Sentado a la puerta de mi casa
Sentado a la puerta de mi casa
sin mirarme
frente a mí pasan
me ofrecen sus espaldas
sobre el mugre de sus bluyines
yo pienso ¡Dios!
y mi tarde se hechiza entre sus pliegues
con sus pasos...
Señor:
¿qué llevan en sus bolsillos
traseros
los muchachos?
(texto tomado de Ajuste de cuentas. La poesía colombiana del siglo XX, Alvarado Tenorio, Harold, con prólogo de Antonio Caballero, editorial Agatha, Palma de Mallorca, 2014.)
lunes, 7 de julio de 2014
domingo, 6 de julio de 2014
Leopoldo María Panero (1948/2014 )
A mi madre
(reivindicación de una hermosura)
(reivindicación de una hermosura)
Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)
(fuente: "el azul de los lápices")
sábado, 5 de julio de 2014
Irma Cuña (1932/2004 )
No podrás dos veces retomar el sueño
III
No podrás dos veces retomar el sueño.
Cuídate de su agua.
Una vez cae el corazón entre los muertos
con la pesadez grave de los espacios:
sólo una vez naces así
sin rosa
sin pez
sin fruto.
Todos los días del hambre se suceden después inexorables.
Tú no creerás que has partido
hasta apretar el viento entre los dedos,
y yo me desespero para decirte que huyas río arriba
con tu única siembra.
Ahora.
Nunca después remontarás las fuentes.
Y te crecerán alas invisibles
en la región del alma donde no hay aire,
y una aleta triangular buscará el filo inútil de las olas,
y un dedal de acero guardará la espina de las primaveras
cuando el sol salga por occidente.
Nada retorna.
Tú dormías
y pasaban los coros de la ofrenda.
Más te valiera dormir ahora.
(En el andén rectangular se despiden parejas y se besan.
En el muelle respiran los viajeros.
Una playa redonda
se recuesta a dormir bajo la arena.
Alto, sonríe el bosque visionario.)
Tú estás en la marea enloquecida de las algas.
Nada vuelve.
(fuente: "otra iglesia es imposible")
III
No podrás dos veces retomar el sueño.
Cuídate de su agua.
Una vez cae el corazón entre los muertos
con la pesadez grave de los espacios:
sólo una vez naces así
sin rosa
sin pez
sin fruto.
Todos los días del hambre se suceden después inexorables.
Tú no creerás que has partido
hasta apretar el viento entre los dedos,
y yo me desespero para decirte que huyas río arriba
con tu única siembra.
Ahora.
Nunca después remontarás las fuentes.
Y te crecerán alas invisibles
en la región del alma donde no hay aire,
y una aleta triangular buscará el filo inútil de las olas,
y un dedal de acero guardará la espina de las primaveras
cuando el sol salga por occidente.
Nada retorna.
Tú dormías
y pasaban los coros de la ofrenda.
Más te valiera dormir ahora.
(En el andén rectangular se despiden parejas y se besan.
En el muelle respiran los viajeros.
Una playa redonda
se recuesta a dormir bajo la arena.
Alto, sonríe el bosque visionario.)
Tú estás en la marea enloquecida de las algas.
Nada vuelve.
(fuente: "otra iglesia es imposible")
viernes, 4 de julio de 2014
Sharon Olds (1942 )
La especialista en babosas
Cuando era especialista en babosas, apartaba
las hojas de la hiedra, en busca de esos cuerpos
traslúcidos, brillosos, de gelatina verde,
que subían reptando lentamente
a mi merced, por la pared de piedra.
Al estar hechas casi todas de agua,
morían al instante si les echaban sal,
pero eso no era lo que a mí me interesaba. Lo que a mí me gustaba
era correr las hojas de la hiedra, quedarme respirando
el olor de la pared, y esperar en silencio hasta que el bicho
se olvidara de mí, y sacara las antenas;
ver cómo esos cuernitos relucientes se alargaban
como si fueran telescopios, hasta que finalmente
los extremos sensitivos salían a la luz,
íntimos e infalibles. Unos años más tarde,
cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,
me sorprendió observar cómo se repetía
el callado misterio, ver a esa criatura
parsimoniosa y elegante salir de su escondite
y brillar en el aire polvoriento,
deseosa y tan confiada
que una podría llorar.
(fuente: "blog del amasijo", traducción: Ezequiel Zaidenwerg)
Cuando era especialista en babosas, apartaba
las hojas de la hiedra, en busca de esos cuerpos
traslúcidos, brillosos, de gelatina verde,
que subían reptando lentamente
a mi merced, por la pared de piedra.
Al estar hechas casi todas de agua,
morían al instante si les echaban sal,
pero eso no era lo que a mí me interesaba. Lo que a mí me gustaba
era correr las hojas de la hiedra, quedarme respirando
el olor de la pared, y esperar en silencio hasta que el bicho
se olvidara de mí, y sacara las antenas;
ver cómo esos cuernitos relucientes se alargaban
como si fueran telescopios, hasta que finalmente
los extremos sensitivos salían a la luz,
íntimos e infalibles. Unos años más tarde,
cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,
me sorprendió observar cómo se repetía
el callado misterio, ver a esa criatura
parsimoniosa y elegante salir de su escondite
y brillar en el aire polvoriento,
deseosa y tan confiada
que una podría llorar.
(fuente: "blog del amasijo", traducción: Ezequiel Zaidenwerg)
jueves, 3 de julio de 2014
Robert Frost (1874/1963 )
Un arroyo en la ciudad
La granja permanece reacia a ajustarse
a la nueva calle de la ciudad, que ahora debe llevar un número.
