domingo, 7 de febrero de 2016

Uberto Stabile (1959 )

Maldita sea la poesía





Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
desterrados, desheredados,
ocultos en el fondo de los bares,
y he visto sus miradas
como versos trepidantes
cabalgar hacia el final de la noche,
y he visto su ternura descuartizada
por la abundancia de quienes les temen
y en su miedo los hacen grandes.
He visto en la bondad de sus gestos
la rebeldía de un mundo
que no necesita orden ni ley para ser justo,
la testaruda razón de quienes a la vida responden con la vida misma.
Yo he visto
una canción que no tenía letra ni remite,
y ellos la entendieron.
Les he visto levantarse
contra los versos exquisitos y subalternos,
les he visto encadenarse a las excavadoras
para frenar la destrucción de su tierra,
de su conciencia,
y nadie los invitó a los palacios de Doñana
y mucho menos a editar poemas
bajo el sello hipócrita
de quienes lavándose la cara
ensucian el mundo.
He visto como se engañaban para seguir perdiendo en un círculo de ganadores,
como alacranes en mitad de un fuego
que desintegra y reduce
la inteligencia y el miedo.
Y por todo ello han sido procesados,
sentenciados, condenados,
abocados a la indigencia laboral
y clandestinidad de la palabra.
Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
romper los versos a conciencia,
"porque bien ya otros lo hacen
y no ha ocurrido nada" (Eladio Orta).
En su profunda voluntad de cambio,
en sus humanas contradicciones,
en su maldita y genial resistencia
frente al pensamiento único,
he visto a los poetas de mi generación perder sus mejores oportunidades,
y no ha pasado nada,
pues nada hay más digno
que ser consecuente y efímero
en todo momento y verso.
Sólo la vocación devuelve
el género a su origen,
esa maldita poesía que nos hace libres

frente a la tradición.


("rua das petras")

sábado, 6 de febrero de 2016

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El guardador de rebaños



Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.

Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.

He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?

Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.


("el azul de los lápices.blogspot", sin crédito al traductor)

viernes, 5 de febrero de 2016

Joseph Brodsky (1940/1996 )

Canción de bienvenida


Aquí está tu matrimonio y aquí está tu divorcio.
Pues es el orden que no puedes invertir.
Bienvenido a ello, ¡y que te den por el culo!

Aquí está tu navaja, aquí están las venas de tu muñeca.
Bienvenido al juego donde eres tu propio terrorista:
llámalo tu Medio Oriente.

Aquí está tu espejo, aquí tus dientes relucientes.
Aquí está el pulpo de tus sueños.
¿Por qué intentas gritar?


("y así por el estilo", ed.uv-xalapa,ver., méx., 2009, ed.bilingüe, trad. josé luis rivas)

jueves, 4 de febrero de 2016

Janet Frame (1924/2004 )

Invierno


Es el peor invierno de que tengo conocimiento.
El frío vuelto vida sólida, líquida,
se ha vertido en las grietas de los muros y los boquetes en el techo,
y cuajado como roca glacial en cada cuarto.
Este invierno no he habitado mi hogar. De haber llamado,
habrías notado que la escarcha y el hielo se sentían como en casa.

Parecería que no ha habido otro invierno en mi vida
más que el pasado. Afuera
los narcisos heridos por la escarcha
han germinado como úlceras en vez de brotes
y un desconocido vino, según él, a podar y cortar
la rama derecha de la manga verde de mi árbol favorito.

Ya no puedo creer en el sol.
La recuperación y la tibieza ya no acontecen.
La nieve es cuchillos, no pétalos ni plumas.
La escarcha jamás volverá a abrir la semilla extinta.

Quedar rodeada, emparedada en una estación única,
ahora y para siempre mientras que los Alpes meridionales de granito, la cadena montañosa,
                                                                                                                         la espina dorsal
poco a poco paralizan los nervios del verano
cierran todas las puertas que conducen a cualquier rumor del sol.

Sí, conozco los lugares comunes: cómo los ancianos luchan por mantenerse con vida
y aun así la entregan a la estación que conquistan
cuando la estación misma está muerta; cómo julio y agosto
representan la última escena de Hamlet -"Salen llevándose los cadáveres"-
y los tambores son estorninos en duelo, y zorzales;
hasta los nacidos en la primavera, no las aves, tienen el pecho salpicado por el sarampión.
La infancia es una mañana de azafrán, un mediodía de galanteos, una noche de dolor de
                                                                                                                                      oídos.

