Necesito silencio para escuchar
cómo la miel y la cera luchan
para encender esa flama;
para oír el aleteo
de termitas obstinadas
con el sinfín de los cuerpos;
que callen las puertas,
que paren el arrastre
de cadenas, candados y llaves;
que sólo se aprecie la caída
aturdida de un cuervo, sus
plumas tornasol, el párpado hechizado;
que nadie de día, en el frío,
en la fuente, en el sueño
masculle conjuros;
que el sol, el ojo, el oído
guarden el silencio de un amanecer
tonsurado.
domingo, 15 de diciembre de 2013
sábado, 14 de diciembre de 2013
Mascha Kaléko (1907/1975 )
Carta desde una tierra vehemente
Desde esta tierra extrema yo te escribo
a la sombra de un árbol que ayer aún no estaba
pues aquí crece todo de repente.
Apenas surge un plan, ya se ha cumplido.
Demasiado vehemente es nuestra tierra.
Yo no sé bien si tú
podrías adaptarte a este clima,
admito que yo misma con frecuencia lo temo.
Quema el sol como cólera encendida,
y él madura el grano, tuesta el grano
a su gusto. No puede una fiarse:
hoy representa amor, mañana odio.
A partir de una nada, de una fuente,
nace de pronto un río que veloz
inunda el campo todo entero
y de nuevo decrece en un instante.
Aquello que deseas se cumple sin demora,
pues los deseos tienen un poder evidente
-no deseo maldades, menos mal,
se metería una si no en un mar de sangre-.
Tú miras con deseo a una mujer
y así ya eres un hombre
y tu deseo engendra un hijo.
Es aquí cada cual igual que el viento,
que esparce sus semillas sin tiempo a preguntar
si han echado raíces.
Observas con cariño alguna estrella
y entonces brilla y te obedece
y lleva tu talento a su apogeo.
Te colma hasta tal punto de venturas
que te corta el aliento. ¡Vente ya!
Sé mi invitado. Aunque es difícil
adaptarse, a aquel que lo consigue
le salta el corazón y se le rompe.
(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", trad. Inmaculada Moreno.)
viernes, 13 de diciembre de 2013
Brane Mozetic (1958 )
Querida Ana, Ljubljana es como
una pesadilla espantosa. Lo primero que se te ocurre
en esta ciudad es cortarte las venas o atarte una soga al cuello
o tirarte del edificio Neboticnik. Para soportarla, tendrías
que estar siempre borracho o colocado. Los amigos no son
amigos, los conocidos no son conocidos, los amantes
no son amantes, la madre no es madre, el padre
no es padre, la esposa no es esposa, el suelo no es suelo,
toda flota en un vacío infinito, fantasmas, espectros,
engendros, el agua no es agua ni el aire aire ni el fuego fuego.
Querida Ana, Ljubljana, tu ciudad, es el fin del mundo, es
vivir sin esperanzas, como un vegetal, es un infernal suplicio,
una pesadez en el estómago, es una acumulación
de energías negativas que sólo pretenden convertirte
en un ser estúpido y lisiado. Ljubljana, una serpiente
sonora, que te abraza con suavidad, con ternura, despacio,
y te falta el aire y no puedes librarte de ella, siempre
va contigo, te persigue a rastras, tan colorida,
inocua. ¡Venga, desaparece, húndete en el pantano,
regresa al lodo para siempre,
sálvanos!
jueves, 12 de diciembre de 2013
Juan José Macías (1960 )
Nupcias
El vino aclara la mirada
y agudiza el oído.
Charles Baudelaire
Porque no querrías imaginarte la primera accesión genital
de la recién casada,
te establecerás esta noche en tu regio oratorio,
y escucharás romanzas del siglo XIX,
y soñarás con las ancestras damas que abrigaban
con escapularios los pechos nutritivos.
Providente, busca y conserva. Tendrá su boda
la piel de azucena, la del himen seguro,
y concederá al padre el primer vals. -Él
que tiene por liturgia deslizar en la oreja de los hijos
un profundo proverbio,
entregará a la novia envuelta en muselina.
