligaciones?
¿Ayudaste al olvido a construir?
Durante años soñaba
con una familia propia
con una casa propia
lejos
lejos del recuerdo
de aquellos que amaron a ambas.
("otra iglesia es imposible", traducción nina anghelidis y juan a. gonzález iglesias)
La verdad: ¿cómo fue
aquella gran empresa de sentimientos
que habías montado?
Supe que acabó contigo.
¿Al menos acabaste con tus obligaciones?
¿Ayudaste al olvido a construir?
Durante años soñaba
con una familia propia
con una casa propia
lejos
lejos del recuerdo
de aquellos que amaron a ambas.
("otra iglesia es imposible", traducción nina anghelidis y juan a. gonzález iglesias)
domingo, 1 de abril de 2018
Fernando Pessoa (1888/1935 )
El guardador de rebaños
XXX
Si queréis que tenga un misticismo, está bien, lo tengo.
Soy místico, pero sólo con el cuerpo,.
Mi alma es sencilla y no piensa.
Mi misticismo es no querer saber.
Es vivir y no pensar en ello.
No sé qué es la Naturaleza: la canto.
Vivo en la cima de un otero
en una casa encalada y solitaria,
y ésa es mi definición.
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935"; sel., trad. y pról. ángel campos pámpano; galaxia gutember, barcelona, 2017)
XXX
Si queréis que tenga un misticismo, está bien, lo tengo.
Soy místico, pero sólo con el cuerpo,.
Mi alma es sencilla y no piensa.
Mi misticismo es no querer saber.
Es vivir y no pensar en ello.
No sé qué es la Naturaleza: la canto.
Vivo en la cima de un otero
en una casa encalada y solitaria,
y ésa es mi definición.
("un corazón de nadie, antología poética 1913/1935"; sel., trad. y pról. ángel campos pámpano; galaxia gutember, barcelona, 2017)
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