lunes, 7 de abril de 2014

Luz Pichel (1947 )


Subí a la higuera

Subí a la higuera
antes de dejar definitivamente la casa.
Ya no había allí ni higos, ni mirlos, ni espantapájaros,
ni carracas.
Yo sola, en la copa del árbol, 
la cabeza saliendo por encima de las hojas
mirando alrededor a ver que se veía.
Se perdió un malvís,
se me metió entre el pelo
y paró un poco.
Después, silbó algo y huyó.
Me quedé allá arriba, accurrucada,
bastante tiempo
contemplando las cosas:
¿Quién le echó veneno a la hiedra que abrazaba un poste?
¿Quién le rompió la lona a la hamaca vacía de papá?




(fuente: "la mirada del lobo")



domingo, 6 de abril de 2014

Uriel Martínez (1950 )

Sin amarras

De noche, como un mar presentido,
mi cuerpo se desgaja en olas
que tenues acarician indiferentes
peñascos, húmeda arena.

En el sueño, mi organismo
recobra su temperatura ambiente,
la humedad original, la sangre
propicia de mi especie.

De madrugada, uñas adentro
mi sed deja el espanto,
sin amarras las aristas de mis poros
asumen la quietud primigenia.

Antes del alba la cárcel
que me contiene es un cristal
moldeado con la armonía
del caracol y una concha cóncava, sucesiva.

En la palma de mi mano,
al despertar, conservo rastros
de tus belfos sedientos,
temblorosos de nuevo, como mis poros.



(fuente: "arquitrave", no.54, enero-abril 2014)

sábado, 5 de abril de 2014

Francisco Bejarano (1945 )


El regreso


 He regresado al campo de mi infancia
y lo encontré vacío. Fui a otro tiempo
del que sólo encontré la tierra húmeda
y el perfume que el aire me traía.
Declinaba ya el sol y una luz cárdena
parecía la misma en otras nubes.

Nadie estaba esperándome en la casa.
Con la voz interior del pecho herido
he llamado a una puerta de silencio,
y esperé que otra voz me respondiera
desde el fondo del tiempo y del olvido
al amor que no dije cuando pude.

Está ahí, siento sus voces, oigo
rumores de la vida que he perdido
sin percatarme apenas. Ahora es tarde.
Ellos están ahí y hablan de un tiempo
al que no tengo entrada y que fue mío.
Llamo y golpeo el aldabón de un sueño.

Regreso de la muerte y ellos viven
en el tiempo real de la memoria.




(fuente: "la mirada del lobo")

viernes, 4 de abril de 2014

Pedro Xavier Solís (1963 )

Mosca

Una mosca descoyunta el férreo sopor,
el silencio sobrehumano en la sanguaza.
Oval y musca besa la res, la carne viva,
putrefacta. Suena un tintineo de esquilas.
Parecía dulce su indignidad arcana
el díptero prodigio del zumbido airado
sin alvéolo, cáustico. El sol con pudor
se diluía, acervo de mierda y pasto.


(fuente: muro de Harold Alvarado Tenorio)

jueves, 3 de abril de 2014

Gregory Orr (1947 )

Reuniendo los huesos

2

Un padre y sus cuatro hijos
bajan corriendo una pendiente hacia
un ciervo que acaban de matar.
El padre y dos de los hijos llevan
rifles. Ríen, se empujan
y no paran de hablar entre ellos.
Un arma se dispara
y el menor de los hermanos
cae al suelo.
Un chico con un rifle
se detiene a su lado,
gritando.


(fuente: "otra iglesia es imposible", versión: Jonio González)

miércoles, 2 de abril de 2014

Virginia Bautista (1977 )

Septiembre




Si los kioscos fueran
como los ambulatorios
yo tendría asignado
-por cercanía-
el de calle Ferrándiz.

Pero sucede
que he hecho migas
con el kiosquero
de más allá,
que, para más inri,
tiene pinta de cura.

Me regaló Londres el lunes
y me preguntó si querría París el martes.
Respondí
                    
                    un sí quiero
de los que unen hasta la muerte.


(fuente: "emma gunst")

martes, 1 de abril de 2014

Mark Strand (1934 )

El espejo



Un cuarto blanco, una fiesta,
yo de pie con algunos amigos
bajo el gran espejo enmarcado en oro
ligeramente inclinado
sobre la chimenea.
Tomábamos whisky
y algunos de nosotros, sin sentir dolor,
intentábamos descifrar
el tono exacto del amarillo
en nuestros vasos a través de los rayos del sol.
Cerré mis ojos por un instante,
luego miré el espejo:
una mujer vestida de verde, reclinada
contra una pared lejana.
Parecía distraída,
los dedos de una mano
jugueteaban con su collar
y sus ojos grandes miraban el espejo,
no a mí, sino detrás de mí, en un espacio
que podría estar lleno de alguien
por llegar, en ese momento
estaría comenzando el viaje
que al final lo llevaría hacia ella.
Luego, de pronto, mis amigos
dijeron que era hora de moverse.
Esto sucedió hace años,
y aunque he olvidado
a dónde fuimos y quiénes éramos,
aún recuerdo el momento en que alcé la mirada
y vi a la mujer mirarme asombrada al pasar a mi lado
en un sitio que solo puedo imaginar,
y es siempre como una punzada,
como si solo en ese momento emergiera
de las profundidades del espejo
al cuarto blanco, sin aliento y ansioso,
solo para descubrir, ya tarde,
que ella no estaba allí.




(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", trad: Jeannette L. Clariond)