viernes, 14 de febrero de 2014

Denise Levertov (1923/ 1997 )

Hablándole al dolor

Ah, dolor, no debiera darte el trato
de un perro vagabundo
que llega hasta la puerta trasera por si logra
un trozo de pan duro, un hueso mondo.
Debería confiar en ti.

Debería halagarte y conseguir
que pasaras adentro y ofrecerte
un rincón propio,
con una vieja alfombra para echarte
y tu propia escudilla.

Te piensas que no sé que llevas tiempo
instalado en mi porche.
Quieres que quede listo tu sitio genuino
antes de que sea invierno. Necesitas
tu nombre, tu collar, la chapa
de identificación. Y necesitas
el derecho a espantar a los intrusos,
a quedarte en mi casa y
sentirla como propia,
a mí como algo tuyo
y a ti
como mi propio perro.




(fuente: "la mirada del lobo", trad. de Cristina Gámez Fernández y Bern Dietz.)

jueves, 13 de febrero de 2014

James Wright (1927 )

Bendición


Justo en la salida de la autopista a Rochester, Minnesota,
brinca suavemente la luz del crepúsculo en la hierba.
Y los ojos de esos dos ponis indios
se oscurecen con afabilidad.
Han salido gustosos de entre los sauces
para recibirnos a mi amigo y a mí.
Saltamos la alambrada hasta el prado
en el que han pastado todo el día, solos.
Se tensan, apenas refrenan su alegría
por nuestra llegada.
Se inclinan vergonzosos como cisnes húmedos. Se quieren.
No hay soledad como la suya.
De nuevo a sus anchas,
comienzan a ronzar los brotes primaverales en lo oscuro.
Quisiera abrazar a la más fina,
que ha venido a mi encuentro
y me ha acariciado la mano con su hocico.
Es negra y blanca,
le caen las crines sueltas por la frente,
y la leve brisa me invita a acariciar su larga oreja,
delicada como la piel en la muñeca de una muchacha.
De pronto me doy cuenta
de que si yo saliera de mi cuerpo
florecería.
 
 
(fuente: "el poeta ocasional", traductora: Natalia Carbajosa.)

miércoles, 12 de febrero de 2014

Félix Grande (1937/ 2014)


Ética inútil






Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...




(fuente: "estación quilmes")

martes, 11 de febrero de 2014

Enriqueta Ochoa (1928/ 2008 )

Asaltos a la memoria


II


Al amanecer, Alberto arrea las mulas con el bastimento
                                  rumbo a las labores.
Una niña atisba por entre los leños de la cerca
mientras en su corazón
se amotina un mar de diez años que quiere ser mujer,
que se echa sobre la tierra y se identifica con ella.
Este polvo que escurre entre sus dedos
es su cuerpo,
es el olor de vida que exhalará
cuando llegue el mediodía.
Hoy, paloma desmañanada, vuelve a su cama,
se acurruca bajo las cobijas tibias,
se le desarrugan los sueños,
se alisa el viento
y duerme.




(en Asaltos a la memoria, edición Universidad Autónoma del Estado de México [UAEM], Toluca, 2004.)

lunes, 10 de febrero de 2014

Jaroslav Seifert (1901/ 1986 )

Autobiografía


 Cuando alguna vez hablaba de sí misma,
mi madre decía:
Mi vida fue triste y silenciosa,
y solía ir de puntillas.
Pero cuando me enfurecía
y daba alguna patada,
y tintineaban levemente en el anaquel
las tazas de mamá,
yo me reía.

En el momento en que nací
dicen que entró por la ventana una mariposa
y se posó sobre la colcha de la cama de mi madre,
pero en aquel mismo momento aulló el perro en el patio.

Mi madre vio en ello
una señal nefasta.

Mi vida no ha sido verdaderamente tranquila
como la suya.
Pero si en los días presentes
la miro con nostalgia
como si se tratara de marcos vacíos
en un muro polvoriento,
fue maravillosa.

No puedo olvidar
muchos momentos
que fueron como flores luminosas
de todos los colores y matices
y los atardeceres llenos de perfume
que parecían racimos de uva negra
ocultos entre las hojas de la oscuridad.

Apasionadamente he leído poemas
y he amado la música
y me he perdido, siempre en el asombro,
de belleza en belleza.
Mas apenas vi por primera vez
la imagen de una mujer desnuda,
empecé a creer en los milagros.

La vida pasó deprisa.
Fue demasiado corta
para mis deseos
que no tenían fin.
Antes de que pudiera darme cuenta
se acercó el final de la vida.

La muerte abrirá pronto mi puerta de una patada
y entrará.
Del susto y el horror contendré entonces
el aliento
y se me olvidará respirar.

¡Ojalá no me niegue
poder aún besar las manos
de aquella que pacientemente acompañó mis pasos
y andudvo, anduvo, anduvo,
y amó más que nadie!


(fuente: blog "la mirada del lobo", trad. Clara Janés)

domingo, 9 de febrero de 2014

LA VUELTA

No viajes a Comala, Ulises,
allá sólo encontrarás cruces,
tumbas, polvo, olvido.

Es inútil que llegues coronado,
ni el perro del pueblo te recuerda,
no escucharás ni a las bestias
de corrales cerrados ni derrumbados.

No vuelvas sobre tus pasos
que perderás el norte,
los pocos acantilados que conservas.

Cancela planes sueños y travesías
cuando los dioses, los astros
y las vísceras te predicen  el fracaso.

Yo sé lo que te digo, muchacho,
atiende la voz de quienes te aman:
aquello que perdiste no retorna.

Pero si vas y vuelves, entiende
que fuiste advertido, necio.

sábado, 8 de febrero de 2014

Ana Merino (1971 )

Carta de un náufrago

Con el consentimiento de la nieve
caminaré despacio.


Alguien habrá que espere junto al fuego
y yo, que estaré ciega por el frío,
haré paradas breves,
sacudiré el paraguas y empezaré de nuevo.


El único secreto es no sentirse
inmensamente lleno de verdades.
No aceptar nunca las invitaciones
que la neblina
sugiere al anidar con sus disfraces
de paisaje feliz, de grandes sueños.


Alguien habrá que diga, se ha perdido,
alguien saldrá a buscarme,
y llevará el calor de una botella
donde podré mandarte este mensaje.




(fuente: "rua das pretas")