¿Pero qué hay sobre el arroyo
que sostenía a la casa en el recodo?
Yo pregunto como alguien que conoció el arroyo, su fuerza
e ímpetu, habiendo mojado la medida de un dígito
y hecho saltar mi nudillo, habiendo arrojado
una flor para probar donde cruzaban sus corrientes.
El pastizal podría ser pavimentado
para detener su crecimiento bajo los cimientos de un pueblo;
los manzanos llevados a las llamas de una chimenea de piedra.
¿Le servirán igual los leños del agua?
¿Cómo se dispone de una fuerza inmortal
que ya no se necesita? ¿Restañarla a su fuente
con bloques de hormigón contra la corriente? El arroyo fue arrojado
hacia una cloaca, una mazmorra profunda bajo la piedra-
para correr y vivir en la fétida oscuridad-
y todo por algo que nunca hizo
excepto, quizás, olvidar andar con temor.
Nadie sabrá, salvo por los antiguos mapas
que ese arroyo llevaba agua. Pero me pregunto
si al mantenerlo abajo para siempre
los pensamientos no se habrán elevado
para proteger a esta ciudad nueva
tanto del sueño como del trabajo.
(fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Marina Kohon)
La granja permanece reacia a ajustarse
a la nueva calle de la ciudad, que ahora debe llevar un número.
¿Pero qué hay sobre el arroyo
que sostenía a la casa en el recodo?
Yo pregunto como alguien que conoció el arroyo, su fuerza
e ímpetu, habiendo mojado la medida de un dígito
y hecho saltar mi nudillo, habiendo arrojado
una flor para probar donde cruzaban sus corrientes.
El pastizal podría ser pavimentado
para detener su crecimiento bajo los cimientos de un pueblo;
los manzanos llevados a las llamas de una chimenea de piedra.
¿Le servirán igual los leños del agua?
¿Cómo se dispone de una fuerza inmortal
que ya no se necesita? ¿Restañarla a su fuente
con bloques de hormigón contra la corriente? El arroyo fue arrojado
hacia una cloaca, una mazmorra profunda bajo la piedra-
para correr y vivir en la fétida oscuridad-
y todo por algo que nunca hizo
excepto, quizás, olvidar andar con temor.
Nadie sabrá, salvo por los antiguos mapas
que ese arroyo llevaba agua. Pero me pregunto
si al mantenerlo abajo para siempre
los pensamientos no se habrán elevado
para proteger a esta ciudad nueva
tanto del sueño como del trabajo.
(fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Marina Kohon)
miércoles, 2 de julio de 2014
Charles Simic, poeta
Lo que los gitanos le dijeron a mi abuela
cuando todavía era una niña pequeña
cuando todavía era una niña pequeña
Vas a ser la nieta preferida de la guerra, la enfermedad y el hambre.
Vas a ser una persona ciega mirando una película muda.
Vas a poner cebollas picadas y pedazos de tu corazón
en la misma sartén caliente.
Tus hijos van a dormir en una valija atada con sogas.
Tu marido va a besar tus pechos cada noche
como si fueran dos lápidas.
Ya los cuervos se están preparando
para vos y tu gente.
Tu hijo mayor va a estar acostado con moscas en los labios
sin sonreír o levantar la mano.
Vas a envidiar cada hormiga que encuentres en la vida
y cada hierba junto a las rutas.
Tu cuerpo y tu alma se van a sentar en diferentes peldaños
masticando el mismo chicle.
Pequeña, tesorito, ¿estás a la venta?, va a decir el demonio.
El dueño de la funeraria va a comprar un juguete para tu nieto.
Tu mente va a ser un nido de avispas incluso
en tu lecho de muerte.
Le vas a rezar a Dios pero Dios va a poner el cartel
de No molestar.
No preguntes más, es todo lo que sé.
(fuente: "hasta donde llega la voz", versión: Tom Maver)
martes, 1 de julio de 2014
Francisco Alday (1908/1964 )
Aguas muertas
Tienen más alto los mares
su nivel que mis pesares.
Aguas hondas sin vertiente,
aquí están eternamente.
Aguas sin cauce y sin puertas,
aguas muertas.
No cantan ya no retozan,
negras, pútridas reposan.
Nacen flores
en mis profundos dolores.
Cuando hace frío, son hielo,
cuando no, invierten el cielo.
Bajan si un pájaro bebe,
y suben mucho si llueve.
Mira, Señor, mis pesares
son más hondos que los mares.
Para mi dolor profundo
no hay un abismo en el mundo.
Pero tu sol... la vertiente
de una luz que las caliente.
Un cauce camino arriba
para mi pena cautiva.
Tu sol que las evapore
y una nube que las llore.
(fuente: Antología poética, ed. Gobierno del Estado de Querétaro, col. Autores de Querétaro, no.7, México, 1987.)
Tienen más alto los mares
su nivel que mis pesares.
Aguas hondas sin vertiente,
aquí están eternamente.
Aguas sin cauce y sin puertas,
aguas muertas.
No cantan ya no retozan,
negras, pútridas reposan.
Nacen flores
en mis profundos dolores.
Cuando hace frío, son hielo,
cuando no, invierten el cielo.
Bajan si un pájaro bebe,
y suben mucho si llueve.
Mira, Señor, mis pesares
son más hondos que los mares.
Para mi dolor profundo
no hay un abismo en el mundo.
Pero tu sol... la vertiente
de una luz que las caliente.
Un cauce camino arriba
para mi pena cautiva.
Tu sol que las evapore
y una nube que las llore.
(fuente: Antología poética, ed. Gobierno del Estado de Querétaro, col. Autores de Querétaro, no.7, México, 1987.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)