¿Por qué este año tenía que apoderarse de todos los sueños y recuerdos invernales?
¿Tengo que olvidar la nieve que el año pasado se acumulaba contra el muro de
la mansión de Saratoga?
¿el regreso de la tángara escarlata y el colibrí?
¿la serpiente real negra al despertar junto a la cascada
las hojas lustrosas de humedad sobrevolando delicadas como alas de murciélago
las tortugas lagarto saliendo del fango, la rata almizclera rayada, brillante
que defiende su vida y su amor zambulléndose en el agua del lago;
y las mariposas que no regresan, extraños brotes de algún feliz acoplamiento de sol y aire
un bochornoso fulgor
ornamento de florituras con la firma de la primavera?
¿Acaso no se me permite recordar otros inviernos que se extinguieron
en un final feliz?
                            De niña
creía que la escarcha y el hielo eran buenos.
El hielo delgadísimo se estrellaba cuando saltaba sobre él. Recolectaba y me comía
el rocío congelado en las hojas de col
y las gotas de lluvia demasiado lentas como para escapar
cautivas y sólidas en la cresta de las cercas.
Mis pies zapateaban zapateaban; el aguijón herroso
de los saltos y el anillo claro de voces de acero en torno a la luna,
y siempre, para siempre, alguna otra criatura aportando el fuego.

Los muertos están fríos. El sol brilla encarnizado.
Los muertos con caras cenizas yacen en el horno
inmunes a la química de la carne y el metal
quitando los cerrojos preparando un nuevo código para dejar de ser, fundirse y florecer
más allá y por encima de cualquier identificación. Brilla encarnizado, sol,
pero no tanto como para quemar
a los nuevos y sin nombre.


("huesos de jilguero", ed. universidad veracruzana, xalapa, méxico, 2015, traducción irene artigas y nair anaya)

miércoles, 3 de febrero de 2016

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

No conoces la siesta


 Nunca has dormido siesta, y algo te habrás perdido,
porque, en la hora difícil en que un copioso almuerzo
se agita en la sentina de tu cuerpo, no hay cosa
que más relaje el ánimo y distienda el espíritu
que una gloriosa siesta, regalo de los dioses
para aliviar el peso de tu glotonería.
¡Digestiones horribles con los ojos ausentes
y la barriga hinchada! ¡Sórdidas sobremesas
en que no eres capaz de articular palabra,
colgado como estás del árbol del empacho!

No conoces el sueño después de las comidas,
ese sueño benéfico, liberador, aéreo,
que te traslada a un mundo de excelsas beatitudes
donde aún no has tenido que nacer y, por tanto,
sigues siendo feliz. No conoces la siesta,
ese líquido amniótico donde nadar sin límite,
ese tibio regazo donde apoyar el alma,
esa dulce memoria del primer paraíso.


("apología de la luz")

martes, 2 de febrero de 2016

Hyakunin Isshu

Tres poemas


Fujiwara no Shunzei

1

No hay manera
de salir de este mundo.
Si me refugio
en lo hondo del monte
brama el ciervo y lo escucho.


Oe no Masafusa

2

El Takasago
con cerezos en flor
sobre las faldas.
¡No suban, por favor,
nieblas en la montaña!



Suho no Naishi

3

Qué breve el sueño,
almohada tu brazo,
en primavera.
¡Y que mi nombre a nada
después se redujera!


("centena de cien poetas", versiones de aurelio asiain, ed. uv-xalapa, méxico, 2015)

lunes, 1 de febrero de 2016

Arseni Tarkovsi (1907/1989 )

La primera tormenta


De color lila en Crimea y blanca en París,
En Moscú la primavera se acerca al corazón
Como una niña que llora. Y un ladrón con capa
Bajo la lluvia esconde una bolsa de pan,
Pero allá, donde las zapatillas resbalan,
No hace falta cuidarse y llorar es absurdo,
Las nubes pasan oblicuas sobre los charcos,
Pavones arco iris flotan bajo el tacón,
Y la niña corre por el claroscuro de sus crestas
Vestida de verde hasta las rodillas,
Con su bolsa sobre la escalera en espiral,
Y la ciudad se ve abajo, mientras truena...


("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trd. jorge bustamante garcía)