Esta noche, y no otra,
se dará carne de cerdo a los maltrechos caminantes,
y se pondrán a remojar en vino
los más obscenos pensamientos. Habrá música. Y el novio,
buen jumento por lo que atañe al sexo,
pondrá a prueba sus virtudes ingénitas
de ambidiestro deshollinador de oráculos.
Alguien caminará entretanto por la arena de plata
de los sueños lunares. Alguien temerá por un momento
los diablos consejos de las viudas. Alguien, también,
callará la antigua costumbre del derecho de pernada,
y tal vez espere a que el esposo ausente.
Providente, recoge y atesora: hallarás algo acaso,
un guarismo digamos, un designio,
confundido con la primera micción cargada
de esputos conyugales de la novia, y la delgada orina de la virgen.
(texto tomado de Juan José Macías: poeta, José Arturo Burciaga Campos, Taberna Libraria Editores, México, 2013.)
El vino aclara la mirada
y agudiza el oído.
Charles Baudelaire
Porque no querrías imaginarte la primera accesión genital
de la recién casada,
te establecerás esta noche en tu regio oratorio,
y escucharás romanzas del siglo XIX,
y soñarás con las ancestras damas que abrigaban
con escapularios los pechos nutritivos.
Providente, busca y conserva. Tendrá su boda
la piel de azucena, la del himen seguro,
y concederá al padre el primer vals. -Él
que tiene por liturgia deslizar en la oreja de los hijos
un profundo proverbio,
entregará a la novia envuelta en muselina.
Esta noche, y no otra,
se dará carne de cerdo a los maltrechos caminantes,
y se pondrán a remojar en vino
los más obscenos pensamientos. Habrá música. Y el novio,
buen jumento por lo que atañe al sexo,
pondrá a prueba sus virtudes ingénitas
de ambidiestro deshollinador de oráculos.
Alguien caminará entretanto por la arena de plata
de los sueños lunares. Alguien temerá por un momento
los diablos consejos de las viudas. Alguien, también,
callará la antigua costumbre del derecho de pernada,
y tal vez espere a que el esposo ausente.
Providente, recoge y atesora: hallarás algo acaso,
un guarismo digamos, un designio,
confundido con la primera micción cargada
de esputos conyugales de la novia, y la delgada orina de la virgen.
(texto tomado de Juan José Macías: poeta, José Arturo Burciaga Campos, Taberna Libraria Editores, México, 2013.)
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Juan Manuel Roca (1946 )
Arenga en el país incierto
Vengo a dcir que tenemos por nación la lejanía. A nombrar talón en casa de Aquiles, pleamar en la casa del ahogado, caballo de madera en la Troya del sueño.
MI cabeza porta un gorro como Rembrandt aunque el gorro de Rembrandt haya tenido una mejor cabeza. Digo que se agota la eternidad en los salones y rugen hambre y olvido como el tigre de Blake.
Las calles duermen bajo lunas distintas y sólo las cruzan los cantantes clandestinos.
El señor K. es juzgado en mi país por pregonar el sueño y el de la larga figura por hacer pastar a Rocinante en zonas de riesgo. Y los poetastros. ¡Ah!, los poetastros se tratan con dignidades de Cónsul mientras afilan su lengua como la espada del Cid.
Vengo a decir que la muerte envuelve al país en piel de asno, y el alba tiene manchas rojas en su camisa blanca.
Para Stefania Mosca
(texto tomado de Lugar de apariciones, antología personal 1973-2007, ediciones Aurora, 2a.ed., Premio José Lezama Lima 2007, Casa de las Américas, Colombia, 2007.)
Vengo a dcir que tenemos por nación la lejanía. A nombrar talón en casa de Aquiles, pleamar en la casa del ahogado, caballo de madera en la Troya del sueño.
