Después de la lluvia
Se apiña el follaje en la espesura,
Desde el camino el cielo se ve claro.
Silencio. ¡Como la vez primera!
La conversación es ahora por las buenas.
Al principio todo urgía, la brisa
Saltó la valla para destronar los árboles
El parque por el chubasco pisoteado
Y luego corrió del desván a la terraza.
Pon toda la atención al bosque denso,
A las venas que brotan en el álamo,
Como al aire del huerto, y a la infusión de soda.
Y al árbol amargo y a su espuma.
De los balcones de vidrio, de las espaldas
De las bañistas heladas, la transpiración brota.
La parcela fría centellea fresas
Y se extiende el granizo como si fuera sal.
El rayo de luz al caer se mete
En la ortiga, pero por muy poco tiempo,
Y el corto instante, como del carbón un trozo,
Se calienta en los árboles y crea el arco iris.
1915, 1928
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", ed. unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía.)
lunes, 28 de diciembre de 2015
domingo, 27 de diciembre de 2015
Uriel Martínez (1950 )
El poema de los peros
me regalaron un pantalón deportivo
pero hace tiempo desistí
de alcanzar las nubes
hace días vi en venta un traje
en oferta, incluía camisa y corbata,
pero visto de clown
entre los remates de fin de
temporada encontré un catalejos
la noche posterior a la lluvia
de estrellas
voy por la calle con la vista
corta, el vestuario inapropiado,
el pelo hirsuto, los labios resecos
me detengo en la esquina
donde hubo un semáforo
cualquier noche de luna llena
quisiera aullar como aullaban
los lobos que buscan manada
pero olvidé el timbre
en fin, nada es para siempre.
me regalaron un pantalón deportivo
pero hace tiempo desistí
de alcanzar las nubes
hace días vi en venta un traje
en oferta, incluía camisa y corbata,
pero visto de clown
entre los remates de fin de
temporada encontré un catalejos
la noche posterior a la lluvia
de estrellas
voy por la calle con la vista
corta, el vestuario inapropiado,
el pelo hirsuto, los labios resecos
me detengo en la esquina
donde hubo un semáforo
cualquier noche de luna llena
quisiera aullar como aullaban
los lobos que buscan manada
pero olvidé el timbre
en fin, nada es para siempre.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Antonio Pérez Morte (1960/2013 )
Para Berta
Para recuperar la infancia, una canica.
Para la adolescencia
un beso,
un verso,
una esperanza.
Para la juventud,
un compromiso
de amor definitivo.
Para la madurez,
quizá la rebeldía,
la eterna,
renovada,
incombustible rebeldía
de aquellos viejos derrotados
que nunca
se dieron por vencidos.
Para recuperar la infancia, una canica.
Para la adolescencia
un beso,
un verso,
una esperanza.
Para la juventud,
un compromiso
de amor definitivo.
Para la madurez,
quizá la rebeldía,
la eterna,
renovada,
incombustible rebeldía
de aquellos viejos derrotados
que nunca
se dieron por vencidos.
("rua das petras.blogspot")
viernes, 25 de diciembre de 2015
Jotamario Arbeláez (1942 )
Alguien barre la casa
¿Quién estará barriendo el ala norte de la casa
donde vivió mi tía, esta hora
de la noche en que duermen los restos de la familia,
los que vamos quedando con más puesto en la mesa de los recuerdos,
si los vecinos han salido de vacaciones con sus niños y gatos y servidumbre
y el tío Emilio fue de pesca,
esta hora de lobo que espanta las pesadillas
y despierta medio litro de sed en el pozo de la garganta?
No creo que sea la abuela.
Desde su desdichado accidente descendiendo del autoferro
que obligó al fémur de platino y a renunciar a los tamales
que preparaba los domingos para toda su parentela
sabemos que por nada del mundo se atrevería a tomar el palo de escoba
y menos para ir a la medianoche
a barrer los recuerdos de la hija más querida
a quien el corazón le jugó una mala pasada
mientras pintaba la puerta de su cuarto con un sapolín amarillo
dejándonos sin sus cariñosas respiraciones al espejo de los ojos.
¿Será Jorge Girando? Imposible,
si su esposo ha salido de cacería
con los ojos llorosos desde el día de sus funerales
y hasta el sol de hoy que no ha vuelto con un venado.
¿O tal vez es el viento con sus pasos de escobilla de jazz en el eternit?
¿O el comején cenándose el entablado?
Pero el caso es que alguien está barriendo la habitación donde la tía Adelfa aromatizaba,
escuchaba el radioperiódico, pespunteaba en su máquina de coser
tarareando esos aires de la montaña
a los que de vez en cuando pone mi padre la música de un silbido.
Yo no creo en fantasmas y mucho menos en el fantasma de mi tía Adelfa,
quien murió vestida de blanco rodeada por la corte de sus sobrinas
escuchando un pasaje bíblico que mi hermano le susurraba.
Deben ser los ladrones
("círculo de poesía")
jueves, 24 de diciembre de 2015
Arseni Tarkovski (1907/1989 )
No creo en presentimientos, ni temo
A los agüeros. Acepto el veneno,
La calumnia. No existe la muerte,
La vida es eterna. No hay que temer
A la muerte ni a los diecisiete,
Ni a los setenta. Sólo hay vida y luz,
Ni oscuridad, ni muerte hay en este mundo.
Todos estamos a la orilla del mar
Y soy de los que eligen la red
Cuando la eternidad pasa de largo.
1965
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad, jorge bustamante garcía.)
A los agüeros. Acepto el veneno,
La calumnia. No existe la muerte,
La vida es eterna. No hay que temer
A la muerte ni a los diecisiete,
Ni a los setenta. Sólo hay vida y luz,
Ni oscuridad, ni muerte hay en este mundo.
Todos estamos a la orilla del mar
Y soy de los que eligen la red
Cuando la eternidad pasa de largo.
1965
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad, jorge bustamante garcía.)
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Gustavo de la Rosa Muruato (1955 )
Voluntad y representación
Me miraba con afición y una ligera sonrisa,
apenas esbozada en su pupila. Me sostenía la mano
un momento, transmitiendo esa sensación de complicidad
con la niña furtiva, sofocada ansiedad por ser mujer.
Olía sus feromonas de hembra apenas contenida.
Sentía una tormenta eléctrica a punto de estallar,
a punto de pulverizar la quietud de la atmósfera;
y, a la vez, sentía un vino fresco inundando mis arterias,
relajando mis nervios. En seguida me colocaba un brazo
en los hombros, se acercaba lentamente a mis oídos
y me murmuraba el invisible aleteo de las mariposas.
("el país de las maravillas de noche", ed. uaz, zacatecas, méxico, 2015)
Me miraba con afición y una ligera sonrisa,
apenas esbozada en su pupila. Me sostenía la mano
un momento, transmitiendo esa sensación de complicidad
con la niña furtiva, sofocada ansiedad por ser mujer.
Olía sus feromonas de hembra apenas contenida.
Sentía una tormenta eléctrica a punto de estallar,
a punto de pulverizar la quietud de la atmósfera;
y, a la vez, sentía un vino fresco inundando mis arterias,
relajando mis nervios. En seguida me colocaba un brazo
en los hombros, se acercaba lentamente a mis oídos
y me murmuraba el invisible aleteo de las mariposas.
("el país de las maravillas de noche", ed. uaz, zacatecas, méxico, 2015)
martes, 22 de diciembre de 2015
Maximiliam Voloshin (1877/1932 )
Nos hemos extraviado en este mundo.
La oscuridad nos acompaña.
Somos como niños que se abrazan
Tímidamente en el abismo.
Chapoteos viajan por ríos tristes;
Orfeo busca la sombra amada.
Alguien nos unió el uno al otro
Y alguien de nuevo nos separa...
Dolor inerme. Gritos sordos.
La mano arde aún en la mano.
Y la roca húmeda en la lejanía
Balbucea un nombre: Eurídice.
29 de junio de 1905
París
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", ed. unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía.)
La oscuridad nos acompaña.
Somos como niños que se abrazan
Tímidamente en el abismo.
Chapoteos viajan por ríos tristes;
Orfeo busca la sombra amada.
Alguien nos unió el uno al otro
Y alguien de nuevo nos separa...
Dolor inerme. Gritos sordos.
La mano arde aún en la mano.
Y la roca húmeda en la lejanía
Balbucea un nombre: Eurídice.
29 de junio de 1905
París
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", ed. unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía.)
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