MI cabeza porta un gorro como Rembrandt aunque el gorro de Rembrandt haya tenido una mejor cabeza. Digo que se agota la eternidad en los salones y rugen hambre y olvido como el tigre de Blake.
Las calles duermen bajo lunas distintas y sólo las cruzan los cantantes clandestinos.
El señor K. es juzgado en mi país por pregonar el sueño y el de la larga figura por hacer pastar a Rocinante en zonas de riesgo. Y los poetastros. ¡Ah!, los poetastros se tratan con dignidades de Cónsul mientras afilan su lengua como la espada del Cid.
Vengo a decir que la muerte envuelve al país en piel de asno, y el alba tiene manchas rojas en su camisa blanca.
Para Stefania Mosca
(texto tomado de Lugar de apariciones, antología personal 1973-2007, ediciones Aurora, 2a.ed., Premio José Lezama Lima 2007, Casa de las Américas, Colombia, 2007.)
martes, 10 de diciembre de 2013
Erica Jong (1942 )
La profesora
La profesora está frente a la clase.
Habla de Chaucer.
Pero a los alumnos no les apetece Chaucer.
Quieren devorarla a ella.
Le comen las rodillas,
los dedos de los pies,
los brazos, los ojos
y escupen sus palabras.
¿Para qué quieren las palabras?
¡Quieren una auténtica clase!
Está desnuda ante ellos.
Hay salmos escritos en sus muslos.
Cuando anda, los sonetos se parten en octavas y sextetos.
Las estrofas encajan cuando sus dedos juguetean nerviosos
con la tiza.
Pero las palabras no la visten.
La poesía ya no la puede salvar.
No hay volumen lo bastante grande donde esconderse.
Ni el diccionario Webster no resumido, ni el Oxford.
Los alumnos son estúpidos.
Quieren una clase.
Una vez pudieron haber conseguido vida
agarrándola por el cogote en una estrofa perfecta.
Pero ahora necesitan sangre.
Han dejado a Chaucer en paz y han comido a la profesora.
Ahora la profesora se ha ido.
No queda nada sino una página impresa.
A la profesora no se la puede ayudar.
Puede que sea parte de sus alumnos.
(No se pregunte cómo)
Cómase este poema.
(texto tomado del sitio "emma gunst", trad. Mariano Antolín Rato.)
lunes, 9 de diciembre de 2013
Edna St. Vicent Millay (1892/1950 )
El amor no lo es todo...
El amor no lo es todo: no es comida ni bebida
Ni sueño ni un techo sobre tu cabeza contra la lluvia;
Ni una tabla que flota para los hombres que se hunden
Y se alzan y se hunden y se alzan y vuelven a hundirse;
El amor no puede llenar de aire el pulmón herido
Ni limpiar la sangre ni soldar el hueso partido;
Aun así, en este instante en que te hablo
Muchos hombres se acercan a la muerte sólo por falta de amor.
Podría ser que en un momento difícil,
Atrapada en el dolor y suplicando ser liberada
O llevada por la necesidad más allá del poder de mi voluntad,
Vendiese yo tu amor por un poco de paz,
O cambiara la memoria de esta noche por comida.
Podría ser. Pero no creo que lo hiciera.
(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", traducción de Eduardo Conde.)
El amor no lo es todo: no es comida ni bebida
Ni sueño ni un techo sobre tu cabeza contra la lluvia;
Ni una tabla que flota para los hombres que se hunden
Y se alzan y se hunden y se alzan y vuelven a hundirse;
El amor no puede llenar de aire el pulmón herido
Ni limpiar la sangre ni soldar el hueso partido;
Aun así, en este instante en que te hablo
Muchos hombres se acercan a la muerte sólo por falta de amor.
Podría ser que en un momento difícil,
Atrapada en el dolor y suplicando ser liberada
O llevada por la necesidad más allá del poder de mi voluntad,
Vendiese yo tu amor por un poco de paz,
O cambiara la memoria de esta noche por comida.
Podría ser. Pero no creo que lo hiciera.
(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", traducción de Eduardo Conde.)
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